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10 de agosto 2019 | 5:00 am

Pese a la expansión de la riqueza a nivel mundial, el auge en la demanda por las propiedades de lujo se está terminando.

La afluencia de inversionistas se vio alimentada por el auge de la riqueza asiática aunado al deseo de almacenar esos recursos en un lugar estable en el extranjero. 

Los desarrolladores apuntaban tanto a inversionistas con hipotecas como a aquellos lo suficientemente ricos como para pagar en efectivo.

“El capital global que ingresa a los mercados inmobiliarios locales no es particularmente nuevo, pero lo nuevo era la intensidad con la que ingresó a lugares como Vancouver, Nueva York, Londres, Melbourne y Sydney”, dijo el académico Andy Yan al Financial Times.

La demanda llegó a su máximo en 2014 y 2015, cuando los ultrarricos en Shanghai, Kuala Lumpur y Mumbai compraron casas sin construir en el extranjero a partir de publicidad que prometía conserjes las 24 horas, gimnasios, piscinas y beneficios financieros casi inmediatos.

Pero las ganancias no se materializaron. En 2016 un folleto de nueva construcción del agente inmobiliario Savills, en Londres, anticipaba que el crecimiento de los precios promediaría 21.5% para fines de 2020. Hasta ahora, los precios han caído 10.4% desde esa fecha, de acuerdo con datos de LonRes.

“La excesiva exuberancia de los desarrolladores y las medidas aplicadas por los gobiernos se combinaron para poner fin al frenesí de ventas y dejar a los desarrolladores, prestamistas e inversionistas inmobiliarios luchando por absorber las consecuencias”, explica el diario británico.

Las medidas para combatir el lavado de dinero también han enfriado al mercado.

Vancouver, el claro ejemplo

En Vancouver, el impulso de ventas es testimonio de un auge que ha transformado la ciudad.

Cerca de 57,000 millones de dólares de propiedad pertenece a residentes extranjeros. En algunas partes de la ciudad, uno de cada cuatro apartamentos de nueva construcción es propiedad de un no residente, de acuerdo con Yan, quien dirige el programa urbano en la Universidad Simon Fraser. 

Los precios de la vivienda en Vancouver aumentaron aproximadamente 80% en los cinco años hasta mayo de 2018. 

Pero los gobiernos no se quedaron de manos cruzadas. En 2016, el gobierno de China puso un freno a los flujos de capital hacia el extranjero y la administración regional en Columbia Británica decidió atacar estas inversiones mediante impuestos.

El impuesto adicional sobre los compradores extranjeros, que ascendía al 15% del valor de la propiedad, se incrementó al 20% en 2018. Las ventas de casas en Vancouver este año han caído a sus niveles más bajos en décadas.

El gobierno del Reino Unido revisó en 2014 el impuesto de timbre -un gravamen aplicado a ciertas transacciones legales- aumentando drásticamente el pago para las viviendas que cuestan más de 1.125 millones de euros; dos años más tarde, agregó un recargo en caso de que sea una segunda vivienda, apuntando a quienes compran inmuebles para revenderlos después.

Australia duplicó su recargo de impuesto de timbre para compradores extranjeros al 8% en 2017 y Nueva Zelanda prohibió el año pasado la mayoría de las compras de propiedades de compradores extranjeros no residentes.

“La situación en Vancouver tardó alrededor de 20 años en alcanzar este clímax y probablemente tomará varios años, si no décadas, solucionarlo”, aseguró Yan.

Ahora que el mercado de lujo comienza a desacelerarse, surge un nuevo reto, aún más apremiante: estimular la construcción de viviendas en el segmento medio, que enfrenta una sobredemanda alrededor del mundo.

En Londres, durante los siguientes cinco años, se requieren 42,500 nuevas casas cada año para venta o renta en el segmento más barato, pero solo se construirán 3,500.