
Roberto Lazzeri Montaño es el nuevo embajador de México en Estados Unidos. Su nombramiento por parte de la presidenta Claudia Sheinbaum sorprendió a casi todos. Su perfil no es político ni diplomático. Ha pasado su vida profesional ligado al sector financiero, por lo que es más bien un técnico. Sin embargo, el exitoso cabildeo que tuvo durante la crisis detonada tras los señalamientos de presunto lavado de dinero que hizo el Departamento del Tesoro de Estados Unidos contra tres instituciones financieras mexicanas le valieron la confianza de la jefa del Ejecutivo.
Ademas del relacionamiento con el Tesoro, el FinCEN y otros entes de Washington, su vida personal también ha estado ligada a Estados Unidos. De hecho, tras su paso por Hacienda y Nafin-Bancomext —en las sexenios de López Obrador y Claudia Sheinbaum—, uno de sus planes era irse a radicar a ese país, de donde es originaria su esposa. Ahora se irá, pero con la representación diplomática y política de México en el momento más difícil de la relación bilateral.
¿Roberto Lazzeri es el embajador idóneo para navegar, contra viento y marea, la relación México-EU? Eso es algo que está por verse. De entrada, no solo la presidenta Sheinbaum y el Senado mexicano le dieron su respaldo, también la hizo el canciller Roberto Velasco, quien recomendó a Lazzeri con la titular del Ejecutivo. “Si tuviera a otro Roberto, lo mandaría a Estados Unidos”, le dijo en tono de broma Sheinbaum a Velasco cuando fue ratificado como secretario de Relaciones Exteriores. “Sí hay otro, presidenta, y está en la banca de desarrollo”, respondió.
Los primeros 100 días de la gestión de Lazzeri serán clave
Sheinbaum le pidió estar en la mayor cantidad de reuniones posibles, empujando los temas, hablando mucho con el sector privado y con el sector financiero. El objetivo es lograr visitas con secretarios de Estado, con empresarios clave y con altos ejecutivos del sector financiero para, dentro de los primeros seis meses, lograr avance importante en la relación económica bilateral.
Compartimos más de 3,000 kilómetros de frontera, hay 40 millones de mexicanos de primera y segunda generación viviendo en Estados Unidos. Al final estamos tan interrelacionados que no podemos esperar otra cosa más que todos los temas estén todos los días siendo discutidos. Entonces, todos tienen el mismo nivel de importancia”, asegura en entrevista exclusiva con EL CEO.
El aterrizaje de Roberto Lazzeri ocurre tras la decisión de Estados Unidos de abandonar el esquema de renovación automática del T-MEC por otros 16 años y apostar por revisiones anuales por lo menos hasta 2036. Esto responde, en buena medida, al calendario político estadounidense y a las elecciones legislativas de 2026.

Un fuerte impacto con el T-MEC
Sin embargo, para el sector privado, el efecto de este cambio en las reglas de juego entre ambas naciones tendrá un fuerte impacto. Economistas y organismos empresariales anticipan que se podrían retrasar proyectos de inversión y moderar los flujos de capital hacia México hasta que exista mayor certidumbre sobre el futuro del acuerdo.
Lazzeri Montaño asume la embajada en un momento de incertidumbre; sin embargo, su trayectoria lo preparó para navegar esos espacios. Durante su paso por la Secretaría de Hacienda como jefe de la Oficina de Coordinación participó en diálogos con autoridades estadounidenses en algunos de los momentos más delicados de la relación bilateral, incluidos los intercambios con el Departamento del Tesoro y la respuesta del gobierno mexicano tras los señalamientos de la Red de Control de Delitos Financieros (FinCEN) contra CIBanco, Intercam y Vector.
Luego en Nafin y Bancomext amplió su radio de acción hacia el financiamiento de proyectos estratégicos, la promoción de inversiones y el fortalecimiento de instrumentos para apoyar el Plan México.
T-MEC: una integración redefinida
Para Lazzeri, la revisión del T-MEC apenas marca el inicio de una conversación mucho más amplia. La visión del nuevo embajador trasciende a los desacuerdos que caracterizaron el proceso de revisión y da por hecho que persistirán las diferencias, por eso enfoca su atención en el siguiente escalón en la relación entre México, Estados Unidos y Canadá.
Veo una conversación mucho más avanzada, en planes de mediano plazo; que toda la región tenga una especie de Plan México. Pensar en sectores, productos que en un plazo de tiempo nos pongamos para atraer inversión; tener discusiones sobre qué incentivos se requieren para eso. Estados Unidos muchas veces ha puesto fondos para ese objetivo. Ver qué política, si no totalmente común, sí qué política hacia el exterior tenemos que alinear entre los tres países y, sobre todo, ya en el detalle, las reglas de origen que, bien hechas, sí te fomentan que la industria genere más, produzca más y tenga más empleos en la región”, afirma.
Esa respuesta resume el panorama con el que llega a Washington. El tratado seguirá siendo la base de la integración económica de Norteamérica, pero la discusión ya no puede limitarse al comercio. Los tres países deberán decidir qué industrias quieren desarrollar, qué inversiones buscan atraer y cómo coordinar una política industrial capaz de fortalecer la competitividad regional.
Desde la entrada en vigor del TLCAN en 1994 el objetivo fue abrir mercados y facilitar el comercio. Para Lazzeri, esa etapa quedó atrás: “Estados Unidos y Canadá necesitan a México para que les aporte competitividad y para poder lograr los objetivos que quieren de mayor crecimiento, mayor industria y mayor empleo”.

La reconfiguración de las cadenas de suministro
En la actualidad, las cadenas de suministro ya funcionan bajo esa lógica. Un vehículo ensamblado en Norteamérica cruza varias veces las fronteras entre México, Estados Unidos y Canadá antes de llegar al consumidor final. Lo mismo ocurre con las autopartes, los dispositivos médicos, el equipo electrónico y buena parte de la manufactura avanzada.
La integración de Norteamérica ya está construida. Por eso Lazzeri habla de horizontes de cinco y hasta 10 años, de inversiones que todavía no llegan y de las oportunidades que la región puede generar si consigue transformar el tratado comercial en una estrategia compartida de desarrollo industrial.
México es el principal socio comercial de Estados Unidos, al alcanzar los 872,834 millones de dólares (mdd) y una participación de 15.6% del comercio total, superando ampliamente a Canadá con 12.8%, China con 7.4% y Taiwán con 4.6% en 2025.
Sin embargo, el escenario dista de ser sencillo. La permanencia de los aranceles impulsados por Donald Trump, las diferencias sobre reglas de origen automotriz, las disputas en materia energética, los compromisos laborales y otros frentes abiertos seguirán condicionando la relación económica entre los tres países. La revisión despejó parte de la incertidumbre, pero no eliminó las tensiones que marcarán la década.
Finanzas ilícitas, remesas y seguridad
Las próximas negociaciones comerciales coexistirán con la agenda del presidente Donald Trump, quien finalizará su segundo mandato en la Casa Blanca en 2029. La migración, el combate al tráfico de fentanilo, la seguridad fronteriza, las remesas y la cooperación financiera seguirán marcando la relación entre México y Estados Unidos.
Según el “Anuario de migración y remesas 2025” elaborado por BBVA y Conapo, en el territorio estadounidense había alrededor de 40.6 millones de mexicanos en 2024 de primera, segunda y tercera generación, cifra que se refleja en el envío de dinero de los connacionales al país.
El estudio arroja que las remesas a México crecieron de 23,090 mdd en 2013 a 64,746 mdd en 2024. Sin embargo, el periodo alcista se interrumpió el año pasado, cuando se reportaron 61,791 mdd, de los cuales el 97.1% de estos recursos provinieron de Estados Unidos.
El impuesto al dinero que envían los mexicanos desde la Unión Americana al país que entró en vigor en enero de 2026 ilustra cómo los temas se intersectan. Más que detenerse en el costo económico que representa el gravamen para millones de familias mexicanas, Lazzeri Montaño insiste en que ambos gobiernos no deben perder de vista el objetivo que comparten en materia de combate a las finanzas ilícitas.
Tenemos que volver a acordarnos, como los dos países, de los grandes objetivos. ¿Cuáles son los grandes objetivos en finanzas ilícitas? Que todo pase por canales formales, que se incentiven los temas digitales. Si una política puede ir contra ese objetivo global porque hace que la gente busque canales no formales, entonces ya nos estamos saliendo del objetivo principal”, considera.
Cooperación en seguridad
Ese mismo criterio define su enfoque cuando habla de la cooperación en seguridad. Durante la parte final de su paso por Hacienda participó en la interlocución con autoridades estadounidenses tras los señalamientos de FinCEN contra CIBanco, Intercam y Vector, experiencia que confirmó la importancia de mantener abiertos los canales institucionales, incluso cuando existen diferencias políticas: “Lo que menos valdría la pena es politizar temas que ya tienen un mecanismo jurídico, legal y un tratado para solventar y para atenderse”, dice el embajador.
La migración representa otro frente que acompaña al Lazzeri Montaño desde el primer día. La administración Trump endureció las detenciones y deportaciones mientras incrementaba la presión sobre la red consular mexicana en el territorio estadounidense, cuyos funcionarios fueron acusados de realizar actividades políticas e incluso enfrentaron amenazas de cierre de algunos consulados.
Lazzeri Montaño asegura que la prioridad será reforzar la protección de los mexicanos que viven en Estados Unidos y mantener una interlocución permanente con las autoridades estadounidenses: “No estamos de acuerdo con esa política, pero lo menos que podemos pedir es que, si se van a hacer esas detenciones, se hagan con respeto a los derechos humanos”.
Para el nuevo embajador, esa interdependencia explica por qué la agenda bilateral ya no puede fragmentarse. La migración impacta el mercado laboral; las remesas forman parte del sistema financiero; la seguridad influye sobre la confianza entre autoridades y las decisiones de inversión dependen, cada vez más, del nivel de cooperación entre ambos gobiernos.
La experiencia financiera como lente diplomática
La trayectoria de Roberto Lazzeri explica el tipo de embajador que México decidió enviar a Washington. Su carrera transcurrió lejos del Servicio Exterior Mexicano y cerca de las instituciones encargadas de diseñar política económica del país, estructurar financiamiento y mantener el diálogo con organismos financieros internacionales y autoridades estadounidenses.
Antes de llegar a la embajada encabezó Nafin y Bancomext, dos instituciones que el gobierno de Claudia Sheinbaum convirtió en piezas centrales para ejecutar el Plan México. Desde la banca de desarrollo impulsó programas de crédito para pequeñas y medianas empresas, fortaleció el apoyo al comercio exterior y acompañó proyectos vinculados con la relocalización de inversiones y el desarrollo de cadenas productivas nacionales.
Durante los últimos años dejó de tratar únicamente con autoridades hacendarias y comenzó a reunirse de manera permanente con organismos multilaterales, administradores de fondos, empresarios, inversionistas y agencias gubernamentales de Estados Unidos. Esa experiencia –asegura– marcará la forma en que pretende ejercer la embajada.
Nos lo ha pedido la Presidenta: estar en la mayor cantidad de reuniones posibles, empujando los temas, hablar mucho con el sector privado y con el sector financiero. El equipo y un servidor estamos poniendo metas muy agresivas para los primeros 100 días: lograr visitas con secretarios de Estado clave, con empresarios clave y con personas del sector financiero clave para, dentro de los primeros seis meses, prever un avance importante del tratado de libre comercio”, explica.

La experiencia de Lazzeri con funcionarios de EU
Buena parte de esos vínculos tampoco parten de cero. Desde Hacienda y la banca de desarrollo trabajó por años con funcionarios estadounidenses que hoy permanecen en posiciones técnicas o asumieron nuevas responsabilidades dentro del gobierno federal.
Esa continuidad institucional facilita el diálogo incluso ante cambios de administración o aumento de tensiones políticas. A ello se suma otra ventaja: el equipo económico estadounidense proviene en buena medida del sector financiero y comparte una visión similar sobre preservar una relación económica estable.
Si alguien tiene claro que la relación México-Estados Unidos es benéfica –y lo sé porque me tocó estar hablando con ellos durante los últimos cinco años de manera constante– son los inversionistas y el sector financiero estadounidense. Son, además, quienes podrían verse más afectados por los temas de incertidumbre y volatilidad”, afirma.
La embajada que Lazzeri Montaño imagina trasciende el protocolo diplomático tradicional. Su objetivo es que el edificio ubicado en el 1911 Pennsylvania Ave. de Washington, D.C. sea un nodo con la capacidad para acercar gobiernos, empresas e instituciones financieras; abrir espacios de diálogo y acompañar proyectos de inversión que fortalezcan la integración económica entre México y Estados Unidos.
Una relación que va más allá de gobiernos
El embajador de México en Estados Unidos está convencido de que, después de más de tres décadas de integración económica, la relación entre México y Estados Unidos difícilmente volverá a calibrarse únicamente por los desacuerdos comerciales o los cambios de gobierno en los próximos años.
En este tiempo, las empresas construyeron cadenas de suministro que operan como una sola plataforma regional; los mercados financieros reaccionan a ambos lados de la frontera y millones de empleos dependen de una integración que trasciende los ciclos políticos. A juicio del embajador, esa realidad obliga a que las autoridades también piensen la relación con una perspectiva de largo plazo.
Estamos alineados. Queremos lo mismo, queremos exactamente lo mismo y conviene mucho más hacerlo juntos que hacerlo separados. Ese enunciado aplica prácticamente para cualquier área de la relación bilateral. Si logramos mantener esa visión, va a ser mucho más fácil encontrar soluciones a los temas donde hoy existen diferencias”, dice Lazzeri Montaño.
La convicción con la que llega Lazzeri a Estados Unidos
Con esa convicción llega Roberto Lazzeri a Washington. Un economista que construyó, durante años en Hacienda y la banca de desarrollo, una red densa de interlocutores con autoridades financieras, inversionistas y organismos internacionales.
Ahora, el reto es trasladar esa experiencia a la embajada más importante para México, en un momento en que el comercio, la política industrial, la migración, la seguridad y las finanzas dejaron de ser agendas paralelas para convertirse en dimensiones de un mismo problema: cómo sostener una integración que beneficia a ambos países, pero enfrenta presiones políticas crecientes de ambos lados de la frontera.
Lee más de la revista de EL CEO en este enlace
Lee más de la Revista de EL CEO:





