
En menos de 50 años, China transformó el contrabando de tecnología en CDMX
El comercio ilegal de electrónicos y tecnología en Ciudad de México pasó de ser un esquema centrado en pequeños comerciantes, a una red global dominada por la manufactura China. Las mafias asiáticas ahora controlan el contrabando millonario de celulares, consolas de videojuegos, pantallas, baterías de litio, entre otros.
Cruzar el océano, hasta llegar al territorio del “dragón asiático’’ se convirtió en una aventura redituable. Sin un traductor o un guía que les dijera en dónde y a quién recurrir, “Neto” y sus dos amigos arribaron para negociar con los chinos y traer mercancías de moda y fayuca con el fin de venderlas en el corazón de Tepito, en Ciudad de México.
“Traje shampoo y los relojes con radio que tenían sus audífonos. Se vendía bastante porque era la novedad aquí”, platica de lo ocurrido hace poco más de tres décadas y media.

En otros viajes sumó más aparatos electrónicos y tecnología como reproductores tipo Walkman. “Antes duraba un mes para que te llegara la mercancía. Después poco a poco ya fue menos tiempo: tres semanas, dos semanas, una”, rememora sentado a las afueras de su local, en las que cuelgan en sus exhibidores decenas de audífonos, cargadores, cables y conectores para celulares, mientras que adentro su esposa comercia bolsos, carteras y más productos para mujer.
El inicio del contrabando en CDMX
Hablar con el “Neto”, un veterano del ‘Barrio Bravo’, del contrabando de mercancías, es intentar desprenderlo de las palabras. En unas cuantas frases resume sus inicios entre mediados de los años 70 y 80, cuando apenas tenía 20 años de edad y también viajaba —así como sus vecinos comerciantes— a Nuevo Laredo, Tamaulipas, para adquirir productos ‘gabachos’.
“Los que tenían visas iban a Los Ángeles, y traían la mercancía acá para Tepito”, cuenta. “Se traía, pues lo que era antes la fayuca, se traían aparatos electrónicos, electrodomésticos…”, detalla.
Los productos se transportaban por las vías ferroviarias hacia el centro del país —mucho antes de que se firmara el Tratado de Libre Comercio (TLC) en diciembre de 1992, con el expresidente Carlos Salinas de Gortari— y los colocaba sobre una tabla apoyada en huacales de madera para comerciarlos en la colonia Morelos.
La fayuca como se conocía tendría su auge y también su caída décadas después. El mercado negro de electrónicos se transformaría. La venta de piratería es dominada por las plataformas digitales y los ciudadanos chinos, que ahora operan desde plazas y bodegas de varios estados y la zona centro de la capital del país, las cuales terminan revendidas en Tepito y distintos mercados a nivel nacional, mientras los operativos de decomisos en las aduanas se han desplomado.
Parálisis aduanera y la distribución de la falsificación
Una revisión de EL CEO —a documentos de la Agencia Nacional de Aduanas de México (ANAM) obtenidos vía Transparencia— encontró que en 15 de las 50 aduanas marítimas, aéreas, fronterizas y terrestres de México, se registraron 859 aseguramientos de piratería electrónica, con un total de 2,289 millones de piezas entre 2014 a julio de 2026.
Sin embargo, los operativos de aseguramiento se desplomaron durante las administraciones de Andrés Manuel López Obrador y la presidenta Claudia Sheinbaum. El pico se concentró en 2019, con 168; luego a 142 en 2021; pero después pasaron a seis en 2025, y finalmente seis más en el primer semestre de 2026.
Los productos decomisados van desde equipo de cómputo, celulares, consolas de videojuegos, diversos tipos de pantallas, baterías de litio, portátiles y recargables, audífonos alámbricos e inalámbricos, “airpods”, aparatos de radiocomunicación, cables y memorias USB, circuitos electrónicos, integrados y modulares, displays, tabletas, partes para celulares, videocámaras, entre otros aparatos electrónicos.
La Aduana de Manzanillo, en Colima, y la de Lázaro Cárdenas, en Michoacán, representan las principales puertas de entrada marítimas al concentrar el 88.7% de los aseguramientos del país. Detrás de ellas aparecen las de Toluca, el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), Monterrey, Guadalajara, Veracruz, Querétaro y Tijuana.
Al menos en 60 puntos se comercializa la piratería electrónica
El Estudio sobre mercados notorios de piratería en México 2026, elaborado por el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI), identifica 148 mercados físicos de falsificación distribuidos en 30 entidades –a excepción de Sonora y Veracruz al carecer de datos–. En 60 de estos puntos se comercializan principalmente productos electrónicos y celulares.
El IMPI apunta que en la Ciudad de México se tienen identificados la zona de Tepito, Plaza de la Tecnología y Plaza Comercial Meave, como los principales puntos de venta. Otros son el mercado de La Pulga, que se ubica entre los límites de la CDMX y el Edomex; el tianguis dominical El Baratillo, en Jalisco; así como el de Pulga Río, mercado San Luisito, Colegio Civil, Plaza de la Tecnología, Pulga Guadalupe y mercado Ciudad Deportiva, en Nuevo León.
La espiral de violencia
Los aparatos electrónicos se posicionan entre las cinco categorías con mayor presencia ilícita, solo detrás de la ropa, calzado, bolsas y cosméticos. Pero hay un fondo más allá, en el que este ilícito arrastra una espiral de violencia: riñas, homicidios, fraude, extorsión, secuestro y corrupción.
Apenas a inicio de septiembre de 2026, una comerciante de Plaza Meave, fue vinculada a proceso por presuntamente haber enviado a un grupo de sicarios a asesinar a un vendedor, en el interior de una vecindad de la colonia Morelos. Una semana antes, un líder de comerciantes fue ultimado por hombres armados a unos metros de ahí, en la calle Del Carmen, en el Centro Histórico de la CDMX.
Las mafias asiáticas se han expandido en CDMX, que inclusive agentes de inteligencia local y federal han compartido información sobre personas de origen chino. En dichos reportes consultados por EL CEO —y que corresponden a la filtración conocida como Guacamaya Leaks—, se muestra el seguimiento puntual que las autoridades les han hecho, teniendo objetivos en colonias como Centro, Iztacalco y Roma.
A nivel mundial, el Mapeo del comercio global en falsificaciones 2025 elaborado por la Dirección de Comercio y Agricultura de la OCDE y el Servicio de Inteligencia de Economía y Datos de la EUIPO, confirman la hegemonía asiática.
China y Hong Kong se mantienen como las principales economías de origen del producto apócrifo mundial, un negocio que en 2021 se tasó en 467,000 millones de dólares, lo que representa el 2.3% del total de las importaciones mundiales.
Mutación del delito
Cinthia Castillo Loredo, especialista en propiedad intelectual, explica que la palabra piratería es un término cultural y jurídicamente que engloba la reproducción, importación y venta no autorizada de bienes protegidos. Así mismo, la asociada de la firma Marcapolis, dice que la irrupción de la manufactura masiva en Asia cambió radicalmente la dinámica industrial, al notar que la maquila era mucho más barata en China.
“¿Y que empezaron a hacer? Es, tú (como marca) me encargas 100 celulares, hago 200. Cien te los mando a ti y a los otros los voy a mandar por otro contenedor. Pueden no traer marca. Pero esos justo son los que se van directamente y que traen los chinos”, expone.
A esto agrega: “Empezamos a ver actualmente cómo es que muchas empresas empiezan a maquilar, a hacer las tarjetas SIM, el IMEI, todo lo empiezan a hacer ya directamente por la manufactura china. Y eso permitió que se hiciera mucho más grande la importación de productos que no iban a representar un mercado legal”.
Los riesgos de la piratería
Sin embargo, adquirir un clon tecnológico puede conllevar riesgos invisibles para el usuario e incluso representa un peligro directo para la integridad física. Ante esto Castillo Loredo advierte que, a diferencia de una prenda de vestir, la tecnología apócrifa es una puerta de entrada a la delincuencia informática y a accidentes.
“Este tipo de dispositivos, en tablets, en computadoras, en celulares, inclusive audífonos, todas las cuestiones electrónicas, también pueden venir infectados con lo que se llama el malware o el farmware, todos estos como softwares que lo que hacen es que captan los datos y al final los datos se ven vulnerados”, asegura.
En cuanto a los riesgos físicos subraya: “Este tipo de dispositivos tienen control, por ejemplo, en el voltaje, a lo mejor un voltaje americano, pero a veces aquí llegan voltajes que estaban para Europa y pues evidentemente se van a quemar”, dice. “Hay un sobrecalentamiento en los dispositivos electrónicos, hay una menor calidad (…) puedes dañar tu cara (si explotan)”.
Impunidad en la venta de piratería
A pesar de que la ley contempla sanciones administrativas, civiles y penales, combatir la red resulta complejo debido a la burocracia y los costos operativos.
“La Fiscalía tiene que tener todo este conocimiento de propiedad intelectual, es porque a veces son muy complejos en dar seguimiento y son cuestiones burocráticas. Y por eso a veces no llevan a cabo estos procedimientos. ¿Por qué? Porque trabajar con la Fiscalía es mover a todo un personal y para ello necesitan recursos”, admite la experta Cinthia Castillo.
A esto se suma la evolución del comercio de piratería en plataformas digitales. Migró de los puestos o locales comerciales a plataformas como Facebook, Mercado Libre, YouTube o TikTok.
Por otra parte, existen acuerdos para eliminar cuentas bajo leyes internacionales, como la Ley de Derechos de Autor de la Era Digital (DMCA, por sus siglas en inglés), sin embargo, la legislación mexicana ha batallado para actuar, lamenta Cinthia Castillo.
La especialista expone que actualmente se discute en la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), un criterio clave para permitir al IMPI el bloqueo inmediato de sitios Web que vendan mercancía apócrifa, superando la traba legal que impedía dar de baja páginas que mezclaban contenido legal con ilegal.
Tepito es cultura y gente chambeadora
La familia de Ricardo López se ha dedicado a la venta de pozole desde hace seis décadas. “Nací en 1970 ¿y qué crees? A los cinco o seis años empecé a trabajar de esto, con mi mamá”, platica desde el interior de su negocio, justo a unos pasos del local de don “Neto”, mientras el hervor de las cazuelas impregna el lugar. A su corta edad recuerda los inicios de la venta de mercancías contrabandeadas: “Aquí no había nada de eso. Había fayuca en las partes de alrededor de acá de Av. Reforma, de (las calles) Matamoros, Tenochtitlán, todas las calles del barrio, pero más para allá”.
En el centro de Tepito, dice, se caracterizaba por los negocios de hojalateros, tablajeros y comerciantes de comida como ellos. Luego se dio el auge de la fayuca y la gente comenzó a llegar desde otras zonas de la Ciudad de México y sus alrededores, al punto que no se podía ni caminar.
Décadas después entró la mercancía pirata, los clones, las copias. “Empezó a haber más piratería como discos, películas, casetes, grabados, películas de DVD, todo eso, pero eso sí ya también ya se fue erradicando (con la era de lo digital)”, cuenta Ricardo, al detallar que incluso cuando había operativos para decomisar mercancía el ambiente se volvía tenso.
Mercado negro en Tepito
Jesús, un comerciante de relojes mecánicos y smartwatch, tiene presente aquellas escenas, en las que tenían que guardar apresurados sus mercancías mientras se escuchaban los chiflidos que indican del operativo.
“La ventaja de aquí, es que estamos en el centro (de Tepito). Todo se empezaba a guardar y aventar, buscar en dónde meterse y donde guardar, si estabas cerca de tu bodega”, describe. “Si no, pues quién te eche la mano. Muchas ocasiones era de recoger y destrozar tu mercancía”, detalla al rememorar cada secuencia de lo ocurrido.
“Ahorita hay operativos. Desafortunadamente ya es en otro tipo de cosas, pero cuando era lo de la piratería, lo de la fayuca, una vez llegó a entrar hasta el Ejército”, narra el comerciante de pozole. “Y pues la verdad, gente que nacimos aquí, gente que son personas que no se dedican a eso, pues sí, hubo muchos problemas, porque se llevaban a inocentes o gente que nada más trabaja y no se metía en todo ese tipo de cosas aquí”, lamenta.
Más que el estigma
Ricardo asegura que el “Barrio Bravo” es más que el estigma de la fayuca, de la piratería o la operación de grupos del crimen organizado.
“Ser de aquí del barrio es ser una persona arraigada a las tradiciones que hay, que somos gente trabajadora, que se dedica no a lo malo, sino a cosas que nos inculcaron nuestros papás”, dice ya que habitantes como él, quieren darle otro aspecto y que los visitantes acudan a disfrutar de su gastronomía, las tradiciones e incluso conocer sobre sus deportistas, como boxeadores o los que han crecido jugando en el campo deportivo del Maracana de Tepito.
Y aunque el centro de CDMX ha convivido desde el siglo pasado con el contrabando de mercancías, así con el trabajo y la cultura de sus habitantes, ahora enfrenta nuevas oleadas de piratería china que llegan por cielo, mar y tierra, dejando a un lado aquellas décadas de oro de la fayuca gringa y expediciones al ‘territorio del dragón’.
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