15 de marzo 2022 | 5:00 am

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Desde el año pasado, uno de los principales riesgos a los que ha estado sometida la economía mundial es el de la estanflación.

En las últimas semanas, este riesgo se ha incrementado considerablemente debido a que la invasión de Rusia a Ucrania se sumó a los efectos adversos originados por la pandemia, lo que amenaza con entorpecer aún más el retorno a las condiciones que existían en 2019.

La estanflación es una combinación de las palabras estancamiento e inflación. Describe una condición económica caracterizada por un crecimiento lento y un alto desempleo (estancamiento económico) combinado con un aumento de los precios (inflación).

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Este escenario es contrario al que dicta la teoría económica, pues en condiciones normales, si la demanda agregada se contrae, entonces los precios se mantienen estables o disminuyen; entonces el PIB se desacelera y la inflación permanece baja.

Las dos causas fundamentales de este fenómeno son la aparición de choques de oferta y el mal manejo de la política fiscal y monetaria. Un shock de oferta se da cuando se reduce la capacidad de la economía para producir bienes y servicios de manera habitual.

Pandemia generó escasez de bienes

Un ejemplo de ello se ha presentado desde el 2020, pues la pandemia suscitó que se redujera la capacidad productiva de las empresas, con lo que varias personas perdieron su empleo o se subcontrataron; se presentó una escasez de bienes, como semiconductores y algunas materias primas; y, se dejaron de prestar algunos servicios ante la reducción de la movilidad de la población.  

Recientemente a estas perturbaciones de oferta se han sumado otras, originadas por la invasión rusa a Ucrania, como las sanciones occidentales impuestas a Moscú que inhiben el comercio internacional, las represalias económicas rusas, la parálisis de la producción ucraniana y la poca voluntad de los comerciantes de transitar por el Mar Negro.

Ante el recorte de la oferta, los precios de varias materias primas repuntaron con fuerza, como los del cobre, aluminio, paladio, urea y potasa, estos últimos dos utilizados como insumos en la producción de fertilizantes.

Además, frente a los temores de que el suministro de energéticos por parte de Rusia se viera paralizado, los precios del gas natural y el del petróleo WTI se presionaron al alza, con este último tocando un máximo no visto en los últimos 14 años.

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México percibe impactos de invasión rusa a Ucrania

México no ha estado exento de estas distorsiones, con lo que el riego de presenciar una estanflación ha aumentado considerablemente. Por un lado, tras dos meses de descensos, la inflación anual volvió a repuntar en febrero, a 7.28%, y la subyacente marcó 16 meses ininterrumpidos de subidas, alcanzando el mayor nivel desde junio de 2001, en 6.59%.

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Por otro lado, la recuperación del país se estancó a finales de 2021, pues el PIB del 4T-21 registró una variación nula. 

Hacia adelante, el escenario se ha deteriorado. De acuerdo con las recientes revisiones de las proyecciones económicas de los especialistas, la inflación estimada para el cierre de año se corrigió nuevamente al alza y se prevé que esta tendencia continúe.

El mayor riesgo es que las constantes presiones en los precios provoquen un desanclaje de las expectativas de largo plazo.

Mientras que, las previsiones para el crecimiento económico se han venido recortando, con la mediana del consenso esperando un crecimiento de apenas 2.0% para 2022. De concretarse, el PIB de México aún mantendría una diferencia de 1.8% respecto a su nivel prepandemia a finales de este año.  

La estanflación implica una tormenta perfecta, pues como lo mencionó Iain Macleod, político del Partido Conservador de Reino Unido que acuñó el término, bajo su presencia “tenemos lo peor de ambos mundos: no solo la inflación por un lado o el estancamiento por el otro, sino ambos”.

Como quedó de manifiesto en la década de 1970, la estanflación puede tener efectos devastadores para una economía y sus monedas, que presentan mayor volatilidad ante un complejo ambiente. 

 

Janneth Quiroz Zamora es Economista y Financiera por profesión y pasatiempo. Cuenta con más de 15 años de experiencia analizando la coyuntura mundial y local de los mercados. Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de la autora.