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18 de septiembre 2019 | 5:00 am

Por: Andrea Deydén y Ángel Alcántara

Nota del editor: EL CEO omite el nombre real del caso citado para este texto a petición del entrevistado.

Ana salió de su trabajo en Santa Fe cerca de la 20:00 horas y pidió un auto de la aplicación Didi para ir a su casa. Era principios de agosto y, pese a la hora, todavía había luz del día. 

Su conductor inició el viaje rumbo a la colonia Las Águilas, un trayecto de no más de 15 minutos desde el punto de partida. Cerca del puente de los Poetas, que conecta a Santa Fe con otros puntos de la Ciudad de México y con la caseta a la ciudad de Cuernavaca por medio de una autopista de paga, ella le pidió que tomara la bajada de Avenida Centenario. Era la ruta más larga a su destino, pero también el único habitado.

Desde el asiento de atrás, notó cómo el chofer comenzaba a recibir llamadas, que no contestaba. Una, dos, tres veces, hasta que el hombre le pidió contestar porque “era su suegro y seguramente se trataba de algo importante”. Pero sintió que algo no estaba bien: en lugar de una conversación, todo el intercambio fue monosilábico o con términos clave.  

Al finalizar la llamada, el hombre subió el volumen de la música y tomó del freno de mano un bote de aerosol grande, color blanco y sin etiquetas, que colocó en el asiento del copiloto antes de empezar a rociarlo por en el auto con las ventanas cerradas. 

Ana comenzó a marearse, le ardía la nariz y sentía cómo sus ojos se cerraban. Sintió miedo y, como pudo, con las manos temblorosas, bajó el vidrio para poder respirar. Le preguntó al conductor qué había echado, intentando controlar el temor en su voz. Él le mostró un bote de aromatizante, diferente al que ella había visto. 

El conductor siguió recibiendo llamadas, aunque no contestó. Ella permaneció en el auto, ansiosa de llegar a alguna zona segura y llamó por teléfono a una persona para mantenerla al tanto de su paradero. Tan pronto como pudo, pidió que terminara el viaje y se bajó metros antes de llegar a su destino final.

El automóvil no avanzó hasta varios minutos después.

El caso de Ana es solo uno de los muchos incidentes de seguridad que usuarios del transporte por aplicación, especialmente mujeres, han sufrido en los trayectos. 

Hasta el momento, no existen datos públicos sobre el número de quejas ni las acciones que llevan a cabo las empresas para atenderlas, aunque cada vez existen más esfuerzos para eliminar las situaciones de violencia contra las usuarias desde las firmas, el gobierno y grupos de mujeres. 

Seguridad, el ‘talón de Aquiles’ de las apps 

Las empresas dedicadas al transporte bajo demanda ya comenzaron a implementar acciones para mejorar la seguridad de sus usuarios, aunque reconocen que sigue siendo un “área de oportunidad” para ellas. 

Didi, la segunda plataforma con más quejas por parte de las usuarias en redes sociales, de acuerdo con la colectiva de seguridad Cuídate Morra, implementó una herramienta de reconocimiento facial para que los socios conductores verifiquen su identidad cada que inicien un viaje. 

Con estas medidas queremos bajar el número de incidentes de seguridad dentro de la app, aunque no tenemos un estimado en porcentaje o número de cuánto puede ser

Rogelio Lozano, líder de Seguridad de Didi. 

En tanto, Cabify conectó un botón de pánico para llamar al 911 y trabaja con el gobierno de la capital del país para ligarlo al C5, de acuerdo a datos de las compañías. 

El C5 es el Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano de la Ciudad de México que ofrece los servicios de video monitoreo y atención de llamadas de emergencia, denuncia anónima de Locatel. 

Uber, la plataforma con más ataques registrados (y la que tiene la mayor flota del país), compartió a EL CEO vía mail sus acciones en materia de seguridad. Sin embargo, la firma implementó una iniciativa para mandar mensajes al usuario, donde le recuerda verificar las placas y el modelo del auto antes de abordarlo. 

Implementó una iniciativa en la que manda mensajes al usuario para recordarle confirmar las placas, modelo del vehículo antes de abordarlo. 

Ninguna de las empresas hace públicos los datos de sus incidentes de seguridad, ni pueden llevar un registro de conductores agresores si los hechos no ocurrieron cuando se utilizaba la plataforma. 

Además implementaron la función Verificación de Identidad en Tipo Real, en la cual los conductores tienen que tomarse una selfie de manera aleatoria y proteger sus cuentas para evitar que ninguna otra persona pueda manejar en su nombre, entre otras acciones.

A pesar de todo, utilizar cualquiera de las diferentes apps de viajes bajo demanda resulta la opción más segura para las personas que necesitan desplazarse, según la encuesta realizada por la Asociación de Internet.mx. 

El 2019, la razón principal por la que una persona dijo utilizar transporte en línea es por la percepción de seguridad, seguida por la conveniencia de no tener que esperar mucho por el traslado y por la comodidad. 

Alternativa desde el gobierno

El Gobierno de la Ciudad de México también busca una respuesta al tema de seguridad.

El 5 de septiembre, la Secretaría de Movilidad (Semovi) presentó la aplicación Mi Taxi, con la que los usuarios tienen la posibilidad de compartir sus viajes, las placas de su conductor y pueden saber si el auto al que abordan cumple con la reglamentación, o contactarse con el C5 en caso de emergencia, dijo en entrevista Carlos Augusto Morales, director general de Licencias y Operación de Transporte Vehicular de la dependencia. 

Actualmente, la aplicación tiene a 54,000 taxis registrados, de las 141,000 concesiones que existen. 

Las sanciones económicas para los taxistas que incumplan con el registro oscila entre los 6,700 y 8,500 pesos, de acuerdo con el artículo 251 de la Ley de Movilidad. 

Invitamos a todos los taxistas con lo que establece la normatividad para que eviten sanciones, pero fundamentalmente para que nos ayuden a garantizar la seguridad de la ciudadanía

Carlos Augusto Morales, en entrevista con EL CEO

Además, Semovi mantiene pláticas con las empresas de transporte por aplicación para tener los datos de los conductores con quejas, toda vez que esta sigue siendo la principal opción de movilidad para muchos mexicanos. 

“Si (la información) solamente obra en resguardo de la empresa, el gobierno no tiene seguridad de que se pueda actuar de forma inmediata”, dice el funcionario.  

Morales insta también a que los usuarios víctimas de algún incidente de seguridad se comuniquen con ellos, que son la instancia encargada de las sanciones administrativas. 

“A Semovi le tocan las sanciones administrativas y cuando se trata de una posible comisión de delito, coadyuvamos con la Procuraduría de Justicia de la Ciudad de México”, dice. 

Redes de mujeres, otra protección

Ante la creciente situación de seguridad en el transporte público y servicios de aplicación, grupos de mujeres están formando redes alternativas para responder en caso de emergencia a través de aplicaciones móviles. 

Uno de estos casos es el de la colectiva Cuídate Morra, creada en agosto de este año con la finalidad de registrar las denuncias de agresiones en transportes por aplicación en redes sociales. 

“Queremos que esta información no sea efímera o desechable, que sirva para proteger a otras mujeres”, dice una integrante del colectivo que prefiere no dar su nombre. 

Desde agosto, el grupo tiene al menos 21 registros de ataques, que incluyen “denuncias por acoso verbal o físico, intentos de secuestro – los conductores se desvían del camino o tienen actitudes extrañas – e intentos de violación. Se reciben todas las denuncias, pero hasta el momento no hemos tenidos ninguna por violación como tal”, dice.

Las principales aplicaciones donde estos ocurren son Uber y Cabify, de acuerdo con sus datos. 

Este tipo de iniciativas están surgiendo entre las mujeres jóvenes debido a la situación de inseguridad en la que nos encontramos y nosotras decidimos hacer esta aplicación no solo para estar seguras o exigir que se nos proteja el gobierno, sino para poder defendernos entre nosotras

Integrante de Cuídate Morra. 

Otro caso a menor escala es el de un grupo de WhatsApp administrado por Elena, una joven que tras sufrir un secuestro exprés en las inmediaciones del Monumento a la Revolución en 2014, fue víctima de malos tratos por parte de las autoridades de procuración de justicia capitalina, que se negaron a recibir su denuncia por que “no me llegaste violada, golpeada, ni mutilada”. 

“Durante el secuestro, la única manera que tuve de comunicarme con mi familia fue un iPod de esos que se conectaban a WiFi porque (los secuestradores) no me revisaron la ropa. Entonces pensaba ‘ojalá hubiera un grupo de más gente que pudiera ayudar’”. 

Con ese afán, y a partir de la experiencia de otras conocidas suyas que vivieron la inseguridad en transportes públicos y de aplicación, creó varias comunidades de vigilancia por WhatsApp. La más reciente, a partir del repunte de los secuestros de mujeres en el Metro de la Ciudad de México a principios de este año. 

“Pensamos en generar una red por si alguna de nosotras (integrantes del grupo) teníamos una emergencia. Llevamos poco tiempo, pero hemos podido responder los mensajes en tiempo real y ha habido buena comunicación”, dice. 

A futuro, espera que el grupo crezca y se fortalezca, pues la idea es hacer “acciones chiquitas para que todas lleguemos seguras”. 

Es triste e indignante llegar a este punto, pero ya no puedes confiar ni en las autoridades. Solo nos tenemos a nosotras