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11 de marzo 2019 | 5:00 am

El 2019 ya luce difícil para Petróleos Mexicanos (Pemex), pero el 2020 puede complicarse aún más, debido a las amortizaciones de deuda que enfrentará.

Los recortes en la calificación y perspectiva de Pemex, por parte de Fitch y S&P, se suman a problemas estructurales como la caída en la producción petrolera y un alto endeudamiento de la empresa mexicana.

La petrolera tiene una deuda en circulación en los mercados de 104,000 millones de dólares, de los cuales 9,600 millones de dólares vencen el próximo año.

La parte crítica de la deuda de Pemex está en el corto plazo. Si no obtiene recursos para enfrentar los vencimientos pronto, podría llegar a tener problemas incluso de impago

dijo Amín Vera, director de análisis económico de Black WallStreet Capital.

El gobierno federal ha puesto en marcha una serie de apoyos fiscales y de inyección de capital que han dado –en alguna medida– certidumbre a las calificadoras de riesgos.

Además, el gobierno ha asegurado que la empresa cumplirá con sus obligaciones financieras, lo que refuerzan las evaluaciones de la calificadora S&P Global Ratings de una probabilidad casi cierta de respaldo extraordinario de parte del gobierno mexicano si la empresa afronta dificultades financieras.

Puede saldarla utilizando sus líneas de crédito, tiene 8,000 millones de dólares de crédito disponibles y no descartamos la posibilidad de de que el soberano tenga que dar más apoyo

comentó en conferencia telefónica Jaime Reusche, analista de soberanos de Moody’s.

La presión sobre la petrolera se refleja en el precio y rendimiento de sus principales bonos. El precio del bono más operado en los mercados, con vencimiento a 2022 y, colocado en dólares, ha caído 5.32% de finales de junio del 2018 al viernes pasado y cerró en 97.13 dólares.

Para no perder atractivo y compensar el riesgo que perciben los inversionistas sobre la petrolera, el rendimiento de dicho bono ha subido 86 puntos base a 6.99%.

“Cada recorte (en la calificación) le encarece el costo de cada refinanciamiento que tiene que hacer forzosamente cada año. En la medida en que tengan que pagar una mayor tasa para extender la maduración de la deuda actual se les va a ir reduciendo el acceso al mercado”, dijo Vera.

Un bono mexicano a 10 años en dólares paga un rendimiento de 4.43%, 256 puntos base de lo que paga el bono de Pemex.

La preocupación que emana Pemex no se queda únicamente con los inversionistas, el deterioro de la empresa también pueda afectar el crecimiento de México.

Un riesgo que tiene presente Banco de México (Banxico) es que se observen revisiones generalizadas a la baja a la calificación de la deuda de Pemex que compliquen la situación financiera de la empresa.

De concretarse el recorte en la calificación en Pemex, el precio de los bonos de la petrolera irá a la baja y el rendimiento que ofrecen tendrá que aumentar. Lo anterior complicará su panorama y aumentará la presión sobre sus finanzas y las de México.

La calificadora Fitch Ratings bajó a finales de enero la nota crediticia de Pemex a BBB- desde BBB+ y está en el último grado de inversión considerado por los participantes del mercado financiero.

Poco más de un mes después, a inicios de marzo, S&P Global Ratings revisó a la baja la perspectiva de Pemex.

Ambas calificadoras coinciden en que el apoyo que ha brindado el gobierno a Pemex es insuficiente para sacar a la empresa a flote. Incluso, S&P calcula que la empresa productiva del Estado necesita 20,000 millones de dólares anuales, los próximos tres años, para salir del abismo en el que se encuentra.

No es sorpresa que Pemex reporte una caída constante en su producción los últimos lustros. De producir 3.38 millones de barriles diarios, en el 2004, a inicios de enero de este año producía 45% menos, apenas 1.86 millones de barriles por día.

Por lo pronto, se espera que el 18 de marzo el presidente Andrés Manuel López Obrador anuncie nuevas medidas de apoyo para la petrolera.