
Wall Street no le abre las puertas a cualquiera, muchas de las trayectorias suelen validarse de apellidos, universidades y el nombre de grandes bancos. La historia de Marco Moreno García tiene una cara distinta. No pasó por JPMorgan, Goldman Sachs, ni Morgan Stanley, y aún así encontró en Cerity Partners la grieta para entrar al mercado financiero más importante del mundo.
En un país donde las detenciones y deportaciones de migrantes latinoamericanos dominan la conversación política –particularmente durante la segunda presidencia de Donald Trump–, el éxodo de Marco Moreno en las calles de Nueva York lo llevó a concluir que los grandes capitales no solo se mueven en las bolsas de valores, también se gestionan en los mercados privados.
Con solo 32 años se convirtió en uno de los socios más jóvenes de Cerity Partners, una de las firmas de asesoría patrimonial más grandes de Estados Unidos, que administra 1.3 billones de dólares de clientes institucionales, family offices y grandes fortunas. Esa cifra, por sí sola, es tres veces mayor que las pensiones de alrededor de 70 millones de trabajadores en manos de las Administradoras de Fondos para el Retiro (Afores) en México, cuyo valor se calcula en poco más de 480,000 millones de dólares (mdd), con datos al cierre de 2025.
Además, supera a los activos que maneja todo el sistema bancario mexicano, capturado por un grupo de siete jugadores con presencia local e internacional: BBVA, Santander, Banorte, Banamex, HSBC y Scotiabank e Inbursa. Y también es cuatro veces superior al negocio de fondos de inversión que en el país acapara BBVA México, pero en el que BlackRock –el mayor gestor de activos en el mundo– también ocupa un lugar importante.
En entrevista con EL CEO, Marco Moreno —de traje impecable y una barba pronunciada que define su identidad— asegura que los aprendizajes que ha acumulado en más de una década dentro de la meca del sistema financiero global guardan similitudes, más de las que uno pensaría, a las historias diarias de los paisanos que buscan el “sueño americano”.
No somos la cultura que domina aquí. Entonces, ser latino, dentro de una cultura que es muy diferente, te fuerza a adaptarte de alguna manera porque existen estereotipos”, reconoce.
En Nueva York se ha enfrentado a los tabúes que aún pesan sobre la comunidad latina, pero que, paradójicamente, hoy es uno de los mercados más codiciados en Wall Street por su potencial económico y su capacidad de acumulación de capital. “Somos muy pocos latinoamericanos en Wall Street (…) Pero se han creado oportunidades para los latinos en Estados Unidos que antes no existían, porque se ha convertido en un mercado importante y de gran crecimiento”, revela.
No es solamente un decir. Los mexicanos y mexicoamericanos en Estados Unidos aportan a la actividad económica entre 2 y 2.5 billones de dólares, una cifra comparable –e incluso superior– al Producto Interno Bruto (PIB) de México, calculado entre 1.7 y 1.8 billones de dólares.
Criado en Mexicali, una región donde la frontera entrelaza a México y Estados Unidos económica y culturalmente, Marco Moreno creció con una noción distinta del dinero, donde el tipo de cambio, el comercio transfronterizo y las marcadas diferencias de ingreso con el resto del país forman parte de la vida cotidiana.
Esa experiencia temprana marcó su forma de entender los mercados financieros y, a la postre, lo catapultó a trabajar junto a figuras consolidadas en Wall Street, que hoy son sus socios.
Crecer en Mexicali te enseña algo que no se aprende en ningún MBA: que el dinero no tiene frontera, pero el acceso sí. Eso lo entendí antes de saber lo que era un mercado de capitales”, explica.
Su historia funciona para analizar transformaciones profundas en ambos países, como el reordenamiento del sistema financiero, el auge de los mercados privados y, sobre todo, las barreras que determinan quién participa en ellos.
De la frontera a la meca del capital
El salto a Nueva York ocurrió en 2010 para comenzar sus estudios universitarios. Como muchos otros latinoamericanos, Marco Moreno quería incursionar en el sistema financiero más competitivo del mundo, pero su trayectoria no siguió la ruta convencional, en la que es necesario hacer currículum en los grandes bancos estadounidenses –JPMorgan Chase, Goldman Sachs o Morgan Stanley– para escalar con rapidez, según reza el canon de Wall Street.
“No me aceptaron en ninguno de los bancos ‘grandototes’, aunque apliqué a todos”, cuenta. Pero la oportunidad le llegó por otro lado, cuando fue aceptado en una firma que en ese momento operaba como un family office –HPM Partners, que posteriormente evolucionaría hacia lo que actualmente es Cerity Partners–, en un momento en el que los mercados privados comenzaron a ganar relevancia.
Egresado de administración de negocios de la Baruch College de City University of New York, durante años, Marco trabajó al mismo tiempo que estudiaba en la carrera por las noches, un proceso que describe como “un maratón más que como una carrera de velocidad”.
“Tienes que empezar muy joven, tener internships, tomar decisiones temprano. Eso es una ventaja”, dice. Todas esas experiencias lo empujaron hacia el negocio del capital privado, que en ese entonces no estaba de moda como los hedge funds (fondos de cobertura, famosos por ganar apostando en contra del éxito de las empresas) o la banca de inversión. Pero ahí vio una oportunidad a futuro.
Entré al nicho correcto en el momento histórico correcto: el boom del private equity y de los family offices (…) Creo que el cambio más grande que he visto en mi carrera ha sido el crecimiento de los mercados de capital privados versus los públicos”, afirma.
Si quieres leer la historia completa, busca la edición número 8 de la Revista EL CEO en Sanborns y en la plataforma digital Magzter.
Lee más de la Revista EL CEO:






