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Mario Calixto

Analista de Mercados

El café mexicano es considerado como uno de los más exquisitos en el mundo, aunque detrás de la fama y el negocio, existe una cruda realidad: el productor de café en México es un jugador abandonado y ahora solo produce café en su intento de sobrevivir.

 

Durante los últimos años, producir café no ha sido redituable. Los precios internacionales de la materia prima cayeron a su nivel más bajo de los últimos 15 años, a finales de mayo pasado.  

 

Así, mientras los especuladores negocian el precio internacional del café en Nueva York, los productores mexicanos, quienes en su mayoría viven en situación de pobreza, se debaten entre seguir adelante o no con sus cultivos, en tanto que México ha perdido relevancia en el panorama internacional de este grano. 

 

Los contratos a futuro del café en Nueva York promediaron 96.08 centavos de dólar por libra durante los primeros cinco meses del año. Lo anterior, representa una caída de 20% respecto al mismo periodo de 2018 y un derrumbe de 64% desde su promedio de 2011.

Una de las principales causas de la caída en el precio es la elevada producción de Brasil y Vietnam, quienes en conjunto aportan 54% del grano a nivel mundial, de acuerdo con la Organización Internacional del Café (ICO, por sus siglas en inglés).

 

Brasil aporta 37% de la producción mundial, por lo que pase o deje de pasar en el país sudamericano tiene repercusiones inmediatas en el precio del café a nivel internacional.

La caída en el precio internacional se ha resentido en México.

 

“En enero de 2017, un kilogramo de café pergamino -al que se le quita la cáscara y se obtiene café oro- se pagaba en 47 pesos. Hace unas semanas, el kilogramo se pagaba 41% por debajo, en apenas 28 pesos”,

dijo Fernando Celis Calleja, campesino veracruzano y vocero de la Coordinadora Nacional de Organizaciones Cafetaleras (CNOC).

 

Ante el castigo que sufren los productores, el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, puso en marcha el 31 de mayo el programa Bienestar para el Campo, con el que se dará 5,000 pesos a 250,000 pequeños productores este año. En total, el gobierno destinará 1,250 millones pesos.

 

A pesar de ser un buen esfuerzo del gobierno, es insuficiente ante la realidad del cafetalero mexicano.

 

“Lo que se necesita es que el gobierno, industria, los grandes sectores, nos unamos para definir criterios de precios de compra que debe estar basado en lo que paga el consumidor y no en el precio de la bolsa de Nueva York”

comentó Celis.

UN PRECIO QUE NO
BAJA PARA EL CONSUMIDOR

Las caídas en el precio internacional del café no se han visto reflejadas en lo que paga el consumidor, al contrario, el precio final ha aumentado en los últimos años en medio de un boom del negocio de cafeterías que tampoco beneficia a los campesinos.

 

“La preocupación constante entre los productores es el precio al que les compran el café, las plagas y el clima. Lo que hacemos es pactar un precio justo con las cooperativas por el café que estamos comprando”,

dijo León Reffreger, director general de La Borra del Café.

 

La Borra del Café es una de las casi 2,000 cafeterías de cadena que hay en el país, tiene 28 sucursales y la mayoría se ubican en Jalisco, pese a tener un crecimiento de ventas de doble dígito, el mercado es dominado por otros jugadores.

 

En 2017, Starbucks, controlado en México por Alsea, tenía una participación de mercado de 46.9%, seguido por Café Punta del Cielo con 11.6% y The Italian Coffee Shop con 10.6%. El restante 30.9% está repartido entre el resto de los participantes, según datos de Euromonitor.

Al cierre del primer trimestre, el segmento de cafetería aportó 25% de los ingresos de Alsea, es decir, 3,414 millones de pesos.

Si bien el negocio de cafeterías en México representa un negocio redituable hoy en día, las perspectivas que se tienen para los siguientes años son aún más atractivas gracias, en buena parte, a que el mexicano aumentará su consumo de café.

 

Para 2021, el valor de consumo de café molido y tostado rondará los 11,500 millones de pesos y, el consumo en menos de una década será de 5 millones de sacos de 60 kilos, actualmente ronda los 3.2 millones.

 

No obstante, el campesino mexicano no se lleva ni una ración de este éxito.

EL CAMPESINO POBRE

En 2017, 495 municipios de México sembraron 722,473 hectáreas de café, con lo que obtuvieron un valor de producción de 4,905 millones de pesos, según datos de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sagarpa).

 

Los 50 municipios más importantes, por valor de producción de café, tenían una constante: la pobreza. Los municipios forman parte de Chiapas, Guerrero, Hidalgo, Nayarit, Puebla y Veracruz.

 

De la población de 47 de esos 50 municipios, 60% o 1.7 millones de personas, vive en condiciones de pobreza, es decir, con por lo menos una carencia social y su ingreso es insuficiente para adquirir los bienes y servicios que requiere para satisfacer sus necesidades alimentarias y no alimentarias, de acuerdo con datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval).

 

Pero, en municipios como San Juan Cancuc, Chiapas, 99.6% de la población es pobre, ahí el valor de la producción de café fue de 42.7 millones de pesos en 2017.

“En el futuro podemos sufrir de escasez de productores. Los hijos de un campesino ya no quieren trabajar la tierra porque se dan cuenta que su papá, que es productor, vende café no para vivir sino para sobrevivir”,

dijo Alan Robles, estratega de inversiones en CM Derivados.

 

Mientras el cafetalero se debate entre seguir o no con sus cultivos, México ha perdido relevancia en el panorama internacional del café.

 

En 1995, México llegó a ser el tercer productor más importante del mundo, poco más de dos décadas después, el país ocupa la posición 11, con una producción de 3.8 millones de sacos de café en la cosecha 2018/2019, una caída de 28% frente a la de hace 24 años.

 

Incluso, en la cosecha del 2015/2016, la roya -plaga producida por un hongo que ataca al café- llevó a la producción de México a su nivel más bajo desde la década de 1960, con apenas 2.5 millones de sacos de café.

Además de la roya, los bajos precios a nivel internacional y que los campesinos ya no ven al café como un negocio, la elevada producción de países como Brasil y Vietnam ha puesto presión sobre el precio del café a nivel mundial.

 

De 1990 a la fecha, Brasil elevó su producción 120% y Vietnam en 2,220%, suficiente para tirar el precio de la materia prima.

 

A diferencia de México, que  produce la variedad de café arábica, esto es, de mayor complejidad y categoría, Brasil y Vietnam se centran en el café denominado robusta que es más barato e intenso y, para dichos países su producción es más barata.

 

Las grandes empresas como Nestlé -que anunció una inversión de 154 millones de dólares en Veracruz en una fábrica- demandan más robusta y han desatado una nueva problemática para el cafetalero mexicano, satisfacer sus necesidades por un menor precio, o colocar un café de mayor calidad –arábica- en un mercado más específico, con el temor de fracasar en el intento.

EL TEMOR A UNA CRISIS
INTERNACIONAL

 

 

En la parte internacional, la guerra comercial que ha desatado el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, siembra temor de llevar al mundo a tener un impacto grave en la economía y donde se abre la puerta a que la actividad económica no solo se desacelere, sino que caiga en recesión.

 

Si la guerra comercial se complica, “provocaría menos consumo y más inventarios en materias primas como el café, la fórmula perfecta para impactar los precios”, dijo Alfonso García Araneda, director general de Gamaa Derivados.

 

Con la presión internacional, el futuro de la industria del café en México está en el consumo interno.

 

“El futuro del café en México está en el consumo interno, pero el precio debe estar relacionado a lo que le venden al consumidor, ya no a la bolsa de referencia o los precios de otros cafés”,

dijo Celis.

 

Aunque la apuesta de la industria por el mercado interno ya está definida, los desafíos son claros: buscar precios más justos para el productor y presupuesto a investigación y control de plagas, como la roya.

“Nos beneficia que el mexicano entienda el valor que tiene en su tierra, que el café que tenemos es valioso y es bueno. El crecimiento del consumo interno es muy afortunado para nosotros porque se buscarán nuevos espacios para tomar café”,

dijo Reffreger.

 

El potencial del café mexicano y su relevancia a nivel mundial está comprobado, aunque los intereses de los distintos jugadores -como empresas y gobierno- se deben encaminar a una misma dirección: no dejar en el olvido a lo que hoy es el eslabón más débil, el productor.  

 

Al cierre del 2016, las familias mexicanas destinaban a alimentos, bebidas y tabaco 35.2% del gasto corriente monetario. Dentro del rubro de alimentos, bebidas y tabaco, los mayores gastos se hacían en carnes y después alimentos y bebidas consumidos fuera de casa.  

 

El 85% de los mexicanos toman de una a tres tazas de café al día, de acuerdo a Profeco y las estimaciones es que el consumo de café aumenta 2% cada año.

Reportero: Mario Calixto
Diseño y programación: Cristian Laris