
La energía nuclear se muestra como una opción para la generación eléctrica ante las diversas ventajas que ofrece; sin embargo, la historia ha mostrado que su implementación trae consigo algunos riesgos.
La oscuridad que cubría el cielo del territorio soviético comenzó a ser opacada por una capa de gases proveniente de la planta de Chernóbil tras una explosión que cimbró el silencio de la noche. Nadie sabía que ese 26 de abril de 1986 quedaría marcado por el peor desastre nuclear de la historia y generaría todo un tabú alrededor de una de las fuentes de energía con mayor potencial en el mundo.
A raíz de este desastre y otros accidentes registrados en países como Japón y Estados Unidos, la energía nuclear ha sido tratada con suma delicadeza por parte de múltiples naciones y México no es la excepción: cuenta únicamente con la Central Nuclear Laguna Verde, localizada en Veracruz.
El debate sobre el impulso que se le debe dar a la energía nuclear sigue en el aire. Para algunos especialistas del sector está destinada a ser la gran apuesta por todas las bondades que puede tener; sin embargo, hay quienes advierten sobre los residuos que genera y su dependencia de un recurso finito como el uranio.

El regreso mundial de la energía nuclear
El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) señaló que al cierre de 2024 se generaron alrededor de 2,618 TWh de electricidad nuclear, lo que representó 9% de los 31,256 TWh de energía eléctrica que se generaron a nivel mundial, considerando las diferentes fuentes disponibles.
Durante dicho periodo, la energía nuclear registró un crecimiento anual de 3%, unos 80 TWh más, cifra similar al 4% que registró la generación eléctrica total a nivel mundial.
La energía nuclear se mantuvo como la cuarta fuente con mayor aportación a la generación eléctrica a nivel mundial, solo detrás de algunas más convencionales como el carbón, el gas natural y la energía hidroeléctrica, y superando a fuentes renovables como la eólica, la solar y algunas otras fuentes de este tipo.
La generación de esta fuente provino de 417 reactores localizados en 31 países. Estados Unidos se mantuvo como el principal productor a nivel internacional, con 30% del total; detrás se ubicó China, con 16%, y Francia, con 14%. Otros países que cuentan con peso dentro de la industria son Rusia e India.
Sin embargo, cada país cuenta con una característica determinada que le otorga atractivo dentro del sector. En el caso de Estados Unidos, es claro su dominio; mientras que en Francia resalta por el peso que esta fuente tiene en su generación interna, con 67% de la electricidad francesa. En el caso de China, el punto clave es la expansión que está registrando.
Laguna Verde, la excepción mexicana
A unos 35 kilómetros de Xalapa, en Alto Lucero de Gutiérrez Barrios, se encuentra la única central nuclear del país: Laguna Verde.
En 1976 inició la construcción de estas instalaciones que abastecen a Veracruz, Puebla, Tlaxcala, Estado de México, Morelos y Ciudad de México. Su entrada en operación se dio en dos etapas: la Unidad 1 comenzó a operar el 29 de julio de 1990 y la Unidad 2, el 20 de abril de 1995.
Según los datos del tablero del Centro Nacional de Control de Energía (Cenace), entre enero y junio del presente año, 3.6% de la energía total generada en México dependió de la tecnología nuclear, lo que la ubicó entre las fuentes con menor participación en un sistema en el cual las fuentes convencionales siguen liderando.
En México, poco más de 60% de la energía es generada mediante ciclo combinado, mientras que la térmica convencional y la hidroeléctrica aportan 7.1% y 7.9%, respectivamente.
Con la entrada en operación de la Unidad 1, la energía nuclear en México contaba con una capacidad de generación de alrededor de 650 MW y, tras la apertura de la Unidad 2, logró situarse por encima de los 1,200 MW.
En 2016, tras el rediseño de las albercas especiales bajo el agua para ampliar la capacidad de combustible nuclear gastado y la implementación de un programa de inspecciones para la explotación a largo plazo, la capacidad aumentó a 1,552 MW y desde entonces se ha mantenido estancada.
México frente al reloj de 2035
El especialista en energía, Ramsés Pech, advierte que México debe dejar en claro su política sobre energía nuclear, ya que la ventana real para tomar una decisión sobre el tema se estaría cerrando rumbo a 2035.
Señala que no se debe al vencimiento de las licencias de Laguna Verde en 2050 y 2055, sino a que desarrollar cualquier reactor toma entre 10 y 15 años desde la decisión hasta la operación. Por tanto, si se quiere tener capacidad nuclear funcionando antes de que la planta localizada en Veracruz cierre, se debe decidir antes de 2035.
En caso de que esto no se haga, la energía nuclear simplemente desaparecerá del país por la inacción y no por una decisión explícita.
Por su parte, el Instituto de Desarrollo, Energía y Ambiente (IDEA) señaló que el cuestionamiento de fondo no debe ser si México debe o no desarrollar más energía nuclear, sino cuál es el papel que puede desempeñar para avanzar hacia una transición energética justa.
La promesa y la factura de la energía nuclear
La energía nuclear es considerada una fuente limpia, dado que su proceso de generación no recurre a la combustión y no emite CO₂ de forma directa durante su operación. Si se amplía el espectro y se incluye su operación y todo su ciclo de vida, estaría emitiendo alrededor de 12 kilogramos de CO₂ equivalente por MWh, lo que resulta en una cifra similar a la energía eólica y muy por debajo de los 490 y 820 del gas natural y el carbón, respectivamente.
‘Limpia’ no es lo mismo que ‘renovable’. A diferencia de las tecnologías renovables, la nuclear sí utiliza un energético finito (el uranio) y genera residuos radiactivos que deben gestionarse con cuidado a lo largo del tiempo”, resalta el IDEA.
A lo anterior se debe sumar que genera residuos radiactivos sin una solución de disposición final operando en el mundo. “Bajo en carbono no es sinónimo de sin impacto ambiental”, recalcó el instituto.
Pech apunta que la energía nuclear ocupa un lugar especial en la transición energética ante la necesidad no solo de generar una energía más limpia, sino más intensiva, más tecnológica y con infraestructura más avanzada.
Nuclear y renovables: aliados, no rivales
Actualmente, el gas natural domina el ámbito de la generación eléctrica y ante este jugador la energía nuclear se presenta como una opción atractiva, dado que no genera emisiones de CO₂ al operar y trabaja con factores de planta altos. Sin embargo, sus largos plazos de implementación no ayudarían a resolver la vulnerabilidad actual del sistema eléctrico del país, apuntó el IDEA.
En el caso de las energías renovables como la solar y la eólica, el instituto destacó que la energía nuclear podría llegar a ser un complemento de largo plazo –por su alto costo y los años que exige su desarrollo– o una manera de profundizar la descarbonización del sector eléctrico, nunca un sustituto ni una razón para frenar el despliegue de las renovables.
Considerando los diferentes puntos planteados, los expertos consideran que las renovables y la nuclear no compiten directamente y pueden convivir y aportar al sistema eléctrico del país desde diferentes trincheras.
Mientras la solar y la eólica son opciones para escalar la participación de la energía limpia en la matriz al ritmo que la crisis climática demanda y deben ser aprovechadas por su rápido y económico despliegue, la nuclear puede aportar capacidad firme e inercia que complementen a las renovables, profundizando la descarbonización del sistema.
*Este texto se publicó en la edición número 14 de la revista EL CEO: Economía Digital.
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