27 de diciembre 2018 | 5:00 am

El salario mínimo es uno de los temas que más ha generado controversia en México, ya que, hasta hace poco, éste no cubría ni si quiera la línea de bienestar. No obstante, mientras algunos argumentan que su aumento genera presiones inflacionarias, lo cierto es que este precio es vital para los trabajadores y su capacidad de compra.

“Los salarios mínimos generales deberán ser suficientes para satisfacer las necesidades normales de un jefe de familia, en el orden material, social y cultural, y para proveer la educación obligatoria de los hijos”, dice el artículo 123 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

A partir del 1 de enero del 2019, el mínimo en el país será de 102.68 pesos diarios, desde los 88.36 pesos actuales, mientras que en la frontera norte y en Chetumal se duplicará a 176.72 pesos.

“Se ha logrado, por consenso, en un acto de conciliación, de madurez política; un acto que da confianza para mejorar las condiciones sociales y laborales en el país”, dijo el presidente Andrés Manuel López Obrador el 17 de diciembre al anunciar los nuevos salarios.

Con esto, en gran parte del país el salario mensual será de 3,131.74 pesos, con lo que cubrirá la línea de bienestar que hasta noviembre era de 3,061.77, de acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval).

La línea de bienestar cambia cada mes y contempla los gastos de la canasta alimentaria y no alimentaria, esta última incluye educación, salud, transporte, vestido, esparcimiento, entre otros y solo cubre las necesidades de una persona.

¿Genera inflación?

En México, 8.55 millones de trabajadores tanto del sector formal e informal de la economía ganan un salario mínimo, de acuerdo con datos del INEGI, mientras que cifras del IMSS indican que 164,411 ganan hasta un salario mínimo y 7.16 millones ingresan más de uno y hasta dos.

Los 102.68 pesos para 2019 se determinaron al partir del actual mínimo de 88.36 pesos; a esto se le sumó un incremento nominal en pesos, a través del llamado Monto Independiente de Recuperación (MIR) de 9.43 pesos diarios, y un ajuste porcentual ligado a la inflación de 5%

El Coneval lo ha dicho hace mucho, decíamos que el salario mínimo ha sido tan bajo que había posibilidad de que se incrementara y estamos más de acuerdo en la forma en la que se hizo. Se hace en dos partes, una parte porcentual de 5% y una parte que se llama MIR, cuando se hace así, se minimizan los riesgos de inflación

comentó Gonzalo Hernández Licona, secretario ejecutivo de Coneval.

“En vez de decir se incrementó 16%, aumentó 5% más nueve pesos, entonces las negociaciones salariales y los incrementos posibles de precios se tienen que hacer alrededor del 5%, no del 16%”, explicó Hernández Licona.

El estudio ‘El impacto del salario mínimo en los ingresos y el empleo en México’ de los investigadores Raymundo Campos y Gerardo Esquivel, concluye que, en 2012, cuando el presidente Felipe Calderón unificó las zonas económicas en las que se dividía el país para el pago de los salarios, es decir la Zona B se homologó con la Zona A, y la C quedó sin cambios, el mercado laboral se vio beneficiado sin aumentos de inflación.

Así, el salario mensual real creció en 4.2% para todos los trabajadores de la zona B.

El incremento al salario mínimo anunciado por la nueva administración corrige un periodo prolongado de deterioro del poder adquisitivo de los trabajadores que menos ganan. Considerando el bajo nivel de partida y la escasa participación de los trabajadores que perciben dicho ingreso en el sector formal, la medida no tendrá efectos inflacionarios sobre la economía y sí representa una ganancia en bienestar

escribieron en un reporte economistas de BBVA Bancomer.

Agregaron que, de acuerdo con la teoría económica, el principal determinante de los precios de los factores de producción, el capital y el trabajo, es la productividad, y si bien ésta  se deterioró en los años posteriores a la crisis de 1995, la afectación fue significativamente menor en términos relativos en comparación con los efectos sobre el salario promedio de los trabajadores formales.

Por ejemplo, en 1995 la productividad del trabajo se alejó solo 6% de su nivel previo a la crisis, y para el 2000 lo había superado, con lo que en 2018 creció 7% frente a 1994.

En contraparte, la historia del salario mínimo es muy distinta. De 1996 a 2014, el suelo salarial rondó los 76.3 pesos por día (valor real, base 2018), lo que representa casi dos décadas de crecimiento nulo.

“Quienes han resentido estos bajos niveles salariales son trabajadores con menores ingresos en nuestro país, que hasta 2018 experimentaron el primer incremento sustancial real en su historia, de 5.4%. En 2019, 25 años después, el salario mínimo recuperará su nivel real de 1994, e incluso lo superará por 5.2%”, dice el reporte de BBVA Bancomer.

Asimismo, un bajo salario mínimo genera un efecto gravitacional al resto de los salarios, ya que los empleadores pueden usarlo como justificación para no pagar una mayor remuneración.

Por su parte, el Banco de México dijo en su última reunión de política monetaria que, considerando la magnitud de los aumentos recientes en el salario mínimo, además de su posible impacto directo, se enfrenta el riesgo de que estos propicien revisiones salariales que rebasen las ganancias en productividad y generen presiones de costos con afectaciones en el empleo formal y en los precios.

Por lo pronto, aun con el aumento, el salario mínimo de México aún es de los más bajos en América Latina y los países de la OCDE.