12 de septiembre 2022 | 8:00 am

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El Paquete Económico 2023 es como se esperaba: sin sorpresas, sesgado a la agenda social y de infraestructura del presidente López Obrador, basado en supuestos económicos optimistas y con métricas de finanzas públicas en umbrales suficientes para mantener tranquilas a las agencias calificadoras sobre la evaluación de la deuda soberana.

Sin embargo, en sentido estricto, los grandes agregados de finanzas públicas, como los balances presupuestarios y la deuda, se deterioran un poco. Y si bien por el momento no hay nada por lo que alarmarse, sí pueden entrar en una inercia complicada de salir. 

No solo eso. Dado el supuesto optimista de crecimiento económico del PIB (3.0%) en el que se basan sus estimaciones, existe la probabilidad de que los déficits y niveles de deuda como proporción del PIB sean mayores a los planteados. 

Elecciones y programas sociales, presión al gasto público

Y hay otro elemento. 2023 es año electoral, donde estarán en juego dos gubernaturas de importancia para la actual administración pública, lo que puede agregarle presión al gasto público. Si en 2022 ya observamos erogaciones por arriba de lo aprobado, nada garantiza que algo similar no suceda el próximo año. 

Por si fuera poco, el margen de maniobra del presupuesto público también se ha reducido, debido a los incrementos robustos para 2023 de los recursos destinados a pensiones y pago del servicio de la deuda (costo financiero). 

Al comparar los gastos obligatorios contra el gasto neto total, incluido pensiones, queda un margen de un billón 610 mil 460 mdp, equivalente a 19.4% del gasto total, recursos que resultan insuficientes para las necesidades y requerimientos de la economía mexicana. 

Esto también se refleja en el gasto programable, aquel sobre el que el gobierno puede decidir “libremente” cómo designar.

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Riesgo de ajuste al gasto

El crecimiento respecto a lo estimado de cierre de 2022 es de solo 0.8%, una discrepancia fuerte en el PIB respeto a lo pronosticado, lo que dificultaría el cumplimiento de la meta, y si el objetivo es no aumentar la deuda como porcentaje del PIB, habría que ajustar el gasto.

Aunque hay un mayor gasto presupuestado en infraestructura física (21.7% más), difícilmente se convertirán en un detonante de la economía, ya que se concentran en los proyectos insignia del gobierno. Además, no existe un diseño adecuado sobre qué infraestructura resulta necesaria y deseable para el país. 

Mantener las finanzas públicas sanas en un escenario de alta incertidumbre global y de aumentos de tasas de interés se convierte en una labor titánica. 

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México, sin política fiscal para 2023

Olvidémonos de tener una política fiscal para 2023. Con el riesgo de deterioro de las finanzas públicas, con altas probabilidades de incumplimiento de las expectativas oficiales de crecimiento económico y con la necesidad de mantener intactas la agenda social y proyectos prioritarios, se requerirán ajustes en gasto público que terminarían provocando rezagos en otros rubros relevantes como salud, infraestructura y seguridad pública.

Esto nos acercaría a la pobreza franciscana que ha comentado el presidente López Obrador. No es que el gasto público esté bajando como un todo, pero sí en algunos rubros, quizá más relevantes y que no son prioridad de la actual Administración. 

 

*James Salazar Salinas es subdirector de análisis económico de CI Banco. Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor.

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