27 de julio 2021 | 5:00 am

Análisis EL CEO

En medio de un año de recuperación económica, el empleo en México muestra dos caras distintas. Por un lado, si bien aumentó la población ocupada al cierre del primer semestre del año, por el otro lado, dichos puestos se obtuvieron con peores condiciones a las que se tenían antes de la pandemia. 

A junio de este año, se registraron 55.08 millones de personas ocupadas, cifra que representa un aumento de 7.02 millones respecto a igual periodo del 2020, según datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

Este incremento de los ocupados en el país se presenta por una baja base de comparación, recordando que en junio del año pasado terminó la jornada nacional de sana distancia para evitar la propagación del COVID-19, tras dos meses de confinamiento y paro total de actividades no esenciales (se llegaron a perder 12.46 millones de empleos por la pandemia).

Además, el crecimiento de ocupados vino acompañado de alzas en tasas complementarias que manifiestan precariedad en el mercado laboral. Tal es el caso de la tasa de informalidad laboral (TIL1), la cual pasó de 53.03% al cierre de junio de 2020 a 55.37% a junio de 2021. 

Dicha tasa se refiere a la suma, sin duplicar, de los ocupados que son laboralmente vulnerables por la naturaleza de la unidad económica para la que trabajan; en esta tasa se incluye a micronegocios no registrados, agricultura de subsistencia y trabajadores sin seguridad social.

México recuperó empleos, pero aún están por debajo de niveles del sexenio pasado

La tasa de ocupación en el sector informal (TOSI1) que representa a la población ocupada que trabaja para una unidad económica que opera a partir de los recursos del hogar, pero sin constituirse como empresa, pasó de 24.62% al cierre de junio de 2020  a  27.46% en el mismo periodo de 2021. 

Otro indicador desfavorable es la tasa de trabajo asalariado, que pasó de 67.98% a 65.92% de los ocupados en el periodo de análisis, es decir, disminuyó la población que percibe de la unidad económica para la que trabaja un sueldo o salario por las actividades realizadas.

Además, la tasa de condiciones críticas de ocupación se colocó en 25.57% de los ocupados, cuando un año antes se ubicó en 24.31%; el Inegi aclara que omite la comparación con el 2020 por el cambio en los niveles del salario mínimo.

Esta tasa es un indicador de condiciones inadecuadas de empleo desde el punto de vista del tiempo de trabajo, los ingresos o una combinación insatisfactoria de ambos y resulta particularmente sensible en las áreas rurales del país, explica el Inegi. 

Incluye a las personas que se encuentran trabajando menos de 35 horas a la semana por razones ajenas a sus decisiones, más las que trabajan más de 35 horas semanales con ingresos mensuales inferiores al salario mínimo y las que laboran más de 48 horas semanales ganando hasta dos salarios mínimos.

Falta medio millón de empleos por recuperar

Los datos de ocupación muestran un panorama alentador para el país, pero al comparar las 55.08 millones de personas ocupadas que se registraron al cierre de junio pasado, estas todavía se encuentran por debajo de lo que se tenía en 2019. 

En el primer semestre del 2019, es decir, antes de la pandemia del COVID-19, se reportaron 55.58 millones de personas ocupadas, con lo que aún falta por recuperar 500,715 empleos, de acuerdo con los datos del Inegi. 

A excepción de la informalidad laboral, todas las tasas complementarias aumentaron de forma anual, destacando la de subocupación, que es el porcentaje de la población ocupada que tiene la necesidad y disponibilidad de ofertar más tiempo de trabajo de lo que su ocupación actual le permite, al incrementar de 7.56% a 12.36%.