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Pool CEO

13 de marzo 2019 | 10:11 am

Shell pretende convertirse en la mayor compañía eléctrica del mundo en la década de 2030, a la par del cambio en los suministros mundiales de energía que se enfocan cada vez más en fuentes de bajas emisiones de carbono.

La holandesa –uno de los grupos de petróleo y gas más grandes del mundo- pretende desarrollar un negocio de energía que incluya suministro a clientes, el comercio y suministro de equipos a través de energías renovables, de acuerdo con el director de gas y nuevas energías de la compañía, Maarten Wetselaar.

El directivo aseguró que si Shell lograba su objetivo de reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero para 2035, “la cantidad de energía limpia que  tendremos para vender (…) nos hará por mucho la compañía de energía más grande del mundo ”.

Sin embargo, lograrlo dependería de obtener un rendimiento aceptable de capital de entre el 8 y 12%, aunque el funcionario de la compañía se dice confiado de poder lograrlo.

“Con nuestra marca, nuestra presencia global y nuestro negocio de gas podemos conseguir el gas más barato en cualquier parte, deberíamos poder ganar “, afirmó Wetselaar.

El funcionario aseguró que esto pondrá a los competidores en desventaja ya que la empresa cuenta ya con plantas de carbón y nucleares.

“Vemos que el futuro grupo de clientes es mucho más descentralizado, donde la gente tiene una batería en su sótano, la gente tiene paneles solares en el techo y quieren que los ayudemos a optimizar”, explicó.

Shell planea destinar a nuevas tecnologías energéticas, incluida la electricidad, entre 1,000 y 2,000 millones de dólares al año -de los 25,000 millones con que cuentan- hasta 2020, con la finalidad de “comprobar la hipótesis de que Shell podría tener éxito en la electricidad”. El plan durará un par de años para más tarde escalarlo.

Actualmente el negocio de Shell ahora es aproximadamente 65% de producción y refinación de petróleo, 25% de gas y 10% de productos químicos y otras operaciones, de acuerdo con Wetselaar.

Para la década de 2030, podría ser del 30% para el petróleo, el gas y la electricidad, con un 10% aún en productos químicos.

Al igual que otras grandes empresas europeas de la energía, como Total y Repsol, Shell ha estado invirtiendo fuertemente en la cadena de suministro de electricidad, desde la generación hasta los puntos de recarga de automóviles eléctricos.

Entre sus recientes adquisiciones se encuentra Sonenn, la compañía alemana de baterías, así como New Motion, una de las empresas de carga de vehículos eléctricos más grandes de Europa.

Alrededor del mundo los inversionistas presionan cada vez más a las grandes empresas de energía para asegurarse que sean lo suficientemente fuertes como para soportar el cambio hacia combustibles más limpios y seguir siendo rentables fuera de su negocio tradicional.

Wetselaar considera esto como “una muy buena oportunidad para las personas que son buenas en el comercio de energía y nosotros somos muy buenos en el comercio de energía”.