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30 de junio 2022 | 8:00 am

  “No compres una acción solo porqu está barata. Cómprala porque sus fundamentales están mejorando”
Peter Lynch

La reciente quiebra de Crédito Real dejó muchos y variados damnificados al interior del sistema financiero, tanto local como internacional, pero un rasgo ampliamente compartido al interior del grupo es una reveladora falta de comprensión sobre el modelo de negocio que la sostenía, así como de su grado de dependencia hacia la “buena voluntad” del gobierno en turno.

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Porque la inmensa mayoría de los clientes cautivos de la emisora eran burócratas con plaza dentro de algún sindicato de maestros o del sector salud, que por lo mismo perciben sueldos relativamente mayores a los del grueso de la población y son beneficiarios de una estabilidad laboral impensable fuera de la privilegiada casta de los trabajadores públicos “de base”. 

En el Metro de la Ciudad de México, los estatutos del sindicato establecen que cualquier miembro que sea arrestado y condenado a prisión mantendrá su puesto de trabajo mientras purga su sentencia,  y que “al obtener la libertad EL SISTEMA lo reinstalará de inmediato con la categoría que venía desempeñando”. 

Crédito Real ¿usurero?

En consecuencia, cobrarle directamente a la nómina de un sector que mantiene su empleo aunque esté en la cárcel parecía no solamente un negocio completamente seguro, sino suficientemente jugoso como para cobrar tasas usureras de más de 40% anual por un crédito de 61,000 pesos.

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Un apetitoso bisne fundado, como siempre, en la falta de competencia y donde la clave para mantener el monopolio siempre fue “cuadrarlo” con políticos federales, líderes sindicales y una interminable fila de gestores, coyotes e intermediarios locales.

La empresa incluso tenía la cuestionable costumbre de amedrentar personalmente a cualquier analista, inversionista o periodista que osara señalar el evidente y progresivo deterioro de sus métricas financieras en los últimos años. 

Pero ahora, cuando ya explotó el escándalo, lo documentos dados a conocer por los acreedores de la compañía muestran que divisiones enteras de Crédito Real no valen nada, que casi la mitad de su portafolio principal de préstamos de nómina es incobrable y que sus garantías son, por mucho, insuficientes.

¿Y las autoridades?

Un carnaval de irregularidades que por supuesto no se creó de la noche a la mañana, sino que fue producto de años de omisiones por parte de los reguladores y de mentiras flagrantes por parte de la directiva, quienes aprovechaban cada llamada con inversionistas para subrayar lo bien que iba el negocio. 

Una compañía de ensueño, con alta rentabilidad y bajo riesgo, que lo mismo recibió capital de grandes bancos con sede en Suiza que de pequeños inversionistas retail en México. Y que ahora dejó a todos colgados de la brocha, pues el interminable litigio que se avecina muy probablemente terminará determinando (como siempre) que el dinero simplemente desapareció. 

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Hace algunas semanas, cuando el colapso era ya inminente, la Secretaría de Hacienda emitió un inusual  comunicado en el cual aseguraba que el default de Crédito Real no implica riesgos para la estabilidad o el funcionamiento del sistema, y que no anticipaba un efecto de cascada para otras instituciones.

Y es verdad porque Crédito Real no representa un riesgo, sino apenas un fruto, quizá el más maduro de todos, de este contaminado árbol que es el Sistema Financiero Mexicano. 

 

AVISO PARROQUIAL: Si usted o alguien que conoce es titular de acciones suspendidas de CREDITO REAL, S.A.B. DE C.V., SOFOM, E.N.R. existe una iniciativa de inversionistas minoritarios que buscan alternativas legales para que la empresa cumpla con sus obligaciones. Para más información, sírvase escribir un correo a hernandezs.samuel@gmail.com