SpaceX

31 de mayo 2020 | 10:30 am

La cápsula Crew Dragon de SpaceX con dos astronautas estadounidenses a bordo, lanzada el sábado desde Cabo Cañaveral, en Florida, se acopló este domingo a la Estación Espacial Internacional (ISS).

El primer contacto y acoplamiento de la nave espacial al objetivo ocurrió a las 10:16 a.m. (horario de México), algunos minutos antes de lo previsto, se informó.

A continuación, se presurizará el vestíbulo entre la cápsula y la ISS, y la escotilla se abrirá a las 12:45 p.m., aproximadamente.

La estación espacial 19 se sitúa a 400 kilómetros sobre la Tierra, donde probablemente permanecerá acoplada hasta agosto.

A bordo de la cápsula están los astronautas Bob Behnkhen y Doug Hurley, ambos veteranos del programa del transbordador espacial de la NASA, finalizado en 2011.

“El acoplamiento está completo”, dijo un miembro de la tripulación.

“Ha sido un verdadero honor ser una pequeña parte de este esfuerzo de nueve años desde la última vez que una nave espacial de Estados Unidos se ha acoplado a la Estación Espacial Internacional”, añadió.

La misión de Crew Dragon despegó el sábado, a las 14:22 horas, tiempo de México, en un segundo intento para llevar a astronautas estadounidense a la Estación Espacial Internacional desde una nave propiedad de una empresa comercial aeroespacial: SpaceX, de Elon Musk.

El éxito de esta misión podría terminar con la dependencia de Estados Unidos hacia la tecnología de Rusia, pues desde el último vuelo de un transbordador espacial en 2011, recurrió a los cohetes rusos, los Soyuz, para viajar al espacio.

Estas naves son los únicos vehículos espaciales que hacen este recorrido, despegando del cosmódromo de Baikonur en Kazajistán.

Las rutas desde Florida volverán a ser regulares, con cuatro astronautas a bordo.

Para fines de agosto también está previsto que tres estadounidenses y un japonés viajen a la ISS. En próximas misiones se invitará a socios europeos y canadienses.

SpaceX, de Elon Musk, será libre de organizar viajes espaciales para turistas con la cápsula, por un boleto que probablemente costará decenas de millones de dólares la plaza.

La misión de Elon Musk y NASA

Sobre un cohete de 70 metros de altura lleno de queroseno, los astronautas Bob Behnken y Doug Hurley despegaron el sábado desde la plataforma de lanzamiento número 39A, la misma que usaron Neil Armstrong y sus compañeros de la tripulación del Apolo hace más de 50 años.

Por la pandemia de COVID-19, Behnken y Hurley estuvieron en cuarentena por dos semanas y pese al encierro, el vuelo se mantuvo en pie.

La Crew Dragon es una cápsula como la Apolo, pero del siglo XXI. Las pantallas táctiles han reemplazado los botones y los joysticks. El interior está dominado por el blanco con una iluminación más sutil.

El diseño de la nueva nave no tiene nada que ver con los enormes transbordadores que funcionaron entre 1981 y 2011. A diferencia de aquellos, uno de los cuales -el Challenger- explotó en 1986 después del despegue, la Crew Dragon puede separarse del cohete en caso de emergencia.

Un hito empresarial

Space Exploration Technologies (SpaceX), fue fundada por Elon Musk en 2002, en California, para cambiar las reglas del juego de la industria aeroespacial. La compañía se ganó poco a poco la confianza de la NASA, la agencia espacial más grande del mundo.

Diez años después, en 2012, se convirtió en la primera empresa privada en acoplar una cápsula de carga a la Estación Espacial Internacional. Dos años después, la NASA le pidió que adaptara la cápsula Dragon para poder transportar astronautas.

Si sale mal, será mi culpa

dijo Elon Musk el miércoles a la cadena de televisión CBS.

La agencia espacial ha pagado más de 3,000 millones de dólares a SpaceX para diseñar, construir, probar y operar su cápsula y hacer seis viajes espaciales de ida y vuelta.

El desarrollo experimentó retrasos, explosiones, problemas de paracaídas, pero la empresa venció a Boeing, el gigante al que la NASA también pagó para hacer una cápsula, la Starliner, que aún no está lista.

La inversión, otorgada durante las presidencias de George W. Bush para el envío de carga y Barack Obama para el envío de astronautas al espacio, se considera fructífera en comparación con las decenas de miles de millones que costaron los sistemas anteriores desarrollados por la NASA.

“Un éxito monumental”, dijo también en la antesala del lanzamiento frustrado Jim Bridenstine, el administrador de la NASA, elogiando la creatividad y la perseverancia de SpaceX, a la que ahora confía su recurso más preciado: sus astronautas.

En un documento con fecha de este jueves y remitido a la SEC, gendarme de la bolsa estadounidense, el grupo californiano indicó que Musk, su director ejecutivo y cofundador, puede a partir de ahora hacerse del primer tramo de un paquete de opciones de compra de acciones que forman parte de un programa de remuneración hecho a medida y anunciado en 2018.

Los accionistas de la empresa le aseguraron a Musk en aquel entonces 20.3 millones de acciones de Tesla, equivalentes a 56,000 millones de dólares, durante un período de 10 años.

Sin embargo, esa compensación está sujeta a ciertas condiciones. Musk sólo puede obtener los tramos en incrementos de 1%, o 1.69 millones de acciones, cada vez que Tesla cruza un umbral preestablecido en el mercado accionario y alcanza determinado nivel de ingresos y ganancias.

“A la fecha de este documento, una de las etapas importantes relativas a los ingresos (anuales) de 20,000 millones de dólares y una capitalización bursátil de 100.000 millones de dólares (sobre un período dado) se ha alcanzado y certificado por el consejo administrativo”, dijo la compañía en el documento remitido a la SEC.

Esto habilita a Musk, quien también fundó la compañía espacial SpaceX, a reclamar un beneficio de alrededor de 1.69 millones de acciones que comprará a 350.02 dólares cada una.

Si decidiera venderlas de inmediato, al precio por acción al cierre de este jueves, de 805.81 dólares en Wall Street, embolsaría 774.84 millones de dólares.

A fines de abril, Tesla reportó ganancias por primera vez en un primer trimestre en 17 años y dijo que este 2020 podría entregar más vehículos de lo prometido, a pesar del cierre prolongado de su planta de California por la pandemia del nuevo coronavirus.

Elon Musk, el excéntrico jefe del constructor de vehículos eléctricos Tesla, quedó autorizado a reclamar un primer pago inmediato que podría representarle ganancias por 775 millones de dólares, producto de un programa de compensación ligado al rendimiento financiero de la empresa.

El primer intento

El mal tiempo el miércoles hizo que Elon Musk, la NASA y el resto del mundo se quedaran con las ganas de esperar el lanzamiento del primer vuelo espacial tripulado de SpaceX, cuyo cohete lanzará a dos astronautas a la Estación Espacial Internacional desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida.

“Lamentablemente no vamos a hacer un lanzamiento hoy”, informó vía radio el director de Lanzamientos de SpaceX, Mike Taylor, a los astronautas de la NASA, Bob Behnken y Doug Hurley.

El anuncio de postergar la misión se dio en el último momento, con la escotilla de la cápsula de la nave Crew Dragon cerrada y Hurley y Behnken atados a sus asientos. La cápsula estaba unida a la parte superior de un cohete Falcon 9, propiedad de Space X, quizá el elemento más significativo del lanzamiento, al tratarse de la primera compañía comercial aeroespacial en encabezar la operación, en coordinación con la NASA.

La competencia por llegar al espacio

El programa, en el que la NASA ha invertido más de 3,000 millones de dólares, lleva un retraso de tres años. Boeing construye por separado la cápsula Starliner, con un retraso aún mayor.

Después de un exitoso vuelo de prueba no tripulado el año pasado, una cápsula Crew Dragon explotó en durante una prueba en tierra de los propulsores. El desarrollo de los cuatro grandes paracaídas de la cápsula para el retorno también experimentó algunos contratiempos.

Pero después de miles de revisiones, la NASA cree estar lista para amarrar a dos de sus astronautas en la parte superior de un cohete de 500 toneladas lleno de combustible.

“Nunca nos sentimos cómodos, porque es ahí cuando uno deja de hacerse preguntas”, dijo Kathy Lueders, la jefa del programa comercial de vuelos tripulados de la NASA. “Vamos a estar alertas hasta que Bob y Doug regresen a casa”, agregó.

Con información de AFP y Reuters