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Alejandro Juárez

Reportero de Política

César Núñez está preocupado por su titulación universitaria. Teme que por falta de financiamiento, el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP) cancele el proyecto de tuberculosis bovina sobre el que está desarrollando su tesis para obtener el título como médico veterinario.

 

Este es un padecimiento infectocontagioso transmisible al hombre que exige la puesta en cuarentena y el sacrificio de animales reactores a las pruebas de la enfermedad. Los becerros y el hombre se contagian al ingerir leche procedente de vacas infectadas, o bien por el consumo de productos lácteos contaminados no pasteurizados. Esto significa que sus efectos más negativos se traducen en una disminución de la producción de leche apta para el consumo, lo que no solo impacta en los bolsillos de los productores, sino también en la disponibilidad de productos lácteos del país.

 

La tuberculosis bovina tiene presencia en todo México, pero de acuerdo con un reporte publicado por la Productora Nacional de Biológicos Veterinarios (Pronabive) el año pasado, las vacas con mayor riesgo de padecer sus efectos están en la Ciudad de México.

 

Durante los últimos 15 meses, Núñez ha trabajado en un proyecto para mejorar el diagnóstico de la tuberculosis en vacas de la región central de México, con el objetivo de mejorar la calidad de la leche que se produce, disminuir los riesgos sanitarios y así reducir el impacto negativo que deja en la productividad de los ganaderos de la zona.

 

A principios de marzo, una huelga en el INIFAP puso en suspenso el desarrollo del proyecto, y aunque el paro de actividades terminó en mayo, César sabe que en la actualidad el organismo no puede garantizar su conclusión, debido a que los recursos para el ciclo fiscal 2019 son menores a los del año anterior.Por ello contempla algunas otras posibilidades de titulación que le permite tomar la Universidad Nacional Autónoma de México, aunque eso signifique un retraso de más de un año en la conclusión de su carrera.

 

Pero las limitaciones financieras para las investigaciones del INIFAP no solo amenazan el desarrollo de la tesis de este estudiante de la Facultad de Estudios Superiores Cuautitlán. La mala distribución de los recursos en el instituto pone en riesgo la seguridad alimentaria del país, así como la promesa del gobierno de Andrés Manuel López Obrador de lograr la autosuficiencia del país durante su sexenio.

 

Para el 2019, el INIFAP destinará 52.5 millones de pesos (mdp) a 204 investigaciones que planea realizar. Estos recursos son 60% menores a los que repartió entre 126 proyectos que llevó a cabo el año pasado en materia agropecuaria, según datos de la Plataforma Nacional de Transparencia (PNT).


EL 'CEREBRO'
SE QUEDA SIN OXÍGENO

La disminución de recursos para los proyectos amenaza la cosecha y elaboración de algunos productos básicos, ya que el instituto es el principal responsable de generar conocimientos científicos y tecnologías para el desarrollo de la producción agrícola y ganadera en el país, de acuerdo con expertos consultados por EL CEO.

 

 

 

Los ingenieros agrónomos Susana Prado, Jesús Guzmán y Miguel Ponce coinciden en que este centro de ciencia es el principal brazo potencializador con el que cuenta el Estado mexicano para desarrollar el campo, gracias a los conocimientos que tiene sobre las condiciones geográficas del país, por lo que les preocupa la reducción del flujo de recursos para las actividades científicas del organismo.

 

Sin embargo, pese a las advertencias, al tiempo que se redujo el presupuesto científico en el INIFAP, el número de investigaciones agrícolas y ganaderas para este año se elevó 11% y 57% respectivamente en comparación interanual.

 

“Los programas de mejoramiento del INIFAP están en todo el país, pero si de un año a otro se te da un presupuesto menor, algunas zonas se van a quedar descobijadas, y eso afectará la producción en este año o en los que siguen”,

describe el doctor Ramón Garza García, secretario general del Sindicato de Investigadores del INIFAP (SIIINIFAP).

 

Alrededor de 25% del maíz que se cosecha en México se produce con ayuda de los programas científicos del INIFAP, pero en el caso del trigo, arroz y frijol su aporte puede rebasar inclusive 50%, según Mario Puente Raya director ejecutivo de la Asociación Mexicana de Semilleros (AMSAC), que aglomera a los principales productores de semillas del país.

 

Según los registros del instituto del 2018, de los 126 proyectos científicos que desarrollaron sus investigadores en materia agropecuaria, 107 estuvieron relacionados con la agricultura -principalmente enfocados al cultivo de maíz, frijol, trigo, cacao y chile- y 19 con las actividades ganaderas.

 

Para las investigaciones agrícolas, el instituto destinó 105.2 mdp -el doble de los 52.5 mdp destinados a investigación para 2019- mientras que en los proyectos enfocados en la ganadería gastó 27.5 mdp.

 

De acuerdo con la lista de proyectos finales para utilizar recursos que desean realizar este año los investigadores del SIIINIFAP, 140 están relacionados con la agricultura y 30 con la ganadería.

Esto quiere decir que para este año los investigadores tienen programadas 33 investigaciones agrícolas y 11 ganaderas más que en 2018, pese a que el presupuesto científico se contrajo a menos de la mitad.


RIESGO: LA SEGURIDAD ALIMENTARIA

Durante la campaña electoral del 2018, López Obrador, entonces candidato presidencial por Morena, prometió volver a México un país independiente en materia alimentaria a través de subsidios para los productores del campo, para no comprar en el extranjero lo que se consume: “vamos a producir en México todo lo que consumimos”, repitió en varias ocasiones.

 

La suficiencia alimentaria se alcanza cuando se satisfacen las necesidades alimenticias de un país mediante la producción local, y generalmente suele ser un objetivo de las políticas nacionales, de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés).

 

Para la organización, el maíz, el arroz y el trigo representan los principales cultivos básicos fundamentales para la seguridad alimentaria en todo el mundo.

 

La producción de México en esos granos está muy lejos de los niveles de autosuficiencia, según datos del Boletín balanza disponibilidad-consumo de productos alimenticios publicado en mayo por la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader) y el Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP).

 

Pese a que México es considerado el centro de origen del maíz, el año pasado se convirtió en el principal importador del grano en el mundo, superando a Japón, que durante casi 60 años fue el máximo comprador internacional, según el Departamento de Agricultura de Estados Unidos.

Para el periodo octubre 2018 – septiembre 2019, se prevé que México consuma 43.8 millones de toneladas de maíz, de las cuales 16.8 millones de toneladas (38.3%) provendrán del extranjero, informa el documento. 

 

La importación de más de una tercera parte del maíz que se consume en México se debe, en gran medida, a que el INIFAP no destina lo suficiente a la investigación y el mejoramiento del producto, explica el doctor Espinoza Calderón, quien también es especialista en la siembra de maíz en México.

 

“El mercado del maíz en México asciende a 500 millones de dólares y una cuarta parte de la semilla que genera ese valor de mercado proviene de materiales que salen del INIFAP”,

asegura el director ejecutivo de la AMSAC.

 

Las semillas que se utilizan en el campo no son de buena calidad, por lo que la producción ha caído, la importación ha llegado a niveles récord y los ganadores son las grandes compañías que nos venden su producto, explica el académico.

 

Un caso aún más grave se presenta en el arroz, cuyo consumo nacional para el mismo periodo se prevé en 905,000 toneladas, de las cuales el 78.4% será de importación.

 

Esto se explica con la extinción de productores arroceros nacionales, cuya cifra pasó de 25,000 a principios de la década de 1990 a alrededor de 1,000 en la actualidad, según una investigación de la revista especializada AgroSíntesis.

 

La relación consumo-producción-importación del trigo panificable, la especie más consumida de este grano también presenta un déficit para México: de las 6,334 toneladas que se esperan consumir entre octubre 2018 y septiembre 2019, 75% se comprarán en el mercado internacional.

 

En el caso del sorgo, que sirve tanto para alimentación humana y animal como para la elaboración de bebidas alcohólicas, se espera que la importación interanual se cuadruplique de 85,000 a 420,000 toneladas, aunque en este rubro el déficit es solo de 8%.

 

La producción lechera también dista de ser suficiente para el consumo local. Según la Sader, un cuarto de dicho producto bovino que se consumirá en este año será importado.


RECLAMO JUSTIFICADO

El 20 de marzo estalló en el SIIINIFAP la primera huelga en la historia del instituto desde su fundación en la década de 1980, la cual paralizó las actividades en los 77 campos experimentales, así como los cinco centros nacionales de investigación interdisciplinaria que maneja el instituto científico en el país.

 

Una de las principales exigencias del grupo era elevar de 50 millones de pesos (mdp) a 100 mdp el presupuesto para las investigaciones con las que el INIFAP contribuye en el intento de impulsar la productividad del sector agropecuario en México.

 

Los científicos argumentaban que el presupuesto original no era ni la mitad de lo que se debía asignar a los trabajos de investigación del INIFAP.

 

La huelga se prolongó hasta el 7 de mayo, cuando el doctor Fernando De La Torre Sánchez, director general del INIFAP y el doctor Ramón Garza García, en representación del SIIINIFAP, firmaron un acuerdo en el que se estableció un presupuesto de 52.5 mdp destinados a la investigación del centro científico.

 

De acuerdo con el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación 2019, el INIFAP recibió para dicho ejercicio fiscal poco más de 1,568 mdp, de los cuales 655.2 mdp están destinados a los gastos de operación del instituto, 41.7% del presupuesto total, contando el incremento logrado tras la huelga de 48 días.

 

El plan de mediano plazo que tiene el INIFAP para el periodo 2016-2019 establece que de los gastos operativos se debe destinar por obligación 31% para el desarrollo de las investigaciones que contempla el instituto anualmente.

 

Sin embargo, los recursos para este rubro en 2019 equivalen solamente a 8% de los gastos de operación del INIFAP, lo que obligó a los investigadores a recortar de 302 a 204 los proyectos financiados por el organismo, advierte en entrevista el doctor Garza García.

 

Además, el flujo de esos recursos está frenado por un bloqueo burocrático por parte del INIFAP.

 

El 23 de mayo, la dirección general del organismo rechazó los escritos CEN/46/2018 y CEN/48/2018 a través de los cuales el SIIINIFAP solicitó al doctor José Antonio Cueto Wong, coordinador de Investigación, Innovación y Vinculación, la autorización para obtener los recursos para la realización de los 204 proyectos científicos programados.

 

El INIFAP negó la asignación de recursos alegando que la solicitud se realizó a destiempo. Sin embargo, el SIIINIFAP  alega que el instituto no estableció un periodo máximo para enviar la petición. 

 

EL CEO contactó al INIFAP para solicitar una postura al respecto pero al cierre de esta edición no obtuvo respuesta.

Entre los aportes del INIFAP se encuentran el mejoramiento genético de las semillas para los productores del campo y el control de plagas que amenazan los sembradíos, así como el control de las enfermedades animales que ponen en riesgo la salud aviaria, ovina, bovina y porcina.

 

De ese modo, la falta de investigación agropecuaria amenaza la producción de diversos artículos de la canasta básica mexicana: maíz, azúcar, frijol, harina de maíz y trigo, pan, carne de res, cerdo y pollo.

 

“No solo esos productos, sino el aceite, las oleaginosas, el cártamo (…) quien tiene la capacidad para ayudar a mejorar la producción es el INIFAP, a través de mejores semillas y tecnología”,

dice Jesús Guzmán, investigador del Centro de Estudios para el Desarrollo Rural Sustentable y la Soberanía Alimentaria (CEDRSSA).


SIN CIENCIA NO HAY AVANCE

Uno de las principales complejidades en el sector agropecuario de México es la gran extensión disponible de territorio nacional para la siembra de diversos productos, dice otro investigador del CEDRSSA, Miguel Ponce.

 

El territorio mexicano es extenso y sus ecosistemas diversos, por lo que la productividad en algunas zonas del país está estrechamente ligada a los conocimientos que el INIFAP aporta a los productores en cuanto a tierra, clima, tecnología y otras condicionantes para las actividades agropecuarias, detalla.

 

Actualmente la frontera agrícola, que significa la superficie ocupada por las actividades agrícolas en México, es de 26.5 millones de hectáreas (mha), de las cuales se cosechan 21.6 mha distribuídas en todos los estados el país, informa la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural.

 

En 2018 se produjeron 142.8 millones de toneladas en el sector agropecuario, pero el proyecto de planeación agrícola 2017 – 2030 de la Sagarpa espera que esta cifra llegue a 174.5 millones de toneladas dentro de 11 años.

 

Sin embargo, los expertos lo dudan, pues mientras menos recursos destine el INIFAP a la investigación, menores serán las probabilidades de alcanzar dicha meta, así como la independencia y autosuficiencia alimentaria en México.

Reportero: Alejandro Juárez
Diseño y programación: Cristian Laris