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23 de abril 2022 | 5:00 am

Por Héctor Shibata y Ana Aguilar*

La creatividad es uno de los grandes misterios de la humanidad y del mundo de los negocios. Históricamente, se creía que las personas creativas utilizaban más un lado del cerebro que el otro. Sin embargo, se ha descubierto que el proceso creativo involucra diferentes zonas y diferentes sistemas del cerebro.

Por lo cual todas las personas tienen el potencial de creatividad y su desarrollo depende de diversos factores, entre ellos la resistencia. Pensar no creativamente es tener menos resistencia, es tomar el camino seguro y conocido y tal vez hasta obvio, pero, por la misma razón, tal vez el más certero y eficiente.

En contraste, un cerebro creativo se aventura por el camino resistente que lo lleva a lo desconocido, lo difuso o lo inesperado.

La creatividad está atada al aprendizaje, al encontrar nuevos caminos en la forma de pensar. Por lo que el proceso implica entender los diferentes bloques que impactan la creatividad, algunas falsas imágenes de la creatividad y el ciclo de de la misma.

Hay múltiples bloques que afectan la creatividad, el primero de ellos es la percepción. Aquí se encuentran los pensamientos preconcebidos y los estereotipos. La percepción puede llevar a ver cosas de una sola manera y se ve afectada por los hábitos y una mala definición del problema.

El segundo bloque está relacionado con la cultura y el medio ambiente: esto comprende tabúes, tradiciones, reglas y pensamientos personalizados. En equipos de trabajo multiculturales esta barrera podría ser un reto más claro dentro del desarrollo de ideas creativas.

También al momento de negociar con otras culturas este bloque se hace presente para tener mayor o menor creatividad y lograr una negociación exitosa.

El bloqueo emocional es el tercer elemento y está ligado a criticar en lugar de producir ideas, no permitir jugar, evitar situaciones frustrantes, miedo al fracaso y temor a expresar ideas. Es por ello que la seguridad psicológica es uno de los principales elementos que produce la creatividad.

También, el cuarto bloque está ligado con el intelecto, es decir con las experiencias de las personas, la incapacidad para fantasear y la falta de humor.

Entender los bloques de la creatividad nos permite reconocer conceptos erróneos como: 

  • Cuanto más inteligente eres, más creativo eres 
  • Los jóvenes son más creativos que los viejos
  • La creatividad está reservada para unos pocos: los grandes apostadores extravagantes
  • El acto creativo es esencialmente solitario
  • No puedes manejar la creatividad

Reconocer estos errores al momento de construir una startup permite a los emprendedores tomar mejores decisiones en la construcción de un equipo con experiencias y trayectorias diversas, multicultural y probablemente multigeneracional.

Ahora bien, ¿qué es la creatividad y qué diferencia tiene con la innovación?

La creatividad es un proceso de desarrollo y expresión de ideas novedosas que probablemente sean útiles. A diferencia, la innovación es la incorporación, combinación y/o síntesis del conocimiento de nuevos productos, procesos o servicios originales, relevantes y valorados.

Dentro de cada empresa la creatividad puede ser aprovechada y fomentada, creando un ciclo que inicia con la experiencia de las personas, es decir, todo lo que una persona sabe y puede hacer en el ámbito amplio de su trabajo.

Después viene el pensamiento creativo que consiste en cómo las personas abordan los problemas y las soluciones, su capacidad para juntar ideas existentes en nuevas combinaciones.

Esto tiene que estar atado con la motivación extrínseca, típicamente económica, e intrínseca, ligada a la pasión y el deseo por el trabajo. 

Hay prácticas administrativas que afectan la creatividad: 

  • Reto o desafío: Crear el deseo y la pasión en cada empleado. Los gerentes deben unir a las personas con trabajos que se ajusten a su experiencia y sus habilidades en el pensamiento creativo. Pero, se debe tener cuidado de no presionar demasiado: aquí es donde la información sobre el empleado se vuelve crítica. Debe conocer sus umbrales y límites.
  • Libertad: Definir las tareas que se asignan a cada empleado. Permitir que ellos decidan cómo abordar y resolver ese problema. Pero, no cambiar los objetivos con frecuencia. Definirlos (muy) claramente. Asegurarse de que los trabajadores tengan la autonomía suficiente para innovar.
  • Recursos: Asignar tiempos, dinero y un espacio físico.
  • Características del grupo de trabajo: Los miembros del grupo deben compartir la emoción por el objetivo del equipo, mostrar disposición para ayudar a sus compañeros de equipo y reconocer el conocimiento y la perspectiva únicos que otros miembros aportan a la mesa. 
  • Estímulo de supervisión: Felicitar. Crear objetivos a largo plazo. Preparar plan de acción. Comunicar. Transformar de comando y control a imaginación, empoderamiento y energía. 
  • Apoyo organizacional: La cultura de la creatividad no debe venir solo del equipo, o del supervisor, sino ser parte de la organización a través del intercambio de información y colaboración, evitando problemas políticos.

Las organizaciones pueden promover la creatividad a través de la dinámica de grupo, diferentes estilos de pensamiento (convergencia y divergencia) y mejorando el ambiente físico; por ejemplo, con espacios de trabajo casuales, informales y flexibles.

Además, las normas del grupo deben permitir la escucha atenta, no juzgar y no criticar. 

Una empresa creativa no se caracteriza por tener ideas más inusuales o locas, sino por ser una organización que resuelve problemáticas por medio de diversos estilos de pensamiento, venciendo sus barreras culturales, preconcebidas y más allá de su contexto.

Será aquella que brinda los espacios seguros para que sus miembros se sientan con la libertad de tomar decisiones.

Pero sobre todo es aquella en la que sin importar cuán pequeña o grande sea, busca conocer a sus miembros en un contexto personal, más allá del profesional, a fin de encontrar esos detonadores que siempre los mantengan creativos.

* Héctor Shibata Salazar es profesor de cátedra en EGADE Business School y director de inversiones y portafolio en AC Ventures Fund; Ana Aguilar es inversora VC en AC Ventures Fund.

Este texto es una columna de opinión. Su contenido es responsabilidad del autor y no representa necesariamente la postura de EL CEO.

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