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Tipsters: la figura gris que también gana con la adicción a las apuestas y el Mundial 2026

En la antesala del Mundial y con un mercado multimillonario de apuestas en línea, la figura de los tipsters crece al margen de la ley.

Publicado el 7 de mayo, 2026

Manuel apostó al menos 330 días en 2022. Tenía 19 años y acababa de cruzar la línea legal para hacerlo cuando se convirtió en tipster: un pronosticador y asesor sobre juegos deportivos. Abrió una página en Facebook para promocionarse y, en menos de tres meses, ya ganaba miles de pesos. “La gente se engancha mucho si ven que eres medianamente bueno”, asegura.

“El negocio está en vender las apuestas, no en apostar”, reconoce —ahora retirado del oficio—. Pero afirma que así consiguió un ingreso considerable y seguro, aprovechando que sus clientes tenían comportamientos ludópatas y no eran “muy responsables”: metían más dinero si ganaban y se enojaban si perdían.

Anatomía de un tipster
Fotoarte: Israel Águila

‘La casa nunca pierde’ con los ludópatas

La ludopatía es un trastorno de salud mental y adicción reconocido por la Organización Mundial de la Salud (OMS), la cual menciona que el mayor porcentaje de las ganancias de casinos y plataformas de apuestas —hasta un 60%—, precisamente proviene de las pérdidas de los jugadores empedernidos.

GUANAJUATO

En México, unas 249,000 personas entre 12 y 65 años tienen algún trastorno de conducta por las apuestas, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco 2025. La mayoría de individuos que participaron en juegos problemáticos fueron hombres, con más de 230 mil casos; mientras 18,494 mujeres tuvieron problemas con su forma de apostar.

En 2026, el mercado de los juegos de azar en línea facturará casi 1,000 millones de dólares (mdd) en México, impulsado por la mayor adopción de pagos digitales y la Copa Mundial de 2026, de acuerdo con estimaciones de la consultora Mordor Intelligence.


EL CEO la revista Mayo
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Foto: iStock

En esta trama emergen los tipsters como una especie de asesores informales de una buena parte de apostadores. No garantizan ganancias, operan fuera de la regulación y, en muchos casos, bajo esquemas que terminan favoreciendo a los casinos.

La estafa más común en el mundo de estos “consultores” consiste en ofrecer apuestas seguras a sus víctimas con la promesa de garantía, pero si el pronóstico falla desaparecen, bloquean o dejan de responder, cuenta Daniel Selvan, apostador de 21 años: “Son cientos de personas que te contactan al día; ya depende de ti si aprendes del primer error o no”.

El negocio del tipster

Los ingresos de un tipster pueden crecer rápido. Manuel señala que regularmente tenía entre 20 y 50 clientes –aunque llegó a contar con 80– y percibía ingresos de casi 50,000 pesos mensuales mediante suscripciones que iban de los 350 a 500 pesos.

Era su ingreso principal cuando estudiaba en la universidad. Todos los días mandaba parleys (combinación de varios pronósticos) para recomendar cómo apostar porque era lo que más le gustaba a la gente.

Al mismo tiempo, empezó a tener “colaboraciones” con casinos pequeños. Manuel recibía un pago fijo y un código con su nombre para atraer jugadores. Publicaba los tickets donde mostraba que él apostaba ahí y, como sus seguidores querían imitarlo, abrían una cuenta y depositaban dinero, entonces “con suerte” ganaba una comisión.

Dice que no está seguro de si eran casinos regulados. Sus jugadas públicas –free picks– funcionaban como un imán de jóvenes que lo seguían; pero sus clientes fuertes eran personas adultas que tenían la solvencia para depositar al menos 5,000 pesos en el casino y, aparte, pagar por su servicio.

Entre estafas y el azar

Entre los tipsters también hay prácticas que son consideradas una “estafa”. Daniel Domínguez, un estudiante universitario, cuenta que una vez se juntó con tres amigos y pagó 2,000 pesos a un asesor, con más de 100,000 seguidores, que ofrecía darles consejos a lo largo de dos meses. Dos semanas después dejó de responder y subía a redes imágenes editadas de apuestas “satisfactorias” que en realidad habían perdido, por lo que concluyeron que habían sido estafados.

Hay muchos que le hacen así. “Para que te mantengas en la industria necesitas una campaña de publicidad agresiva (…) volverte tan grande que vendas un estilo de vida”, asegura Manuel.

En el mercado hay opciones más costosas. Por ejemplo, el tipster conocido como Cristian Rey cobra entre 30,000 y 100,000 pesos por administrar una estrategia completa de apuestas; además de comisiones que van del 15% al 30% de las ganancias obtenidas. Para acceder a este servicio, los jugadores deben tener un capital inicial de entre 300,000 y 1 millón de pesos. Pero, igual que en otros casos, sin ninguna garantía de nada.

Cristian Rey presume jugadas grandes, pero vende una imagen de cautela, razonamiento y la posibilidad de perder. En redes suele proyectarse como alguien que vive de las apuestas y que convierte cada una de ellas en parte de su marca personal, de manera analizada y casi “responsable”. Sus seguidores lo ven con una mezcla de admiración, morbo y escepticismo: están dispuestos a invertir miles con él, pero reclaman cuando falla.

La ilusión del jugador

“Un día hice cuentas, que es algo que muchas veces la gente no se toma el tiempo de hacer, y me di cuenta que estaba perdiendo muchísimo más de lo que había ganado. (…) Me di cuenta de la mentira que era”, dice el estudiante universitario. Al igual que él, Daniel Selvan reconoce que su principal razón para apostar es ganar dinero y busca dejar de hacerlo cuando se estabilice su economía, pues le genera ansiedad cuando pierde.

“Una máxima de los casinos, y de todo el mundo de las apuestas, es que la casa nunca pierde”, contrasta Juan De Ávila, experto en ciberseguridad e inversionista independiente. También identifica que la figura del tipster es “súper aspiracional” y que fomenta la ludopatía. “Ves un cuate en una alberca con dos mujeres preciosas que va bajando de un deportivo, que dice ‘Yo esto lo logré con apuestas’”.

De Ávila explica que lo que venden los casinos se construye con la ilusión del jugador. Detrás, hay una industria que cada vez queda más expuesta por generar adicción al juego, lo que se conoce como ludopatía. Los más expuestos, dice, son los jóvenes.

En un ecosistema digital, basta visualizar un reel de un tipster para que los algoritmos muestren una infinidad de anuncios de apuestas a jóvenes que solo entraron a revisar su red social.

Tipsters juegan a dos bandos

“En todas las profesiones hay charlatanes”, agrega De Ávila y compara la figura de los tipsters con la de los gurús de inversiones, quienes juegan a predecir los movimientos de acciones de empresas. “Existen posibilidades muy altas, pero de ahí a que alguien lo pueda garantizar, estaría mintiendo”.

No obstante, a diferencia de los asesores de inversión –que deben cumplir con regulaciones, certificaciones y un registro gubernamental–, los tipsters no responden a nadie. Los apostadores los contactan a través de páginas de internet o grupos de redes sociales, hacen acuerdos informales y obtienen sus ingresos.

Esta falta de regulación que les permite operar en una “zona gris” también omite un detalle significativo: muchas de estas personas son, al mismo tiempo, promotores de casas de apuestas y reciben dinero por referir a usuarios. Es decir, parte de su rentabilidad consiste únicamente en incorporar nuevos clientes, sin importar si ganan o pierden en la selección de sus jugadas.

Por ejemplo, Cristian Rey ha trabajado con la empresa Playdoit, con lo que “regalaba” 500 pesos en apuestas a sus seguidores. Otro, el llamado “Rey Apostador”, promociona una plataforma llamada Team México, que da “gratis” 2,000 pesos a quienes se registren con un código de referidos.

El mercado de las apuestas en línea

Los tipsters aprovechan un gigantesco mercado que podría duplicarse en los próximos años. De acuerdo con un estudio de la agencia Mordor Intelligence, los juegos de azar en línea generarán unos 970 millones de dólares al cierre de este año solo en México; aunque, en un horizonte a 2031, duplicarán su valor hacia los 1,960 mdd reforzados por una mayor penetración de los pagos digitales. 6 de cada 10 dólares corresponden a apuestas deportivas.

El negocio de las apuestas en línea en México
Fotoarte: Israel Águila

Una gran parte de los jugadores son adultos jóvenes: la mitad tiene entre 25 y 40 años y apuestan en ligas de fútbol y torneos internacionales. También hay un crecimiento en los menores de 25 años, cuya participación aumentaría un 16% hacia 2031 debido a un mayor uso de teléfonos celulares y a estrategias de mercadotecnia que buscan incluirlos.

Además, el estudio reconoce una participación significativa de operadores dentro del “mercado gris”, haciendo referencia a las plataformas que funcionan al margen de la ley y con sitios registrados en otros países, debido a que no cuentan con autorización de la Dirección General de Juegos y Sorteos de la Secretaría de Gobernación (Segob).

Señala que los cinco jugadores más grandes, sin orden en particular, son Grupo Caliente, Codere y Bet365, Novibet y Super Grupo.

En la antesala del Mundial

Las apuestas en línea –e, inevitablemente, el papel de los tipsters se reforzarán en torno al Mundial de 2026 con un crecimiento anual compuesto de 17.8% hacia 2031. Según Mordor, esto “refleja la fuerte conexión de México con el futbol y su papel como coanfitrión de la Copa Mundial”.

El Mundial dirigirá la atención internacional hacia los canales de juego de apuestas deportivas en México, señala la agencia, aunque también enfrenta algunos retos como la carga regulatoria —que aumentó con el gobierno de Claudia Sheinbaum– y la alta regulación.

Juan de Ávila describe que con la llegada de la Copa Mundial, “será una locura” el mercado de las apuestas deportivas por el tamaño de la industria, sin importar si hay o no un permiso de por medio.

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