
En el sistema financiero en México hay una industria que durante los últimos años ha crecido exponencialmente, pero que también enfrenta retos que frenan su verdadero potencial: la de los fondos de inversión.
La industria alcanzó su hito más reciente en febrero, cuando los recursos bajo administración de las operadoras de estos vehículos superaron por primera vez los 5 billones de pesos (bdp), según datos de la Asociación Mexicana de Instituciones Bursátiles (AMIB).
Para dimensionar, los recursos en fondos de inversión representan alrededor de 55% del valor total de las administradoras de fondos para el retiro (Afores) y el 58% de los depósitos bancarios. Además, estos activos aportan 13.9% del Producto Interno Bruto (PIB) nacional.
Detrás de las Afores, las operadoras de fondos son el inversionista institucional más relevante del país, destacó Alejandro Aguilar, presidente del comité de gestión de activos de la AMIB, en una conferencia en marzo pasado. Sin embargo, existe una gran diferencia en ambos casos: las segundas son voluntarias.
“Eso, creo, vale más”, sostuvo en aquella ocasión. “Somos un vehículo de inversión predecible. El que se mete al fondo de inversión y estudia un poquito cuál es la naturaleza del fondo, va a recibir lo que está comprando. Eso es parte importante de este éxito”.
El récord establecido por los fondos comenzó a partir de 2020. En ese año, pese a la emergencia sanitaria por la pandemia de covid-19, los activos netos en manos de las operadoras sumaron poco más de 2.6 bdp. Desde entonces, en poco más de un lustro los recursos incrementaron 95.5%, con un crecimiento anual promedio de 13.5%, superior al dinamismo de la economía mexicana, de acuerdo con Álvaro García Pimentel, presidente de la AMIB.
El crecimiento estuvo acompañado por el número de cuentas que añadieron, que en el mismo periodo se multiplicaron más de cinco veces, hasta alcanzar 16.5 millones en febrero pasado.
No obstante, esta cifra no refleja aquellos clientes que poseen cuentas en fondos privados, fondos de pensiones, planes personales de retiro y otros instrumentos de inversión. Con ellas, el total ascendería a 49.6 millones al corte de febrero, según Pimentel. Prácticamente el equivalente a 80% de la Población Económicamente Activa reportada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) al mismo mes.
También el número de fondos disponibles creció en estos años, al pasar de 605 a 630. Para el presidente de la AMIB, estos datos son evidencia de la solidez de este negocio en el país: “México sigue siendo una industria de fondos de inversión muy estable y supervisada. No hay malas historias en los últimos 20 años, y eso es muy bueno para México y para los inversionistas”, afirma en entrevista con EL CEO.
Retos de los fondos de inversión
A pesar del crecimiento acelerado de los últimos años, la realidad es que la industria de fondos de inversión es pequeña en comparación con otros participantes de los mercados financieros. Una muestra de ello es que los activos netos de toda la industria –292,038 millones de dólares– son apenas 21.4% de los activos administrados por la firma de gestión de patrimonio Cerity Partners.
Sin embargo, para los representantes de la industria, esto más que jugar en contra, representa una oportunidad de crecimiento, aunque para ello debe sortear primero algunos temas operativos y fiscales que limitan su atractivo.
Un ejemplo de ello son las inversiones de extranjeros en fondos mexicanos, que si bien no se encuentran prohibidas, sí implican procesos complejos que se convierten en una barrera para internacionalización de la base de clientes. Actualmente, los extranjeros que buscan invertir en fondos de inversión mexicanos requieren acudir a un intermediario para la apertura de cuenta.
Un cambio fiscal que facilite la participación de extranjeros en los fondos de inversión, abriría la puerta a grandes inversionistas internacionales, como los fondos de pensiones canadienses, explica Pimentel.
Del lado operativo, la AMIB identifica la indivisibilidad de acciones como una barrera, contrario a la práctica en la industria a nivel global. Esta imposibilidad, indica Aguilar, complica a los fondos de inversión para poder conectarse a plataformas internacionales de inversión.
Para ambos casos, los representantes de la industria trabajan ya con la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) y la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), en busca de avances tan pronto como en el transcurso de este año. Cambios que, para el presidente de la AMIB, sería un beneficio “gigante” para la industria de fondos de inversión.
Un juego de pocos
En el país, el mercado de fondos de inversión se caracteriza por ser de pocos jugadores, y gran parte de los recursos están bajo administración de unos cuantos. De las 29 operadoras de fondos en el país, solo cinco de ellas acaparan casi 70% del total de activos netos –más de 3.4% bdp–.
BBVA México es la institución que reporta el mayor número de activos en el sistema bancario; le sigue la de BlackRock, el gestor de fondos más grande a nivel mundial, y las de los bancos Santander México, Banorte y HSBC.
Tan solo BBVA Asset Management posee 24% del mercado por número de activos netos, al gestionar más de 1.2 bdp distribuidos en una cartera de 56 fondos y más de 1.5 millones de clientes.
BlackRock se ubica en la segunda posición, una participación del 19% con 940,042 mdp administrados y 40 fondos disponibles. Por su parte, a través de su operadora, Santander México captó 10% de participación, con más de 455 mil clientes y 71 fondos. El top 5 lo completan Banorte y HSBC, con 9 y 7% del mercado, respectivamente, y más de 959,000 clientes en conjunto.
El restante 30% del negocio de fondos de inversión se reparte entre las 24 operadoras restantes, algunas de ellas son propiedad de casas de bolsa como Monex y Valmex; además de bancos más pequeños, como Mifel.
Esta distribución del mercado predomina desde el 2020. En cinco años, solo la operadora de Banorte logró posicionarse entre los cinco grandes jugadores de la industria, dejando a jugadores como Actinver y Scotiabank en el camino.
Pero entre los participantes más pequeños sí hubo movimiento, particularmente en 2025, cuando un cisma reconfiguró el sistema financiero mexicano –incluidos los fondos de inversión– por las acusaciones hechas por la Red de Control de Delitos Financieros (FinCEN, por sus siglas en inglés) de supuestas operaciones de lavado de dinero en contra de tres instituciones mexicanas.
Los señalamientos y sanciones en contra de Vector Casa de Bolsa, CIBanco e Intercam beneficiaron principalmente a la operadora de fondos de Finamex, que en febrero de este año reportó un crecimiento de más de 400% en activos bajo gestión y número de clientes.
Esto fue resultado del acuerdo entre Finamex y Vector, que implicó no solo el traspaso de las cuentas de la casa de bolsa que hasta hace poco era propiedad del empresario Alfonso Romo, sino la adquisición de la totalidad del capital de Vector Fondos.
Fondos de inversión, concentrados en deuda de corto plazo
El predominio de unas cuantas instituciones no es el único rasgo de la industria de fondos de inversión. También destaca que una gran parte de los recursos se canaliza hacia instrumentos de deuda de corto plazo.
Del total de activos netos bajo de las operadoras de fondos, 3.7 billones de pesos –o 73.9% del total– están invertidos en instrumentos de deuda, pese a que del total de fondos de inversión disponibles, los dedicados a deuda (40%) son menores que los de renta variable (60%).
A detalle, del total de activos netos a febrero, 60.1% –3.02 bdp– se encuentra en deuda nacional (Cetes, Bondes, Bonos M, Udibonos) y las operadoras de BBVA y BlackRock concentran 45.6% del total. Por su parte, la deuda extranjera representa apenas 0.32% y las operadoras de Actinver e Inbursa son las principales ofertantes.
En contraste, solamente 26.5% de los activos netos se encuentran en acciones. El resto de la cartera de las operadoras de fondos se distribuyó en bonos corporativos, depósitos, instrumentos bancarios y derivados.
Pero esta distribución tampoco es nueva. De hecho, entre 2020 y febrero de 2026, los activos netos invertidos en instrumentos de deuda se duplicaron. Gran parte del crecimiento de estos fondos se explica por el ciclo de alza a las tasas de interés que el Banco de México (Banxico) emprendió tras la pandemia de covid-19 para controlar la inflación.
Esto llevó a la tasa de referencia a un máximo de 11.25% entre marzo de 2023 y marzo de 2024. En ese mismo periodo, los activos netos en instrumentos de deuda incrementaron en 21%, al pasar de 2.2 a 2.7 billones de pesos.
Aunque los fondos de renta fija siguen siendo, por amplio margen, los de mayor peso para las operadoras, en los últimos años la industria ha detectado un creciente apetito por la renta variable, impulsado en parte por el año récord que registró la Bolsa Mexicana de Valores en 2025.
“Una cuarta parte (de los fondos) está en renta variable y esa debería crecer dependiendo de la coyuntura”, apuntó Alejandro Aguilar, de la AMIB. De hecho, para 2026, la asociación espera que los fondos de inversión registren un crecimiento de entre 14 y 15%, incluso pese a que Banxico ahora está en un ciclo de recortes de tasas, lo cual tiene un impacto directo en el desempeño de los fondos de deuda.
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