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7 de junio 2019 | 5:00 am

Para no imponer aranceles a todas las exportaciones mexicanas, Estados Unidos le está exigiendo al gobierno de Andrés Manuel López Obrador que establezca un mecanismo de protección a migrantes que lo convertirían en un “tercer país seguro”, estatus que México ha rechazado y que no tiene condiciones para cumplir.

Las amenazas de la Casa Blanca de imponer cuotas arancelarias del 5% a los productos que pasen de México a Estados Unidos pueden convertirse en realidad el próximo lunes, por lo que las delegaciones de ambos países han intentado negociar. Sin embargo, el mecanismo de tercer país seguro, que convertiría “por decreto” a México en un receptor secundario de quienes solicitan el asilo estadounidense, ha generado asperezas.

El concepto del “tercer país seguro” surge a raíz de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 y hace referencia a que, cuando un migrante abandona su país para solicitar asilo en otro (por ejemplo, Estados Unidos), éste puede negarse a recibirlo y remitirlo a otro (como México), que pudiese darle las mismas atenciones.

Para que un país entre en esta categoría, debe garantizar que los solicitantes de asilo no sean retornados a su país de origen y se compromete a darles derecho a la vivienda, seguridad social, servicios médico, empleo y educación. Además, debe permitirles la reunificación familiar y tener una infraestructura que permita recibir a los solicitantes de asilo con dignidad.

Este mecanismo está establecido en el Pacto mundial sobre migración de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que fue firmado por todos los países miembro, excepto Estados Unidos.

Migración “segura y digna para todos”

México firmó el 10 de diciembre de 2018 el Acuerdo de Marrakech, como se conoce al Pacto mundial sobre migración, con el objetivo de reunir la voluntad de 192 países para  “hacer la migración más segura y digna para todos”, dice la página de la ONU.

Este es el primer acuerdo global para ayudar a aprovechar los beneficios de la migración en casi todos los países del mundo y proteger a los inmigrantes sin documentos, además de ser un intento para gestionar los flujos migratorios a escala internacional.

Los Estados firmantes están comprometidos a mejorar su cooperación para salvar vidas de migrantes a través de misiones de búsqueda y rescate, y garantizando que no se perseguirá legalmente a quien les dé apoyo de carácter “exclusivamente humanitario”.

El acuerdo no es vinculante y aclara que cada Estado es soberano para determinar sus propias políticas en el ámbito migratorio.

El secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, quien encabeza una comisión mexicana de negociación en Washington para evitar la imposición de aranceles, negó el 3 de junio que México se convirtiera en un tercer país seguro y este jueves anunció que 6,000 elementos de la Guardia Nacional serán desplegados en la frontera sur del país para contener los flujos migratorios de Centroamérica.

El tema migratorio ha sido el foco de las tensiones entre México y Estados Unidos en meses recientes, pues el gobierno de Donald Trump acusa a su homólogo mexicano de no hacer lo suficiente para detener la llegada de migrantes centroamericanos por la frontera sur.

“Estados Unidos quiere que México renuncie a su libertad de decidir cómo trata a los migrantes que ingresan al país y que garantice que una menor cantidad de centroamericanos lleguen a pedirle asilo. Por eso presiona a México con los aranceles, aunque migración y comercio no tengan relación”, explica Arlene Ramírez-Uresti, internacionalista del Tecnológico de Monterrey. 

México, un nuevo refugio

La patrulla fronteriza estadounidense ha detenido a 132,887 migrantes que cruzaron la frontera de manera sin documentos este año, lo que supondría el nivel más alto en la última década. Incluso, el presidente Donald Trump dijo este jueves que el gobierno mexicano debe trabajar más sobre el tema para evitar los aranceles que entren en vigor la próxima semana. 

El gobierno mexicano también está llegando a cifras récord en cuanto a cantidad de personas que solicitaron refugio en el país: tan solo en los primeros cinco meses de 2019, la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar) recibió un número de solicitudes equivalente al 82% de las que llegaron todo el año pasado.

De esas solicitudes, el 77.6% corresponden a migrantes provenientes de Honduras, El Salvador, Guatemala y Nicaragua. Además, la cantidad de solicitudes de refugio entre enero y mayo de 2019 es casi 18 veces superior a las admitidas en 2013, el primer año del sexenio de Enrique Peña Nieto.

Por ello, el reclamo de Washington está infundado y fuera de proporción y representa “un problema híbrido” en el que se mezcla la política migratoria con el comercio internacional, considera Ramírez-Uresti.

“Lo que hace Trump es presionar al gobierno mexicano para ponerlo en donde le conviene rumbo a las elecciones del 2020, donde buscará reelegirse como presidente. Frenar a la migración centroamericana fue una propuesta de campaña que debe cumplir si quiere ganar en esas votaciones”, opina la académica.

El ‘rally’ al 2020

Las próximas elecciones presidenciales de Estados Unidos están a 17 meses de distancia. Sin embargo, la carrera por la Casa Blanca ya está en proceso.

Al menos 20 candidatos del Partido Demócrata han alzado la mano para competir con Donald Trump, quien lanzará su campaña de reelección el próximo 18 de junio.  Además, el presidente “ya le está hablando” a su electorado más radical, dice Alina Duarte, internacionalista de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Y, al igual que en la tónica de las elecciones de 2016, Trump está haciendo de México su “chivo expiatorio” para atraer de nuevo a los votantes que le dieron la victoria hace tres años.

A pesar de que no fue el candidato con más votos, los votantes que le dieron la victoria a Trump fueron las bases con ideales racistas y xenófobos. Ellos son quienes entregan a ciegas el voto duro republicano y a ellos es a quienes les está hablando

, Alina Duarte

Antes de colocarse como el candidato presidencial por el Partido Republicano, Trump debe competir en las elecciones primarias de dicha organización donde se tiene confirmada la participación del exgobernador de Massachusetts, Bill Weld, pero también se contemplan las candidaturas del senador Bob Corker y del gobernador de Ohio, John Kasich.

Las elecciones estadounidenses para elegir al presidente 59 de dicha nación se realizarán el 3 de noviembre del próximo año.