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3 de agosto 2019 | 5:00 am

Entre 1958 y 1959, México fue escenario de movimientos sindicales que exigían salarios dignos para los trabajadores, como la huelga ferrocarrilera que exigió al entonces presidente Adolfo Ruiz Cortines mejores condiciones laborales y que, pese a ser reprimida por la fuerza, fue vista como un parteaguas para las luchas gremiales.

La huelga ferrocarrilera en México se dio a la par que otros dos sindicatos, el de telegrafistas y el magisterial, impulsaban mejores sueldos para sus agremiados.

En febrero de 1958, la sección 15 del Distrito Federal del Sindicato de Ferrocarrileros lanzó una iniciativa para formar una comisión que pidiera un aumento salarial para los trabajadores.

En respuesta, el gerente de Ferrocarriles Nacionales – perteneciente al Estado—pidió un plazo de 60 días para llegar a un acuerdo sobre el tema. Los obreros se inconformaron, al no sentirse representados y desconfiar de su dirigencia, y comenzaron a organizarse en varias entidades, principalmente Ciudad de México y Veracruz.

Los trabajadores ferrocarrileros abogaban por rechazar la propuesta de aumento de 200 pesos propuesta por Samuel Ortega, secretario general del sindicato, a quien vinculaban con los intereses del gobierno del entonces presidente Adolfo Ruiz Cortines, e impulsaron un alza de 350 pesos.

En este contexto, Demetrio Vallejo, líder del comité ejecutivo de Matías Romero, Oaxaca, recobró notoriedad nacional.

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Vallejo, nacido en El Espinal, Oaxaca, en 1910 había formado parte del movimiento social que buscaba independizar al sindicato ferrocarrilero del corporativismo priísta en la década de 1940 y, una década después, se había fortalecido como defensor de la independencia gremial.

Tras la negativa a negociar con Ortega, el 26 de junio de 1958 comenzaron los paros laborales. El 1 de julio, el presidente Ruiz Cortines ofreció un aumento de 215 pesos a los ferrocarrileros.

Aceptaron.

Cambio de liderazgos

Al ver que el conflicto se había resuelto sin intervención de los representantes sindicales oficiales, Samuel Ortega propuso organizar la VI Convención Nacional Extraordinaria del sindicato, que se realizaría el 12 de julio de ese año.

Cuatro días antes de su inauguración, dejó el cargo y Vallejo fue electo por los ferrocarrileros como su secretario general.

Sin embargo, los embates por el poder sindical no cesaron.

Salvador Quesada, líder contrario a las ideas de Vallejo, amenazó con realizar paros si el gobierno federal reconocía a su opositor en el máximo cargo sindical. Como resultado, la Secretaría del Trabajo declaró ilegal la elección de Vallejo.

El 1 de agosto de 1958, la policía comenzó a ocupar locales sindicales y Vallejo, en respuesta, llamó a una nueva huelga ferrocarrilera en México.

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Ferrocarriles Nacionales de México, que dependía del gobierno, amenazó con despedir a los huelguistas y, amparándose en que la huelga “no era legal”, el gobierno de Ruiz Cortines envió tropas para “proteger” a los obreros que querían trabajar. Como resultado, fueron arrestados cientos de empleados inconformes.

Tres días después, el 4 de agosto, telegrafistas y maestros declararon huelga de solidaridad con los ferrocarrileros. Además, al interior de varias secciones se realizaron paros parciales hasta que la Secretaría del Trabajo determinó convocar a elecciones generales. Vallejo se erigió, nuevamente, como el ganador.

La fama de Vallejo como miembro del Partido Comunista y sus ideales de independencia sindical ocasionaron que empresarios y políticos desataran una campaña en su contra, alegando que deseaba derrocar al gobierno.

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Nuevo estallido de huelga

En diciembre de 1958, el sindicato planteó a la empresa una revisión al Contrato Colectivo de Trabajo, pero Ferrocarriles Nacionales de México se negó, alegando que los ferrocarrileros los sabotearían.

Al año siguiente, la Confederación de Trabajadores de México (CTM) liderada por Fidel Velázquez emprendió una serie de ataques contra Vallejo, que orillaron a los ferrocarrileros a llamar a huelga el 25 de marzo.

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En ese momento, la Secretaría del Trabajo declaró la huelga como inexistente y la empresa ferrocarrilera comenzó a despedir a sus trabajadores.

El gobierno de Ruiz Cortines pidió a Vallejo suspender el paro y él aceptó, a condición de que Ferrocarriles Nacionales de México suspendiera los despidos, reinstalara a los trabajadores y liberara a los detenidos. No se llegó a un acuerdo.

Por el contrario, la policía detuvo a Vallejo y reprimió la huelga.

El saldo de ese enfrentamiento fue 3,039 empleados ferrocarrileros detenidos y más de 9,000 despedidos. Entre ellos, 68 fueron imputados con el delito de disolución social.

“Con la huelga ferrocarrilera la situación del país era caótica, más de 10,000 ferrocarrileros, muchos de ellos técnicos, estaban despedidos, había una tremenda desorganización en el tránsito ferrocarrilero y existían evidentemente muchos daños para los capitalistas en el proceso de la producción”, explica Héctor Santos Azuela en su publicación El sindicalismo en México: resistencia proletaria y marco neoliberal.

Vallejo fue preso en Lecumberri, donde permaneció 10 años. Su liberación fue una de las primeras peticiones del movimiento estudiantil de 1968.