11 de agosto 2022 | 1:12 pm

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Los escombros impidieron a los buzos del Ejército descender en su primer intento a las profundidades de la mina de carbón inundada en Coahuila, donde 10 mineros han estado atrapados durante una semana, dijo el jueves el ministro de Defensa.

Los mineros quedaron atrapados el 3 de agosto en una mina del estado de Coahuila, cuando sus trabajos de excavación provocaron el derrumbe de la pared de un túnel, lo que provocó la inundación de algunas partes de la mina subterránea.

Hasta el jueves, las autoridades mexicanas habían logrado reducir drásticamente la cantidad de agua, que inicialmente había alcanzado los 30 metros, pero han tenido dificultades para enviar equipos de rescate.

Dos buzos militares entraron el miércoles en uno de los tres pozos de la mina inundada después de que un minero y un profesional de rescate se sumergieran cuatro veces para despejar los escombros. Sin embargo, no pudieron acceder completamente en la mina.

Encontraron que no tienen espacio para avanzar, tienen obstrucciones (…) sigue habiendo ahí algunos polines, inclusive con las luces que llevan para poder observar el interior, no tienen la visibilidad que requieren para hacer la identificación de lo que se encuentran

explicó Cresencio.

La profundidad del agua en los tres pozos es de unos nueve metros, siete y cinco, respectivamente.

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“Día y noche”

Solano no tiene a ningún pariente atrapado en la mina, pero sí amigos y conocidos. “Hay que ponernos en los zapatos de las personas que siempre necesitan de nosotros”, reflexiona.

Los familiares de los mineros atrapados, así como otros trabajadores de la llamada zona carbonífera de Coahuila, también han sido pieza clave del operativo de rescate.

Ronaldo Mireles, hijo de Juan Carlos, uno de los obreros cautivos, ha trabajado hasta 18 horas seguidas apoyando en la instalación de las motobombas que extraen ingentes cantidades de agua del yacimiento.

Hemos estado día y noche. Recién hace dos días hemos podido ir a dormir a la casa

dice a la agencia AFP durante un descanso de su ardua faena. 

Bajar estos equipos hasta el fondo de los pozos inundados requirió hasta un día completo para cada uno, relata Mireles, de 24 años.

Su “cuadrilla”, de siete voluntarios y 10 soldados, batalló para introducir los pesados aparatos hasta 60 metros en el subsuelo con ayuda de grúas y un camión.

Adicionalmente, instalaron la extensa línea de tuberías, del fondo de los pozos a la superficie y luego hasta 100 metros fuera del área de rescate.

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Con información de AFP y Reuters