22 de octubre 2018 | 5:00 am

En medio del aplauso de las filas morenistas, Javier Jiménez Espriú subió al estrado donde el entonces candidato Andrés Manuel López Obrador anunciaba a quienes integrarían su gabinete, en caso de ganar las elecciones por la presidencia de México.

Era 14 de diciembre de 2017 y el hombre de entonces 80 años sonreía. Era la misma sonrisa que seis años antes había esbozado frente al tabasqueño cuando fue considerado por primera vez para el cargo de secretario de Comunicaciones y Transportes.

La primera ocasión, los números electorales le jugaron en contra y favorecieron al priísta mexiquense Enrique Peña Nieto sobre López Obrador. En la segunda, seis años después, la llegada de Jiménez Espriú al gabinete presidencial es inminente. 

Sin embargo, este ingeniero no regresará a la arena política –donde  ejerció durante los gobiernos priístas de Miguel de la Madrid y Carlos Salinas de Gortari– exento de polémicas. Por el contrario, entrará a la dependencia federal ‘con la espada desenvainada’ para atender temas controvertidos como el futuro del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM).

Obsesión por Santa Lucía

Jiménez Espriú es un viejo conocido de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), tanto en su faceta de servidor público como de empresario.

En 1982 entró como subsecretario de Comunicaciones y Desarrollo Tecnológico de la dependencia, por invitación del entonces presidente Miguel de la Madrid, y se mantuvo en su cargo hasta 1988.

En el sector privado, fue miembro de los consejos de administración de Teléfonos de México, de la Compañía Mexicana de Aviación y de Aeropuertos y Servicios Auxiliares. Además, fue gerente general de Helicópteros y Equipos Aéreos (Helaero).

El regreso de Jiménez Espriú al máximo cargo de la SCT, que ocurriría el 1 de diciembre, está marcado por la incertidumbre sobre la construcción del nuevo aeropuerto en Texcoco y por su insistencia en rehabilitar la base militar aérea de Santa Lucía, ubicada en Zumpango, Estado de México, para que reciba vuelos comerciales y opere en conjunto con el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) Benito Juárez.

“La opción Santa Lucía-Benito Juárez es factible”, aseguró el 11 de octubre el ingeniero, durante una conferencia de prensa en la casa de transición del presidente electo, Andrés Manuel López Obrador.

“(Para operar los aeropuertos conjuntamente) es compatible Santa Lucía, pero no lo es el aeropuerto de Texcoco”, dijo Jiménez Espriú, quien consideró que el proyecto de ampliar la base de Zumpango “cuenta con argumentos fuertes para ser una poderosa opción”.

…aunque los estudios digan lo contrario

Las opiniones del virtual funcionario están basadas en un estudio realizado en 2013 por la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), aunque omite la parte en la que se dice que esta opción sería insuficiente a largo plazo.  

Otros documentos consideran la rehabilitación de Santa Lucía como una medida poco adecuada.

La organización MITRE, un organismo del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), determinó en un análisis que no es seguro en materia aeronáutica tener dos aeropuertos que operen simultáneamente en el Valle de México. Por otro lado, un estudio del Colegio de Ingenieros Civiles del país determinó que el aeropuerto de Texcoco es más viable que el de Santa Lucía.

“Lo que hemos visto durante la transición es que (Jiménez Espriú) está totalmente decidido y definido por algunos temas y es complejo hacer que considere otras opciones”, dijo en entrevista Alonso Cedeño, socio de la consultora Estrategia en Línea.

“A pesar de que López ha pedido a sus funcionarios no ser parciales, él ha demostrado que está comprometido 100% por la opción de cancelar el aeropuerto (de Texcoco)”, consideró el experto.

El proyecto de Santa Lucía es abanderado por López Obrador, quien durante su campaña alertó sobre corrupción y sobrecostos en la obra de Texcoco.

La empresa que elaboró el plan de Santa Lucía es Grupo Riobóo, propiedad de José María Riobóo, quien tuvo relación con el gobierno de la Ciudad de México bajo el mando de López Obrador. Entre 2002 y 2005 consiguió cuatro adjudicaciones directas por un monto total de 171 millones de pesos.  

El próximo presidente “ha buscado rodearse de personajes que vean cómo llevar a cabo los proyectos que él impulsa. Eso es un plus para Jiménez Espriú en términos políticos, pero en términos de gestión (su desempeño) seguirá siendo una incógnita” hasta que entre en funciones, señaló Cedeño.

El ‘coco’ de la SCT

La disyuntiva entre Texcoco y Santa Lucía no es lo único que le quitará el sueño a Jiménez Espriú una vez que asuma su cargo en el gobierno federal.

De hecho, sus propias declaraciones en los últimos meses hacen pensar que el tema aeroportuario será una de sus principales preocupaciones.  

Poco menos de dos meses antes de tomar el cargo, el próximo gobierno puso sobre la mesa otro plan que involucra pistas, aviones y… mucho dinero: La inversión de 5,000 millones de pesos para modernizar el aeropuerto capitalino y el de Toluca.

Esta idea es un intento por resolver el problema de saturación que actualmente enfrentan las instalaciones aeroportuarias y que, en el caso del AICM, lo ha llevado a superar el límite de 60 operaciones por hora establecido en el reglamento de la Ley de Aeropuertos.

El próximo secretario federal también ha mencionado que buscará resolver el problema de Mexicana de Aviación, empresa que dirigió entre 1994 y 1995.

“Está en nuestros planes ayudar a que se resuelvan los problemas que tienen los trabajadores de Mexicana”, dijo en agosto, tras asistir a un evento de la Asociación Sindical de Pilotos Aviadores (ASPA).

La empresa se declaró en concurso mercantil hace ocho años.

Pero eso no es todo. En un video publicado en mayo, Jiménez Espriú dijo que bajo su cargo, el programa de infraestructura 2018-2024 apostará por un renacimiento de la ingeniería a través de infraestructura sustentable, integral, eficiente y moderno.

Un viejo priísta con Morena

La experiencia de Jiménez Espriú en la administración pública, durante las décadas de 1980 y 1990, se dio en los gobiernos priístas de Miguel de la Madrid y Carlos Salinas de Gortari. Su estilo y caracter autoritario ya lo ha dejado ver aunque todavía no asume el cargo de secretario. 

El 10 de octubre, el virtual titular de Comunicaciones y Transportes realizó un recorrido por las inmediaciones del NAIM, junto con grupos de la zona. Al ingresar a propiedad de una empresa, fue detenido por la apoderada legal del lugar, quien le pidió que se retirara.

“Usted me está pidiendo que me retire, usted me está corriendo de su casa. Está bien, está bien, me voy a retirar. Yo soy Javier Jiménez Espriú, próximo Secretario de Comunicaciones y Transportes. Dígale al dueño de la empresa que lo voy a citar para que me muestre todos los documentos sobre la mina”, contestó el virtual funcionario, como dejan ver videos tomados por medios.

“Es el más viejo estilo de la política de antaño, donde el político ejercía todo el poder del Estado”, señaló Cedeño, quien consideró que la actitud del virtual secretario fue un acto de intimidación.  

Idesa y Etileno XXI, las ‘piedras en su zapato’

En junio de este año, en medio de la contienda presidencial, el futuro secretario de Comunicaciones y Transportes fue señalado por su relación con la firma Idesa, una petroquímica mexicana socia de una filial de Odebrecht que participaba en el complejo Etileno XXI que ha provocado pérdidas por más de 900 millones de pesos a Pemex.

La empresa fue fundada hace más de 60 años por Pascual Gutiérrez Roldán, suegro de Jiménez Espriú, y es dirigida actualmente por Patricio Gutiérrez Fernández, su sobrino político.

Ante los señalamientos, realizados por el entonces candidato priísta José Antonio Meade, el virtual titular de la SCT aceptó que su esposa es accionista de la firma y que él funge como miembro suplente del consejo de administración. Sin embargo, rechazó en redes sociales que sus nexos con la compañía se relacionen con el cargo que pretende ocupar.

Jiménez Espriú admitió posteriormente que estuvo al tanto del acuerdo firmado entre Pemex, Braskem –la filial de Odebrecht– e Idesa, pero aseguró desconocer los términos del contrato firmado, que resultaron sumamente desventajosos para la petrolera mexicana.

Además, dijo que Andrés Manuel López Obrador sabía de sus nexos con la firma desde antes de que se destapara el escándalo.

“El señor López Obrador está perfectamente enterado de desde hace mucho tiempo. Dijeron que yo había salido, no, yo soy miembro del consejo de administración de Idesa. Así está en mi página, así está en el currículum que yo le entregue al señor López Obrador, sabe perfectamente de qué se trata”, señaló el virtual secretario, en entrevista con Radio Fórmula en junio, días después de los señalamientos en su contra.

Sobre la polémica, otro colaborador del entonces candidato morenista, Santiago Nieto, negó que Jiménez Espriú estuviera involucrado en el caso Odebrecht que él investigó mientras estaba al frente de la fiscalía para delitos electorales.

El 10 de octubre, el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI) ordenó a Pemex publicar las actas del consejo de administración que autorizó el proyecto Etileno XXI. Con ellos, se tendrá más claridad sobre las decisiones que llevaron a la paraestatal a realizar el proyecto y sobre las partes que intervinieron.

El tema, sin embargo, no parece ser una ‘piedra en el zapato’ de Jiménez Espriú, que por el momento se enfoca en la consulta que se realizará del 25 al 28 de octubre y cuyo resultado determinará el curso de acción sobre las próximas instalaciones aeroportuarias del país.