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19 de mayo 2019 | 5:00 am

En el Mundial de futbol femenino de este año en Francia, que se lleva a cabo del 7 junio al 7 julio, el equipo campeón se llevará 3.5 millones de euros, 10 veces menos que lo que consiguieron los Bleus el año pasado al triunfar en la cita masculina de Rusia.

En este deporte, la desigualdad salarial es la norma, con muy contadas excepciones.

En Estados Unidos, el pasado 8 de marzo -Día Internacional por los Derechos de las Mujeres-, las campeonas mundiales de futbol femenino presentaron una denuncia en un tribunal de Los Ángeles contra su Federación por discriminación.

Reprochan unas primas más reducidas que las de los hombres y unas condiciones de entrenamiento menos buenas, pese a su impresionante palmarés, mientras que el equipo masculino tiene resultados internacionales mucho más modestos.

En su lucha, las futbolistas del ‘Team USA’ pueden tener de inspiración y modelo lo que ocurre en los países escandinavos, los pioneros en esta cuestión.

“La USSF (la Federación Estadounidense de Futbol) ha fracasado completamente en la promoción de la igualdad de sexos”, acusan las 28 denunciantes, mientras la Federación mostró su “sorpresa por este proceso” y ofreció su disposición a entablar nuevas negociaciones con las jugadoras “para comprender mejor sus reivindicaciones y problemas”.

En 2017, las futbolistas danesas se declararon en huelga para protestar por sus modestas remuneraciones.

Ese mismo año, la capitana de la selección femenina de Noruega, Maren Mjelde, y su homólogo masculino, Stefan Johansen, firmaron simbólicamente un acuerdo para instaurar la igualdad salarial entre sus dos equipos.

Tras la problemática, la Federación Noruega de Futbol decidió dedicar a la selección femenina una parte de las cantidades percibidas por los patrocinios del equipo masculino, en lo que consideró una fuente de “inspiración” para otros países.

En Corea del Sur, sin embargo, las importantes diferencias entre las remuneraciones y las condiciones de trabajo entre hombres y mujeres continúan.

En 2015, la Federación Surcoreana de Futbol (KFA) fue criticada públicamente por organizar un viaje de la selección nacional femenina -en la que está la estrella del Chelsea Ji So-Yun- en clase turista, mientras que la selección masculina viajaba en ‘business’.

“Los jugadores aportan mucho más dinero a la Federación”, se defendió la KFA.

La liga femenina surcoreana no encontró patrocinadores y las jugadoras, semiprofesionales, tienen salarios a años luz de los hombres.

“No hay mercado porque poca gente quiere pagar por ver futbol femenino. Eso se debe en parte al sexismo, que persiste en el deporte de Corea del Sur”, estima Choi Dong-ho, quien ha investigado sobre esta cuestión.

En Italia, las futbolistas no tienen estatus profesional y reciben un máximo de 30,658 euros (alrededor de 34,200 dólares) por año, además del reembolso de ciertos gastos. Los salarios no superan los 3,000 o 4,000 euros al mes (entre 3,350 y 4,460 dólares).

En Francia, la jugadora mejor pagada y primer Balón de Oro del futbol femenino, la noruega Ada Hegerberg , del Lyon, recibe un salario récord de unos 400,000 euros por año, mientras que el brasileño Neymar (París Saint-Germain) percibe unos 30 millones.

La media salarial en la primera división francesa de futbol, formada por dos gigantes (Lyon, París SG) y otras formaciones mucho más modestas, gira alrededor de 3,500 euros mensuales.

La evolución de los salarios depende del ecosistema global del futbol femenino, entre patrocinadores y derechos de televisión, subrayó la vicepresidenta de la Federación Francesa de Futbol (FFF), Brigitte Henriques, en un coloquio en París en febrero.