Andrea Deydén

Editora de Reportajes Especiales

Eber García pasó sus primeros años en unas canchas amateur ubicadas en el municipio de Navolato, Sinaloa, mientras observaba a su padre jugar beisbol, el deporte de sus amores.

 

Cuando cumplió siete años se estrenó como jugador en el equipo infantil de la Cofradía de Navolato y comenzó a escribir su propia historia como pelotero, que lo ha llevado a ocupar hoy un lugar dentro de la Liga Mexicana del Pacífico, vistiendo los colores de los Tomateros de Culiacán.

 

Hacerse de un lugar en la liga regional no fue una tarea fácil. En la adolescencia rechazó oportunidades deportivas para continuar con sus estudios. Sin embargo, su esfuerzo dio frutos y ahora este joven de 28 años, titulado en ingeniería petrolera por parte del Instituto Politécnico Nacional -carrera que hasta ahora no ejerce, pero que ve como un seguro-, forma parte del equipo que ganó la edición 2017 de la liga.

 

“Es un sueño. Es disfrutar de hacer lo que me gusta y me apasiona”, cuenta García, quien este año jugó su tercera temporada en el equipo creado en 1965 por el empresario cantonés Juan Ley Fong, fundador de la cadena de tiendas de conveniencia Casa Ley y uno de los impulsores del deporte en la región noroeste de México.

 

La familia Ley, que dirige el plantel de la capital sinaloense, es una de las miles de fanáticas del deporte rey en la región y un retrato fiel del espíritu de los hombres de negocio que han invertido desde principios del siglo XX en equipos -más por pasión que por dinero-, y ayudado a construir la afición en las ligas mexicanas.

 

Ahora también podría ser una de las beneficiadas por las políticas que busca llevar a cabo Andrés Manuel López Obrador para impulsar el deporte a lo largo y ancho del país, en donde más de la mitad de los mexicanos se declaran fanáticos del futbol soccer.

 

El mandatario electo, conocido por su afición a esta disciplina y quien de vez en cuando practica con las Guacamayas de Palenque, un equipo chiapaneco, aseguró en agosto que el Programa Deportivo 2018-2024 se enfocará en catapultar al beisbol y aumentar el número de peloteros que México exporta a las Ligas Mayores.

Los detalles de la propuesta del próximo presidente de México aún se desconocen, pero despiertan expectativa en sectores relacionados al deporte, como la industria manufacturera y los equipos profesionales, que viven una buena racha a partir del periodo de renovación que atraviesa el beisbol en el país.

Entre la renovación y la vieja guardia

 

El beisbol ‘arrojó’ su primera pelota en México durante los últimos años del siglo XIX y se fortaleció hacia 1925, cuando los dos principales órganos rectores de la disciplina en el país, las asociaciones Mexicana y del Distrito Federal, se unieron para conformar la Liga Mexicana de Beisbol (LMB).

 

Desde entonces la práctica se arraigó principalmente al norte -por la cercanía con Estados Unidos-  y sureste, en donde vivió su época de oro entre 1930 y 1950.

Actualmente es el tercer deporte con mayor afición (25.2%), detrás del box (34.6%) y del futbol soccer (58%), de acuerdo con el estudio La afición al futbol soccer en México 2018, publicado por Consulta Mitofsky.

 

Pero el número de personas que reportan ver, jugar o estar enterados sobre el beisbol ha caído 11.1% desde 2014, cuando tocó su punto más alto, según datos de la casa encuestadora. El gran interés reportado ese año coincidió con que meses antes el equipo de Los Yaquis de Ciudad Obregón ganaron la Serie del Caribe celebrada en Hermosillo, Sonora.

 

“El beisbol es visto como un deporte muy tradicional y de la vieja guardia; hay dueños que son muy conservadores”, señala el catedrático en mercadotecnia deportiva de la Escuela de Ciencias del Deporte de la Universidad Anáhuac México, Francisco San José.

En los últimos años, agrega, hubo una inyección de dinero y se rejuvenecieron las juntas de dueños que quieren innovar y hacer el deporte más atractivo para los jóvenes”.

 

Como parte del relevo generacional, algunos equipos han cambiado de manos.

 

En 2016, el director de Grupo Industrial Monclova y dueño de los Pericos de Puebla, Gerardo Benavides Pape, se hizo con el 90% de los Acereros de Monclova. Grupo Multimedios, propiedad de Francisco González, compró el 50% de Sultanes de Monterrey a José Maiz García en 2017, mientras que el expelotero Fernando Valenzuela adquirió a los Tigres de Quintana Roo, propiedad de Carlos Peralta, por 2.5 millones de dólares.

 

Sin embargo, la mayoría de los equipos siguen bajo el control de las mismas familias o empresarios que desde hace décadas se han asociado al deporte.  

 

Es el caso de Alfredo Harp Helú, presidente honorario de Grupo Financiero Banamex y apasionado de la disciplina, quien encabeza el Consejo de Administración de los Diablos Rojos de México y es propietario desde 1990 de los Guerreros de Oaxaca -liderado por Lorenzo Peón Escalante, exdirectivo del mismo banco-.

 

En septiembre, el también accionista de los Padres de San Diego se reunió con López Obrador, quien lo calificó en las redes sociales como “el filántropo más importante” del país.

 

También destaca la familia Mansur, vinculada históricamente al deporte por los Cafeteros de Córdoba -posteriormente Rieleros de Aguascalientes-, los Rojos del Águila de Veracruz y Tecolotes de los Dos Laredos.

José Antonio Mansur es presidente del Consejo de Administración de estos últimos dos equipos actualmente y sus hijos Chara, Jean Paul y José Antonio Mansur Beltrán (quien fuera secretario de Finanzas en Veracruz  durante la gestión de Javier Duarte -y señalado como parte de su red de prestanombres-), forma parte de la directiva de Tecolotes.

El camino a la modernización

 

Los esfuerzos de los equipos y de las ligas para modernizarse empiezan a rendir frutos.

 

En enero de 2018, la Liga Mexicana de Beisbol, que dirige Javier Salinas, anunció que sus ingresos crecieron 371% respecto a 2017 gracias al aumento en el número de sus patrocinadores y a una mayor inversión por parte de sus anunciantes previos, así como al pago de derechos de transmisión para los campeonatos de este año. Este último rubro generó 35% de los ingresos totales del organismo.

 

El incremento -ocurrido antes de que López Obrador pusiera los reflectores en el peloteo- es producto del cambio de dirigencia y de los esfuerzos de Salinas, catedrático en marketing deportivo en el Johan Cruyff Institute for Sport Studies, por llevar esta disciplina a las nuevas generaciones.

 

“El beisbol carecía de la parte de difusión. Ya no estaba creciendo (en número de aficionados) y eso podía jugar en contra. La audiencia era de gente mayor pero ahora se revitaliza y busca gente nueva” por medio de partidos televisados y transmitidos por redes sociales, señala el especialista Francisco San José, quien considera que el alza en los ingresos de la LMB se deben a un cambio generacional en la toma de decisiones.

 

La Liga Mexicana del Pacífico supo destacar en esta tendencia. Uno de los mayores aciertos que tuvo fue el de enfocarse en el público de la región, donde incorpora a algunos jugadores de las Grandes Ligas que durante el periodo de verano juegan en Estados Unidos para subir su nivel de competitividad.

 

Con estas medidas atraen a más público e idealmente a más patrocinadores.

El beisbol es el tercer deporte en México por número de aficionados y el segundo más practicado. Tiene miles de fanáticos, lo que significa que por naturaleza deben existir empresas que busquen exponer su marca en los campeonatos.

 

Entre las empresas que patrocinan al ‘rey de los deportes’ se encuentran Tecate, Comex, Peñoles, Coca-Cola, Bachoco, Telcel, Telmex y SuKarne, además de varias firmas regionales, como Taco Palenque y La Posada Hotels (en Laredo), Mata Tabasco Hotel y el diario oaxaqueño El Imparcial.

 

Al ser un deporte vinculado a gigantes de los negocios es normal que tenga marcas de peso a nivel nacional, la mayoría ligadas a sus dueños.

 

Martí y Citibanamex, que aparecen en la página de los Diablos Rojos, son parte del portafolio de Harp Helú, mientras que Telcel, otro patrocinador del equipo, pertenece a su primo, Carlos Slim Helú -el hombre más rico de México y un gran aficionado de este deporte, que hasta el momento no se ha hecho con ningún equipo propio-.

 

Aportar dinero o anunciarse en el beisbol es más barato que con cualquier equipo de futbol debido a la mayor exposición que tiene el balompié a nivel nacional y del volumen de su base de fanáticos, equivalente a casi seis de cada 10 mexicanos, de acuerdo con La afición al futbol soccer en México 2018, de Consulta Mitofsky.

 

En 2018, los torneos de la Liga MX Apertura, Copa Apertura MX y Ascenso MX tuvieron un valor conjunto de 1,426.14 millones de euros (unos 1,676.16 millones de dólares), según cifras de TransferMarkt.

 

Dentro de estas competencias de primera división, el Club Deportivo Guadalajara es el mejor valuado, con 297 millones de dólares, de acuerdo con la misma publicación. Eso es más de 100 veces el precio que pidió Carlos Peralta por los Tigres de Quintana Roo.

Patrocinios: del gol al home run

 

La pasión de los mexicanos por el soccer ha hecho que las marcas destinen casi nueve de cada 10 pesos en patrocinios a este deporte.

“El futbol acapara casi todo el mercado de los deportes en México y se queda aproximadamente con el 90% de los ingresos de publicidad. Eso es muchísimo y solo le deja uno de cada 10 pesos a todos los otros deportes, no solo al beisbol”, asegura el consultor junior de The Competitive Intelligence Unit (CIU), Santiago Piedras.

 

Para el analista, esto se explica en parte por el poder adquisitivo de los aficionados, ya que en el beisbol se presenta un situación curiosa: como ya tuvo su apogeo, tiene “muchísimos seguidores”, pero su base es de clase media a baja.

La mayoría de los equipos operan con números rojos por esa misma razón. Aunque tienen muchos seguidores, estos no tienen mucho ingreso residual”, detalla Piedras.

Esa particularidad se evidenciará más durante la temporada 2019 de la LMB, que se jugará solo con 12 equipos, luego de que cuatro pidieran un año sabático por problemas económicos. Pericos de Puebla, Bravos de León, Algodoneros de Unión Lagunera y Rieleros de Aguascalientes no participarán en la próxima competencia, aunque continuarán con sus derechos como miembros, anunció la liga en un comunicado en noviembre.

 

De 2015 a 2017 la asistencia a los partidos de la Liga Mexicana de Beisbol ha ido en aumento. El año pasado atrajo a un total de cuatro millones 42,605 fanáticos, lo que representa un récord al menos en la última década, según los datos disponibles en la página de la organización.

Las semillas del deporte

 

Comparado con el futbol, a nadie sorprende que en México haya mucho menos espacios para practicar beisbol.

 

Mientras que un balón de soccer puede patearse en cada calle, cientos de parques y decenas de estadios, la pelota base no corre la misma suerte para volar por los aires.

 

En el país existen 152 campos, estadios o canchas de beisbol registrados que se distribuyen en 24 de las 32 entidades federativas, de acuerdo con el Directorio Estadístico Nacional de Unidades Económicas (DENUE), publicado por el INEGI.

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La mayoría de estos se ubican en Chihuahua y Nuevo León. A esta cifra se suman todos los espacios que no están registrados ante la Secretaría de Economía, así como clubes o centros donde se practican múltiples actividades.

 

En la Ciudad de México, además, se construye actualmente el Estadio Alfredo Harp Helú, ubicado en la Ciudad Deportiva de la Magdalena Mixhuca. La inauguración está programada para 2019 y entre los asistentes al evento estará López Obrador, quien fuera invitado por el propio Harp Helú en septiembre.

En estos espacios juegan alrededor de 20,000 niños, niñas y adolescentes que participan en las ligas amateur del país, que tienen lugar todo el año, de acuerdo con datos de la Federación Mexicana de Beisbol.  

 

El INEGI tiene registro de medio centenar de ligas infantiles, juveniles y de veteranos, ubicadas en 18 estados del país. De sus filas sale gran parte del talento que compite a nivel profesional y que representa a México olímpicamente.

 

Quienes los identifican son buscadores que siguen a los mejores jugadores desde temprana edad y los llevan a academias que sirven como semilleros para los equipos profesionales.

 

En Nuevo León, por ejemplo, se encuentra la Academia de la Liga Mexicana de Beisbol Ing. Alejo Peralta y Díaz Ceballos, que es financiada por los equipos de la Liga Mexicana de Beisbol y de cuyas filas han salido peloteros de talla nacional e internacional.

 

Uno de ellos es Joakim Soria, un pitcher originario de Monclova, que ha jugado con los Medias Blancas de Chicago y recientemente fue adquirido por los Brewers de Milwaukee, cuyo valor como jugador, según el sitio especializado Sportrac, es de nueve millones de dólares.

 

Otro semillero de talento para los equipos de las Ligas Menores y Mayores es la Academia de Beisbol Alfredo Harp Helú, ubicada en Oaxaca, que desde 2009 forma canteranos para los Diablos Rojos, Guerreros de Oaxaca y Marineros de Ensenada, así como jugadores de Ligas Mayores que ahora juegan en los Yankees de Nueva York, los Phillies de Philadelphia  o los Cubs de Chicago.

 

Luis Urías, uno de sus peloteros egresados fue fichado recientemente por los Padres de San Diego y Julio César Urías, otro de sus alumnos, ahora es integrante de los Dodgers de Los Ángeles.

 

“Firmar convenios con las Ligas Mayores (para la transferencia de jugadores) garantiza ciertos temas de recuperación y asesorías para mejorar las técnica de juego. Los equipos mexicanos obtienen beneficios en ese sentido porque es un compromiso más allá de proveer jugadores”, asegura San José, especialista en marketing deportivo.

¿Y para el jugador, lo vale?

 

Aunque los peloteros jóvenes que van al extranjero ganan alrededor de medio millón de dólares al año, como es el caso de Luis y Julio Urías -y pueden valorarse en varios millones más a lo largo de los años- sobra decir que son ‘garbanzos de a libra’.

 

Aunque no existe un tabulador y los equipos no suelen revelar los sueldos de sus integrantes, quienes comienzan su carrera en las ligas menores y en las regionales pueden ganar entre 10,000 y 20,000 pesos mensuales en promedio.

 

En cambio, el pelotero mexicano mejor pagado, Adrián Titán González – nacido en San Diego, California- tiene un contrato de 22.35 millones de dólares con los Mets, según el sitio especializado Sportrac.

 

Esta cifra es superada por el futbolista mexicano mejor pagado, Hirving Lozano, del PSV Eindhoven, que tiene un valor de mercado de 30 millones de euros (35.2 millones de dólares, aproximadamente), según Transfermarkt.

Empresas que ‘cachan’ del negocio beisbolero

 

La industria del beisbol en México no se limita únicamente a los equipos profesionales, a sus campos o a sus aficionados. El país también alberga a fabricantes y exportadores de artículos deportivos que han conseguido colocarse en el mercado internacional.

 

La empresa Rodasports, con sede en Aguascalientes, es una de ellas. La firma se convirtió en la primera exportadora mexicana de pelotas de beisbol a Estados Unidos, luego de que en 2014 mejoró sus estándares de calidad en un proyecto conjunto con el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt).

 

Hoy cerca de una cuarta parte de su producción -equivalente a 10,000 docenas de pelotas por año- va a la Unión Americana. Entre sus clientes se encuentra el fabricante de recursos deportivos Wilson.  

 

“Exportamos manoplas, cascos de protección y los implementos para los receptores. Todo menos uniformes”, dijo el director comercial de la empresa, Eduardo Rosales. “Aproximadamente, 40% de nuestra producción de guantes va a Estados Unidos”.

 

La empresa nació en las primeras décadas del siglo XX en la Ciudad de México, pero desde hace unos años se trasladó a Aguascalientes para atender mejor al mercado local y a los estados norteños, donde se concentra la mayor cantidad de ligas amateur o, en otras palabras: sus mejores clientes.

 

Una particularidad del beisbol es que, por reglamento, sus pelotas deben estar inmaculadamente blancas antes de cualquier partido oficial. Esto implica que los equipos deben comprar bolas muy seguido, tomando en cuenta que en México -contrario a Estados Unidos- hay ligas todo el año.

 

Por ello, en el caso de que el gobierno de López Obrador implemente el plan para promover el beisbol desde las escuelas, para las manufactureras solo representaría una cosa: más dinero.

 

Sin ir más lejos, Rodasport piensa aumentar su producción de 40,000 a 50,000 docenas de pelotas para 2019 y apunta a duplicarla en los próximos años para satisfacer la demanda en México, donde uno de sus clientes es la Federación Mexicana de Beisbol.

 

Seguramente no será la única firma en hacerlo. Pese a que no existen datos claros sobre el número de fabricantes de productos de beisbol, el INEGI tiene registrados casi 1,400 establecimientos dedicados a la manufactura de artículos deportivos, los cuales emplean a más de 2,300 personas, según cifras de 2016.

 

“Este es un mercado virgen y que tiene mucho potencial de crecimiento. El presidente electo es fan del beisbol y a fin de cuentas eso puede jugar a favor para expandir su industria”, señala Santiago Piedras.

Pese al entusiasmo que se vive por el crecimiento del sector, que se ha dado de una manera orgánica en los últimos años, el impulso que recibirá si la administración de Andrés Manuel López Obrador lleva a cabo su plan de promoción es todavía incierto.

 

“En términos legales y jurídicos, como titular del Ejecutivo, el presidente puede delinear todo tipo de política pública que se inscriba en el Plan Nacional de Desarrollo”, que es lo que su equipo ha hecho, considera el director de análisis de la consultoría Intélite, Eduardo Reyes.

 

La propuesta para titular de la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade), la excorredora y medallista olímpica Ana Gabriela Guevara y el próximo secretario de Educación Pública, Esteban Moctezuma, ya trabajan en un plan para articular la puesta en marcha del plan de López Obrador.

Pero realizarlo requerirá no solo de voluntad política, sino de atraer a una ciudadanía que lleva el futbol en el corazón.

 

“México tiene una base y una idiosincracia muy futbolera. Hay estudios que demuestran que hay una lógica aspiracional en practicarlo, pues para muchas familias significa una posibilidad de superación económica”, detalla Reyes, quien considera que “no es casualidad que muchos de los grandes ídolos provengan de familias de escasos recursos”, como Cuauhtémoc Blanco, gobernador electo de Morelos.

 

En ese sentido, el especialista asegura que conviene ver el proyecto lopezobradorista desde tres ejes:

Dentro de los temas que quedan por definir desde las trincheras de la próxima administración destaca el cómo se costeará el proyecto, porque habrá que contemplar artículos como caretas, manoplas, pelotas y bates necesarios para el juego.

De lo contrario, será difícil que el deporte se extienda por el territorio nacional, advierten los especialistas.

 

“En términos reales va a ser muy difícil que este deporte se pueda practicar a nivel nacional por términos de costeo. Además, si lo ves en términos económicos y culturales, el proyecto de López Obrador no tiene muchos pies ni mucha cabeza, es más bien una ambición personal que nace de un deseo propio y que es legítimo, pero eso no quiere decir que no tenga posibilidades de concretarse como él lo planteó”, asegura Reyes.