Apple Google COVID

21 de mayo 2020 | 12:21 pm

Apple y Google anunciaron este miércoles que han terminado la versión inicial de su tecnología de rastreo de contacto mediante Bluetooth, la cual planean utilizar para avisar a usuarios cuando han estado en proximidad con algún paciente infectado de COVID-19.

La tecnología enfrenta retos de privacidad y adopción, además de que debe esperar el desarrollo de apps, para poder alzarse como una alternativa viable durante la pandemia.

Las dos compañías estadounidenses han hecho énfasis en la privacidad como una herramienta para que los usuarios se sientan más seguros y poder alcanzar así la masa crítica de descargas voluntarias necesarias para que la tecnología sea efectiva. Durante el principio del proceso de desarrollo informaron que utilizarían un protocolo de Bluetooth en vez de GPS para evitar rastreos no deseados.

La tecnología, que sólo está disponible a instituciones de salud, ya ha sido compartida con 22 países, que ahora tendrán que implementarla mediante sus propias aplicaciones. El nuevo API (Interfaz de Programación de Aplicaciones) será distribuido a iPhones mediante la versión 13.5 de su sistema operativo, y a Androids mediante una actualización de Play Services que se realizará de forma automática.

Falsas alarmas, la preocupación

La solución creada por Apple y Google ha recibido críticas a lo largo de su desarrollo, y aunque las más recurrentes se centraban en privacidad, no son las únicas. Ryan Calo, profesor de Leyes y co-director del Laboratorio de Política Tecnológica de la Universidad de Washington, dijo a AP que le preocupa que el diseño de la tecnología provoque muchas falsas alarmas, lo que disminuiría su efectividad.

En su opinión, las agencias estarían mejor servidas con una solución que sí se centrara en GPS, con las debidas restricciones. También mencionó que teme que los gobiernos traten a la tecnología como un sustituto de inversiones en pruebas para su población. “No vamos a salir de esta pandemia con una aplicación inteligente”, dijo.

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La API tiene además sus primeros desertores: Australia y Reino Unido han hecho pública su intención de utilizar modelos más centralizados de control para poder mantener informados a sus servicios de salud, los cuáles son mayoritariamente públicos. Por esta razón no utilizarán la solución de Google y Apple. Alemania, Austria y Suiza tampoco lo harán.

Dan Patterson, productor de CNET, dijo en entrevista con CBSN que “las capacidades Bluetooth no están en línea con lo que las compañías prometieron inicialmente”, por lo que la tecnología podría resultar un fracaso.

Finalmente, Patterson señaló la renuencia de las empresas a transparentar la información recabada para que pueda ser interpretada por agencias gubernamentales. “Este forcejeo ocurre en un momento en que la confianza en gobiernos y en empresas de tecnología están en un punto bajo histórico”, señaló Jenn Leser, de CBS.