16 de noviembre 2018 | 5:00 am

Es imposible entender el triunfo en las urnas de Andrés Manuel López Obrador el pasado 1 de julio con más de 30 millones de votos sin el trabajo clave de un personaje en particular, cercano al presidente electo: Gabriel García Hernández.

El nombre no dice mucho. Lejos de los operadores mediáticos del tabasqueño como Tatiana Clouthier, Marcelo Ebrard, Ricardo Monreal y Julio Scherer, estaba el actual senador plurinominal, quien lejos de los reflectores tejió una red de comités en todo el país que significaron los cimientos de la victoria nacional del Movimiento de Regeneración Nacional.

Los 18 años de relación política con López Obrador, en los cuales se ganó su total confianza, le valieron a García Hernández obtener uno de los cargos más importantes de la próxima administración: ser el coordinador de los delegados estatales que darán seguimiento a la implementación de los programas sociales federales en cada entidad.

Es decir, el superdelegado.

Uno de los puntos más importantes pero a la vez polémicos de la reforma a la Ley Orgánica de la Administración Pública –propuesta por Morena, avalada en la Cámara de Diputados y en lo general en el Senado- es la creación de estas figuras con gran peso que fluctuarán entre la Secretaría de Bienestar y la Oficina de Presidencia.

De esos 32 operadores, que han sido llamados por la oposición como “vicegobernadores”, García estará a la cabeza; pedirá cuentas y vigilará el uso de los programas. Su despacho será vital en el sexenio que inicia el 1 de diciembre.

Raíces desde el 2000

El economista de la UNAM tuvo su primera gran responsabilidad con López Obrador en el 2000, cuando el entonces jefe de gobierno lo nombró como el director de Adquisiciones de la Oficialía Mayor del Distrito Federal –hoy Ciudad de México-. Desde aquel momento se convirtió en hombre clave del proyecto político del futuro presidente.

Para el 2006, año en que AMLO decidió competir rumbo a Los Pinos por primera vez, García Hernández fue el encargado de gestionar los recursos en la campaña como apoderado legal de la asociación Honestidad Valiente. Lo mismo ocurrió en el segundo intento por la Presidencia de la República, en 2012.

Para el tercer intento, la visión política de López Obrador y la habilidad del futuro ‘superdelegado’ hicieron que se le ubicara en la Secretaría de Organización de Morena, donde pavimentó el camino rumbo al 1 de julio y desplegó un ejército de comités territoriales que promovieron la imagen y proyecto del tabasqueño.

El 21 de agosto, López Obrador presentó a su círculo cercano que lo acompañará desde la trinchera de la Oficina de Presidencia. Este círculo lo integran Gabriel García y otros personajes como el empresario Alfonso Romo, César Yáñez, Jesús Ramírez y Lázaro Cárdenas.

“Integrante de nuestro equipo desde hace muchos años, a Gabriel le va a tocar coordinar a los delegados estatales y regionales del Gobierno Federal y de llevar a cabo los programas integrales desde las comunidades, los pueblos, los municipios, los estados, programas de desarrollo económico y social”, así fue la encomienda que le asignó el presidente electo.

A la figura del próximo ‘superdelegado’ se le adjudican la operación quirúrgica de recursos por medio de los cuales López Obrador ha logrado mantenerse en una casi permanente campaña desde el 2005 hasta la fecha, englobando tres candidaturas presidenciales.

El peso que tiene en el grupo cercano del futuro presidente se evidencia con la atribución de que cabildeó la candidatura de Víctor Hugo Romo –amigo y político cercano- en la alcaldía Miguel Hidalgo, incluso superando la inconformidad de Andrés Manuel López Beltrán, hijo de López Obrador, quien operó las designaciones morenistas en la capital.

Los delegados de López Obrador

El silencio sepulcral de los gobernadores

La red de los 32 delegados será una especie de contrapeso del Gobierno Federal en las entidades y ante los gobernadores. Serán una especie de mensajeros y emisarios que rendirán cuentas al coordinador, Gabriel Hernández, quien a su vez rendirá informes al presidente.

Juan Zepeda, actual senador del PRD, ha sido una de las voces que ha criticado las nuevas figuras.

“Van a generar una tensión innecesaria en cada entidad federativa porque vienen a vulnerar el pacto federal, donde hay un gobernador constitucionalmente en funciones en cada una de las entidades”.

El político mexiquense compitió en las elecciones pasadas a gobernador en su entidad, donde una de sus rivales, Delfina Gómez -quien quedó en segundo lugar- será la nueva delegada de Morena en la entidad.

Lamento profundamente la actitud sumisa de los gobernadores que no han sido capaces de elevar públicamente la voz y de condenar estas figuras, en la sombra todos se quejan pero nadie ha sido capaz de decirlo de frente de manera pública y que están en desacuerdo con esta figura

dice Juan Zepeda.

El político indica que trataron de promover candados, como que un delegado lo sea pero en una entidad donde no pueda competir por cargos públicos.

Otra opción fue que los personajes que ocupen esa función no compitan en ninguna elección próxima y una tercera fue que simplemente se separen de las coordinaciones al menos un año y medio antes de un periodo electoral.

Todas fueron desechadas por la dominante bancada morenista.

“Van a ser unos potenciales candidatos a gobernadores desde una estructura de gobierno, utilizando recursos públicos y con muchos años de anticipación”, agrega.

El senador asegura que, cuando dice esto, solo hay que ver quiénes son los que van a ser nombrados. Y todos, sin excepción, “o son candidatos a gobernadores perdedores o dirigentes de Morena o líderes políticos en cada entidad”, concluye.

Para el politólogo Nicolás Loza, investigador de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), los ‘superdelegados’ representarán un gran poder frente a los gobernadores y serán una especie de emisarios políticos del presidente en cada entidad, quienes contarán con un importante factor: la “cartera”.

Gabriel García Hernández, el operador político alejado de los reflectores, tendrá en sus manos el manejo de la red de políticos que serán los intermediarios de recursos públicos federales en cada entidad y peronajes que se podrían consolidar en futuras candidaturas.

Por su despacho pasarán las decisiones más importantes del sexenio lopezobradorista.