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5 de abril 2019 | 9:00 am

La frontera norte de México está recibiendo nuevamente atención poco halagüeña de parte del presidente de Estados Unidos.

Este jueves, el presidente norteamericano Donald Trump amenazó con imponer aranceles de 25% a los automóviles manufacturados en México, a menos de que el país se esfuerce por detener la inmigración ilegal y el narcotráfico, que ha catalogado como “emergencias nacionales” en la antesala de su campaña de reelección.

Horas antes, Trump suavizó las advertencias que profirió desde la semana pasada sobre un posible cierre en la frontera, que pasó de ser prácticamente inmediato a convertirse en un proyecto de un año.

“Antes de cerrar la frontera, aplicaremos aranceles a los autos. No creo que alguna vez tengamos que cerrar la frontera porque la penalización de los aranceles a los autos que ingresan a Estados Unidos desde México en un 25% será enorme”, advirtió.

Los mensajes recientes sobre el tema se suman a los otros que ha lanzado el mandatario desde su precampaña por la presidencia, cuyo eje rector era la construcción de un muro en la frontera con México. Sin embargo, esta administración no es la primera en poner la atención en la franja de tierra que divide a ambos países.

Una historia controvertida

La relación entre los habitantes de la frontera norte de México con sus vecinos estadounidenses ha cambiado a través de las décadas.

Durante la primera mitad del siglo XX, el movimiento de personas de un país a otro estaba no solo naturalizado, sino que era deseado. Con excepción del periodo de la Revolución Mexicana, en el que hubo algunos incidentes en la frontera norte, los límites territoriales eran porosos y la tolerancia a ciertas actividades era alta.

“Las ciudades fronterizas se convierten en exutorio para esos ‘turistas del vicio’ cuando la prohibición se desarrollaba en Estados Unidos y se promulgaban leyes contra la prostitución y juegos de azar en Texas y California”, detalla Jean Revel en su texto La frontera México-Estados Unidos: mexicanización e internacionalización.

Ese fue uno de los factores que permitió el crecimiento de los estados de Texas, Arizona y California como polos comerciales.

A partir del programa de braceros —migrantes temporales mexicanos que trabajaban en los cultivos estadounidenses— en 1942, las ciudades fronterizas comenzaron a multiplicar su población y la economía en el lado mexicano se especializó “en función de las ventajas comparativas resultantes del bajo costos de la mano de obra y de la tolerancia oficial con relación a las actividades marginales”, escribe Revel.

Sin embargo, las labores de vigilancia y de protección fueron recrudeciéndose con el tiempo, en la medida en que factores como el narcotráfico comenzaron a crecer.

En la década de 1980, el entonces presidente estadounidense Ronald Reagan ordenó la creación de una patrulla militar antidrogas, que se desplegó en la frontera. El operativo fue suspendido después.

Por si te interesa: ¿Puede Estados Unidos cerrar su frontera con México?

Pese a otros episodios de militarización e incremento de la vigilancia en la década de 1990, no fue sino hasta 2001, tras el ataque a las Torres Gemelas, que el gobierno de George W. Bush ordenó más vigilancia fronteriza.

En 2010, Barack Obama también apostó por fortalecer la frontera debido al incremento de violencia por narcotráfico en México.

En abril de 2018, Trump envió nuevamente militares a la frontera con México. En ese momento, la administración del entonces presidente Enrique Peña Nieto condenó los hechos y advirtió que se podría dañar la relación entre ambos países.

Migración: un tema ‘espinoso’

El tema que más relevancia ha cobrado en el gobierno de Trump es la migración.

Desde las acusaciones contra los inmigrantes indocumentados por ser “narcotraficantes” y “bad hombres” hasta la instalación de centros de detención para quienes atraviesan la frontera, el presidente ha acaparado el foco mediático sobre el tema. Sin embargo, la realidad es que cada vez hay menos mexicanos buscando “el sueño americano” que hace una década.

Hasta enero de este año, había un estimado de 1.2 millones de mexicanos en territorio estadounidense, de acuerdo con cifras del Pew Center. Pero cada vez llegan menos.

La cifra de migrantes mexicanos indocumentados es la menor en más de una década. El número estimado de inmigrantes indocumentados provenientes de México decreció alrededor de 27% entre 2007 y 2016, al pasar de 6.9 millones a 5.4 millones de llegadas anuales.

“El descenso se debe casi completamente a un abrupto decrecimiento de mexicanos entrando en el país sin autorización”, dice un documento de la institución publicado en noviembre de 2018.

Pero por la frontera mexicana no solo pasan mexicanos.

En la última década se ha registrado un mayor número de inmigrantes indocumentados de El Salvador, Guatemala y Honduras cruzando por la franja en camino a Estados Unidos. De hecho, las aprehensiones en la frontera sur han afectado en su mayor parte (95%) a personas de México y estas tres naciones. Pero, mientras que el número de detenidos centroamericanos ha aumentado, en 2017 solo se aprehendieron 130,000 connacionales, la menor cifra desde 1968.

Durante las administraciones de George Bush y Barack Obama, las deportaciones totales pasaron de 211,0000 anuales en 2003 a 433,000 anuales en 2013, de acuerdo con estadísticas del Departamento de Seguridad Nacional estadounidense.

Este viernes, Trump visitará la frontera sur de California y el sábado tiene programado otro evento en el extremo sur del territorio estadounidense.