
Manuel apostó al menos 330 días en 2022. Tenía 19 años y acababa de cruzar la línea legal para hacerlo cuando se convirtió también en tipster: un pronosticador y asesor sobre juegos deportivos. Abrió una página en Facebook para promocionarse y, en menos de tres meses, ya ganaba miles de pesos. “La gente se engancha mucho si ven que eres medianamente bueno”, asegura.
“El negocio está en vender las apuestas, no en apostar”, reconoce –ahora retirado del oficio–. Pero afirma que así consiguió un ingreso considerable y seguro, que sus clientes tenían comportamientos ludópatas y no eran “muy responsables”: metían más dinero si ganaban y se enojaban si perdían.
En 2026, el mercado de los juegos de azar en línea facturará casi 1,000 millones de dólares (mdd) en México, impulsado por la mayor adopción de pagos digitales y la Copa Mundial de 2026, de acuerdo con estimaciones de la consultora Mordor Intelligence.
En esta trama emergen los tipsters como una especie de asesores informales de una buena parte de apostadores. No garantizan ganancias, operan fuera de la regulación y, en muchos casos, bajo esquemas que terminan favoreciendo a los casinos.
La estafa más común en el mundo de estos “consultores” consiste en ofrecer apuestas seguras a sus víctimas con la promesa de garantía, pero si el pronóstico falla: desaparecen, bloquean o dejan de responder.

El negocio del tipster
Los ingresos de un tipster pueden crecer rápido. Manuel señala que regularmente tenía entre 20 y 50 clientes –aunque llegó a contar con 80– y percibía ingresos de casi 50,000 pesos mensuales mediante suscripciones que iban de los 350 a 500 pesos.
Era su ingreso principal cuando estudiaba en la universidad. Todos los días mandaba parleys (combinación de varios pronósticos) para recomendar cómo apostar porque era lo que más le gustaba a la gente.
Al mismo tiempo, empezó a tener “colaboraciones” con casinos pequeños. Manuel recibía un pago fijo y un código con su nombre para atraer jugadores. Publicaba los tickets donde mostraba que él apostaba ahí y, como sus seguidores querían imitarlo, abrían una cuenta y depositaban dinero, entonces “con suerte” ganaba una comisión.
Dice que no está seguro de si eran casinos regulados. Sus jugadas públicas –free picks– funcionaban como un imán de jóvenes que lo seguían; pero sus clientes fuertes eran personas adultas que tenían la solvencia para depositar al menos 5,000 pesos en el casino y, aparte, pagar por su servicio.
En el mercado hay opciones más costosas. Por ejemplo, el tipster conocido como Cristian Rey cobra entre 30,000 y 100,000 pesos por administrar una estrategia completa de apuestas; además de comisiones que van del 15% al 30% de las ganancias obtenidas.
Para acceder a este servicio, los jugadores deben tener un capital inicial de entre 300,000 y 1 millón de pesos. Pero, igual que en otros casos, sin ninguna garantía de nada.
Cristian Rey presume jugadas grandes, pero vende una imagen de cautela, razonamiento y la posibilidad de perder. En redes suele proyectarse como alguien que vive de las apuestas y que convierte cada una de ellas en parte de su marca personal, de manera analizada y casi “responsable”.
Sus seguidores lo ven con una mezcla de admiración, morbo y escepticismo: están dispuestos a invertir miles con él, pero reclaman cuando falla.
La ilusión del jugador
“Una máxima de los casinos, y de todo el mundo de las apuestas, es que la casa nunca pierde”, contrasta Juan De Ávila, experto en ciberseguridad e inversionista independiente. También identifica que la figura del tipster es “súper aspiracional” y que fomenta la ludopatía. “Ves un cuate en una alberca con dos mujeres preciosas que va bajando de un deportivo, que dice ‘Yo esto lo logré con apuestas’”.
De Ávila explica que lo que venden los casinos se construye con la ilusión del jugador. Detrás, hay una industria que cada vez queda más expuesta por generar adicción al juego, lo que se conoce como ludopatía. Los más expuestos, dice, son los jóvenes.
En un ecosistema digital, basta visualizar un reel de un tipster para que los algoritmos muestren una infinidad de anuncios de apuestas a jóvenes que solo entraron a revisar su red social.
Tipsters juegan a dos bandos
“En todas las profesiones hay charlatanes”, agrega De Ávila y compara la figura de los tipsters con la de los gurús de inversiones, quienes juegan a predecir los movimientos de acciones de empresas. “Existen posibilidades muy altas, pero de ahí a que alguien lo pueda garantizar, estaría mintiendo”.
No obstante, a diferencia de los asesores de inversión –que deben cumplir con regulaciones, certificaciones y un registro gubernamental–, los tipsters no responden a nadie.
Esta falta de regulación que les permite operar en una “zona gris” también omite un detalle significativo: muchas de estas personas son, al mismo tiempo, promotores de casas de apuestas y reciben dinero por referir a usuarios. Es decir, parte de su rentabilidad consiste únicamente en incorporar nuevos clientes, sin importar si ganan o pierden en la selección de sus jugadas.
Por ejemplo, Cristian Rey ha trabajado con la empresa Playdoit, con lo que “regalaba” 500 pesos en apuestas a sus seguidores. Otro, el llamado “Rey Apostador”, promociona una plataforma llamada Team México, que da “gratis” 2,000 pesos a quienes se registren con un código de referidos.
El mercado de las apuestas en línea
Los tipsters aprovechan un gigantesco mercado que podría duplicarse en los próximos años. De acuerdo con un estudio de la agencia Mordor Intelligence, los juegos de azar en línea generarán unos 970 millones de dólares al cierre de este año solo en México; aunque, en un horizonte a 2031, duplicarán su valor hacia los 1,960 mdd.
Una gran parte de los jugadores son adultos jóvenes: la mitad tiene entre 25 y 40 años y apuestan en ligas de fútbol y torneos internacionales. También hay un crecimiento en los menores de 25 años, cuya participación aumentaría un 16% hacia 2031 debido a un mayor uso de teléfonos celulares y a estrategias de mercadotecnia que buscan incluirlos.
Además, el estudio reconoce una participación significativa de operadores dentro del “mercado gris”, haciendo referencia a las plataformas que funcionan al margen de la ley y con sitios registrados en otros países, debido a que no cuentan con autorización de la Dirección General de Juegos y Sorteos de la Secretaría de Gobernación (Segob).
En la antesala del Mundial
Las apuestas en línea y el papel de los tipsters se reforzarán en torno al Mundial de 2026 con un crecimiento anual compuesto de 17.8% hacia 2031. Según Mordor, esto “refleja la fuerte conexión de México con el futbol y su papel como coanfitrión de la Copa Mundial”.
El Mundial dirigirá la atención internacional hacia los canales de juego de apuestas deportivas en México, señala la agencia, aunque también enfrenta algunos retos como la carga regulatoria —que aumentó con el gobierno de Claudia Sheinbaum– y la alta regulación.
Juan de Ávila describe que con la llegada de la Copa Mundial, “será una locura” el mercado de las apuestas deportivas por el tamaño de la industria, sin importar si hay o no un permiso de por medio.
Lee más de la revista EL CEO en este enlace
También lee:





