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Columna invitada: BNP Paribas México | Manufactura mexicana, la brecha entre la producción y la facturación

Por: Pamela Díaz Loubet, economista en jefe de BNP Paribas México

Publicado el 23 de octubre, 2026
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La manufactura mexicana enfrenta una brecha entre el crecimiento de las exportaciones y la generación de empleo formal. Aunque México registró exportaciones récord en julio, la industria de la transformación acumula caídas laborales, mientras las importaciones de insumos crecen a mayor ritmo que las ventas al exterior.

México rompió en julio su récord de exportaciones al reportar 81,420 millones de dólares, 43.7% más que un año antes, el mayor crecimiento desde 2021. Ese mismo mes, la industria de la transformación volvió a perder empleo formal, con una caída anual de 0.7% y acumuló así su segundo año de descensos. Los dos datos llevan rato sin contar la misma historia. Para abreviar lo que sigue: la factura y la fábrica se separaron.

Conviene empezar por reconocer el auge, porque es real. Las exportaciones manufactureras no automotrices crecieron 64.9% anual en julio, su mayor alza desde 2021, con los equipos y aparatos eléctricos y electrónicos arriba 134%.

Estados Unidos está construyendo infraestructura de inteligencia artificial a un ritmo que ya se nota en las cifras comerciales de sus socios, y una parte de ese equipo pasa por plantas mexicanas.

Pasa, y esa es la palabra exacta. Las importaciones de bienes de uso intermedio crecieron 56.3% anual en julio, todavía más rápido que las exportaciones, y representan ya ocho de cada diez dólares que México compra al exterior. El mes cerró con un déficit comercial por primera vez desde febrero. Lo que se instaló en este ciclo son etapas finales de integración, que facturan mucho y compran poco aquí.


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Lá fábrica que no genera empleo

Al cierre de mayo, la industria de la transformación tenía 86,000 asegurados menos ante el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) que un año antes. El padrón de patrones acumula más de dos años de caídas anuales y está en su menor nivel en cinco años. El contraste es más que interesante pues el empleo formal total del país alcanzó en julio su nivel más alto para ese mes, mientras el industrial siguió bajando.

Siendo justos con el ciclo, una parte de esa caída es desaceleración a secas. La inversión acumuló más de año y medio de contracciones anuales hasta hace unos meses, y con esa inversión no se contrata. Pero el ciclo no explica la composición. No explica que el sector que más crece sea intensivo en componentes asiáticos y ligero en personal, ni que el empleo de la propia electrónica venga cayendo en pleno auge del sector.

El sector automotriz y de autopartes presenta un escenario igualmente preocupante. Al concentrar seis de cada diez pesos del gasto de las cadenas globales en proveedores nacionales, su estancamiento impacta directamente la estructura exportadora. En julio, el crecimiento hacia Estados Unidos fue de apenas 3.7%, en contraste con la caída en otros mercados. Esta concentración de la proveeduría nacional en un solo sector genera una dependencia elevada, agravada por la incertidumbre política derivada de la revisión del tratado comercial.

Las metas frente a la realidad industrial

Detrás del reacomodo hay fuerzas que no son comerciales. Los costos laborales subieron con las reformas de los últimos años, y pegan más en las etapas intensivas en personal, que son las que dejan algo.

La electricidad y el ferrocarril siguen racionando qué tipo de manufactura puede crecer y dónde. Y la política arancelaria empuja en dos direcciones a la vez: la nueva tarifa de la Ley de los Impuestos Generales de Importación y de Exportación (LIGIE) encareció desde enero los insumos de países sin tratado, con aranceles que llegan a 50%, mientras que el arancel estadounidense de 10%, con su exención para lo que califica bajo T-MEC, premia el papeleo. Certificar origen mejora la posición arancelaria de una empresa sin que cambie un solo proveedor.

El objetivo con el Plan México

El Plan México puso metas del lado difícil de esta ecuación: 1.5 millones de empleos en manufactura especializada y sectores estratégicos, y que la mitad de la proveeduría y el consumo nacional en esos sectores se produzca en el país. El punto de partida no ayuda. En el primer semestre las industrias de la transformación sumaron 62,480 puestos ante el IMSS, uno de los acumulados más bajos de la serie fuera de años de crisis.

Nada de esto quita que el ciclo de inteligencia artificial sea una oportunidad enorme, ni que convenga estar dentro de esas cadenas aunque sea en el eslabón de integración. Estar fuera sería peor. 

Para las empresas, la recomendación es menos vistosa que los récords: seguir las compras locales de las cadenas antes que sus ventas. De esas mesas van a salir tarifas, reglas de origen y plazos, es decir, las condiciones en las que la factura cruza la frontera. Cuánto compra una cadena en México se decide en otra escala: planta por planta, contrato por contrato, con los proveedores, la energía y los costos disponibles. La factura ya demostró que puede crecer sola. La fábrica todavía necesita quien la construya.

Este texto fue publicado en la edición número 14 de la revista EL CEO: Economía Digital.

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