
Cheaf abre tiendas físicas y acelera un negocio millones de dólares rescatando alimentos
Lo que para restaurantes, supermercados y fabricantes es merma, Cheaf lo convirtió en inventario, usuarios y crecimiento. La mexicana ya factura millones y quiere multiplicar su presencia dentro y fuera del país.
En un país donde cada año se desperdician cerca de 30 millones de toneladas de alimentos, encontrar una oportunidad de negocio en aquello que termina en la basura parecía una apuesta improbable. Pero para Kim Durand, fundador y director general de Cheaf, el desperdicio de comida representa mucho más que una problemática ambiental, también ha sido la ruta que lo ha llevado a generar un impacto social y a construir una empresa rentable.
Seis años después de iniciar con un sencillo sitio web y apenas una decena de negocios como aliados, la startup mexicana se ha consolidado como una de las plataformas de rescate de alimentos más importantes del continente americano.
Cheaf, el negocio que nació en pandemia
El origen de la empresa tiene algo de una startup clásica mezclado con improvisación mexicana. En 2020, mientras los restaurantes cerraban uno tras otro y la pandemia por covid-19 vaciaba las calles, el fundador de Cheaf vio algo que encendió su creatividad: detrás de cada restaurante o cocina apagada había alimentos en buen estado que pronto terminarían en la basura.
Fue entonces cuando decidió probar una idea sencilla: conectar a negocios que tuvieran excedentes de comida con consumidores dispuestos a comprarlos a un menor precio. Kim tocó, literalmente, puerta por puerta de cada uno de los negocios cercanos a su domicilio y ofreció la plataforma para que los productos próximos a ser desechados fueran comercializados y adquiridos por otras personas.
Una primera versión del proyecto consistía en un sitio web básico, un grupo de WhatsApp integrado tanto por amigos como por conocidos y una decena de comercios que decidieron participar.
Los primeros pedidos no tardaron en llegar y la idea “creció muy rápido”. Después llegó la retroalimentación de usuarios y negocios, seguida por la contratación de un pequeño equipo enfocado en comunidad, tecnología y expansión comercial.
Empezó con una prueba de concepto muy sencilla, creció a un producto mínimo viable y seis años después seguimos usando la misma lógica, que es rescatar comida antes de que se convierta en desperdicio”, señaló el empresario en entrevista para EL CEO.
La premisa de Cheaf es simple: hacer de los excedentes de comida la opción más barata para comprar. Su modelo de negocio rescata productos que ya no se venderán en sucursales –por políticas internas, devoluciones o sobreinventario–, pero que siguen en perfectas condiciones.
Las 30 millones de toneladas desperdiciadas
El tamaño de la problemática del desperdicio de alimentos en el país, que la empresa convirtió en una oportunidad de negocio, explica en buena medida el apetito de los inversionistas y de las grandes marcas que hoy están afiliadas a Cheaf.
De acuerdo con cifras de la compañía, en México se desperdician alrededor de 30 millones de toneladas de alimentos al año, equivalentes a unos 45,000 millones de dólares, lo que representa cerca del 2.5% del Producto Interno Bruto (PIB) nacional. A nivel global, la cifra supera el billón de toneladas de comida desperdiciada.
A esto se suma que en el país más de 28 millones de personas enfrentan inseguridad alimentaria, es decir, tienen una falta de acceso permanente a suficientes alimentos nutritivos. Además, otros 10 millones de mexicanos sufren hambre crónica.
En ese sentido, Kim asegura que México aún enfrenta una falta de conciencia y regulación respecto al desperdicio alimentario, especialmente cuando se compara con países europeos como Francia, España o Reino Unido, donde existen incentivos fiscales y sanciones que obligan a los negocios a gestionar de mejor forma sus excedentes.
Ante ese panorama, la compañía mexicana ha apostado por una estrategia basada en educación y rentabilidad. Además, ha mostrado a las empresas cómo las pequeñas reducciones en el desperdicio pueden traducirse en mejoras significativas en las utilidades, mientras que para los usuarios se crean campañas en redes sociales e incluso en el transporte colectivo, como el metro, en el que se incentiva a reducir el desperdicio.
Cheaf: de una app a la primera tienda
El modelo original de Cheaf funciona como un marketplace, similar a las plataformas de entrega de comida. Los comercios aliados publican sus excedentes dentro de la aplicación y los usuarios acuden directamente a recogerlos. La empresa actúa como intermediaria y obtiene ingresos mediante una comisión sobre cada venta.
Este esquema le permitió escalar rápidamente sin necesidad de operar inventarios, almacenes o centros logísticos, sino simplemente enfocándose en atraer la demanda de los consumidores.
Con una sólida base de usuarios, ingresos estables y la convicción de generar un mayor beneficio ambiental, la empresa identificó una nueva oportunidad en grandes fabricantes, cuyos excedentes no pueden comercializarse de forma directa al cliente debido a que carecen de puntos de venta y sus productos se ofrecen a través de tiendas o supermercados.
Así nació la tienda física de Cheaf. La unidad de negocio ubicada en la Ciudad de México implica un cambio radical para la startup, ya que ahora la empresa compra mercancía directamente a las marcas, la almacena y la vende a consumidores mediante venta directa en sucursal.
La idea se parece a los tradicionales expendios Bimbo que existen en el país, pero con una diferencia clave: Cheaf recibe lo que ya no logró venderse ni en supermercados ni en expendios. Es, en palabras del CEO, “la última etapa del rescate”.
Esta incursión en un nuevo modelo de negocio con almacenes y logística implica riesgos que antes no existían. Mientras la plataforma opera con costos variables relativamente limitados, la tienda Cheaf requiere asumir gastos fijos más elevados y, además, el riesgo de que parte de los productos no logren venderse.
El negocio millonario
El crecimiento de la compañía se refleja en los números. Desde su lanzamiento, según Kim , Cheaf ha mantenido incrementos anuales promedio de entre 100% y 150%, cifras que son difíciles de alcanzar en el mundo empresarial.
Actualmente trabaja con cerca de 3,000 establecimientos, como Maison Kayser, El Globo, Cinépolis, Sanborns, por mencionar algunos. La cifra supera a los 1,000 negocios con los que operaba en 2023, y espera alcanzar entre 5,000 y 6,000 establecimientos para finales de 2026.
En términos financieros, Cheaf factura cerca de 20 millones de dólares, y la compañía mexicana estima cerrar 2026 con ingresos cercanos a 35 millones, frente a los 13 millones de dólares registrados en 2025 y a los 14 millones de pesos generados en 2022.
La visión para el final de la década es aún más ambiciosa: superar los 200 millones de dólares en facturación hacia 2030. Pero más allá de las cifras, el indicador que más repite su CEO es otro: kilos de comida rescatada, por lo que a final de año prevé rescatar cerca de un millón de comida desperdiciada.
Brasil y EU: las siguientes fronteras
Aunque el foco inmediato está en consolidar operaciones en México, Cheaf busca consolidar sus peraciones en sus otros mercados, como Chile, Argentina y Colombia. “Cuatro mercados siendo startup es suficiente por el momento”, señala su CEO. Sin embargo, el mapa de expansión ya contempla mercados como Brasil y Estados Unidos.
Mientras tanto, la empresa planea multiplicar su presencia física. Una de las metas es cerrar 2026 con diez sucursales de tiendas Cheaf, todas en la capital mexicana.
En una región donde millones de toneladas de comida terminan en la basura mientras persisten problemas de acceso a la alimentación, la empresa mexicana demuestra que hacer negocios y generar impacto no son objetivos opuestos, sino parte de la misma ecuación.
*Este texto fue publicado en la edición número 14 de la revista EL CEO: Economía Digital.





