11 de febrero 2019 | 5:00 am

La crisis del 2008 provocó que los principales bancos centrales aplicaran medidas poco ortodoxas para reactivar la economía lo más pronto posible, pero a una década de distancia, las que fueron soluciones lucen ahora como los nuevos problemas.

Una medida que se tomó hace 10 años fue llevar las tasas de interés a niveles históricamente bajos. La Reserva Federal (Fed), el Banco Central Europeo (BCE), el Banco de Japón (BoJ) y el Banco de Inglaterra (BoE) las llevaron a 0%. Incluso, en Japón, las tasas se encuentran en terreno negativo. Y, adicionalmente, inyectaron liquidez a sus economías.

Una tasa de interés baja lo que hace es abaratar el dinero, incentivar el crédito y el consumo. “Es inyectarle vitalidad a la economía”, dijo Édgar Arenas, gerente de Estrategia e Inversión de CI Banco.

Los estímulos surtieron efecto años después. Tan solo en 2017, el PIB mundial avanzó 3.1% y el año pasado se prevé que el crecimiento haya sido de 3%, de acuerdo con datos del Banco Mundial.

Ahora la realidad es distinta. La mayoría de los pronósticos apuntan a que la economía mundial se desacelerará y existe el temor -todavía pequeño- que se llegue a una recesión.

“En el corto plazo, no creemos que la probabilidad de una recesión sea elevada, aunque estamos atentos a las señales que la economía se está desacelerando más rápido de lo que esperamos”, dijo Michael Gapen, economista en Jefe de Estados Unidos de Barclays, en un estudio.

El problema es que los bancos centrales más importantes mantienen tasas bajas; por lo que ya no tienen disponible esa herramienta para impulsar a sus economías ante una desaceleración, que luce inminente.

Los recortes en las tasas de interés son un ‘colchón’ cuando se desacelera la economía, pero en un escenario con tasas bajas (como hoy en día) los resultados de la disminución en los tipos de interés serían limitados. Estamos pisando un terreno poco explorado”, comentó Arenas.

Cuando estalló la crisis de las puntocom, en marzo del 2000, la Fed tuvo ese ‘colchón’ de recortar su tasa de interés de niveles de 6.5% hasta 1%. Cuando la crisis subprime llegó a su momento más álgido, en septiembre de 2008, fue similar: la tasa de interés pasó de 5.25% a 0.25%.

Hoy, la Fed ubica su tasa de interés en un rango de 2.25 y 2.50%, y algunos analistas esperan un alza este 2019, aunque el consenso tiene descartado cualquier incremento.

Una de las razones para esperar al menos un incremento de la Fed responde a que, en caso de llegar a un estancamiento o desaceleración económica, una forma de estimular la economía es con un recorte en la tasa de interés y el actual nivel no da margen para eso.

El problemas de los cuatro billones de dólares

La baja en las tasas de interés hace una década fue una manera de apuntalar a la principal economía del mundo, pero no la única.

La Fed inyectó liquidez con un programa de estímulos para comprar deuda pública a modo de inversión, un proceso mejor conocido como Quantitative Easing (QE).

A mediados de enero del 2015, el QE llegó a su punto más alto, con 4.5 billones de dólares. Con una economía robusta y en crecimiento, la Fed ha recortado por semana -los últimos 12 meses- alrededor de 7,413 millones de dólares.

De seguir con ese ritmo, para inicios de marzo, el QE se ubicará en 3.9 billones de dólares, algo que no sucede desde diciembre del 2013.

“Prolongar el QE puede traer consecuencias económicas como un incremento en los precios, pérdida del poder adquisitivo y puede reducir el efecto positivo del programa”, dice un estudio de BBVA.

Por ahora, “no debemos apresurarnos con predicciones catastróficas sobre una recesión estadounidense, china o global para 2019-2020”, comentó en un análisis Igor de Maack, gestor de fondos de DNCA, filial de Natixis IM. Aunque la volatilidad en los mercados estará presente.

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