Pese a las presiones inflacionarias en el país y la fase recesiva que vive Estados Unidos, la manufactura mexicana obtuvo resultados positivos en junio, respecto a lo registrado el año pasado.

De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el valor de producción manufacturera ascendió a 883,893 millones de pesos corrientes en el sexto mes del 2022.


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Dicho monto fue 8.1% superior, en términos reales, al nivel productivo de igual periodo del 2021; esta tasa representó hilar siete meses con crecimientos superiores a 8%.

La manufactura, que es el motor económico de México, solamente presentó dos caídas en su industria: fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir (13.2%), y fabricación de equipo de computación, comunicación, medición y de otros equipos, componentes y accesorios electrónicos (2.4%).

Aunque la mirada de los mercados estaba puesta en la fabricación de equipo de transporte, que es la industria más importante del territorio nacional con 30.0% del valor total.

La fabricación de equipo de transporte, principalmente automotriz, aumentó 3.3% a tasa anual real, manifestando que el efecto del déficit de semiconductores quedó superado.

En tanto, las industrias que mostraron los mayores incrementos durante junio pasado fueron:

  • Fabricación de productos derivados del petróleo y del carbón (55.4%)
  • Industria química (20.2%)
  • Fabricación de prendas de vestir (14.9%)
  • Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (10.6%)

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Riesgos

Si bien la manufactura nacional exhibió fortaleza en junio, aún existen riesgos que puedan mermar su producción.

El principal riesgo es la situación de Estados Unidos, el mayor demandante de manufacturas mexicanas, cuyo PIB se contrajo 0.9% a tasa anualizada en el segundo trimestre, como primera estimación, la segunda baja consecutiva (1.6% en el primer trimestre), dando como resultado una fase recesiva.

A nivel doméstico los riesgos son las presiones inflacionarias, el incremento en las tasas de interés y la incertidumbre económica que impactan en el gasto de los hogares y la inversión de las empresas.