28 de enero 2022 | 9:00 am

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Microsoft compró la semana pasada a la productora de videojuegos Activision Blizzard en una operación de casi 69 millones de dólares. La marca dirigida por Satya Nadella y desarrolladora de la consola Xbox espera con esta adquisición seguir como líder en un mercado conformado por 3 billones de jugadores activos en todo el mundo. 

La compra ha sido señalada como una de las más grandes transacciones en el sector gamer y aunque puede parecer una noticia relevante exclusiva a la industria de los videojuegos, hay temas que merecen revisarse y que son de un interés más general. 

El primero es que este movimiento pone en serios aprietos a Sony y su consola de juegos Playstation, competencia directa en el mercado de Microsoft y Xbox. 

Ser los dueños de Activision plantea la posibilidad de que todos los juegos creados por este estudio se conviertan en exclusivas de la empresa de Nadella. Es decir, que solo se puedan jugar en Xbox. Algo parecido a que Oxxo comprará Grupo Lala y solo pudieras adquirir su leche en estas tiendas. 

Para dimensionar el impacto de la posibilidad de tener exclusividad en algunos títulos, hay que mencionar que la franquicia Call of Duty, podría ser jugable solo para quienes tienen un Xbox. Hablamos de un videojuego que desde su salida en 2003 ha vendido más de 400 millones de copias. 

Si no puedes ser exitoso, al menos sé peligroso.

Big Tech compran antes de sentirse amenazados

Que una de las Big Tech compré otra empresa de tecnología no es novedad. Lo hizo Facebook, ahora Meta, cuando soltó 19 billones de dólares por WhatsApp en 2014. Anteriormente había adquirido Instagram por 1 billón de dólares en 2012. 

Google se apoderó de Fitbit, líder en relojes digitales orientados a la salud y el fitness, en un trato de 2.1 billones de dólares. Por su parte, Apple no dudó en comprar Beats, marca de audífonos de alta gama de Dr. Dre, por la cantidad de 3 billones. 

Si suenan a cantidades exageradas, pregúntate ¿cuánto pagarías por eliminar a la competencia de tu negocio?

Instagram era una app con mucha tracción en el sector demográfico conformado por personas menores a los 30 años. Mientras, Facebook perdía usuarios en este mismo grupo.

Google intentó liderar el mercado de wearables de la mano de Fossil sin mucho éxito. Fitbit es líder en este mercado y cuenta con una gran base de personas que usan sus relojes para medir su desempeño físico. 

Comixology era un portal online donde se podían comprar cómics y leerlos en línea con una app. Amazon lo compró en el momento en que las películas de superhéroes se volvieron tendencia. 

¿Cómo pierden los usuarios?

El escenario es claro. A las empresas integrantes del selecto club de la Big Tech no les gusta competir. Prefieren eliminar las amenazas antes que correr el riesgo de perder usuarios o quedar rezagados en el tema de innovación. 

¿Para qué intentar mejorar Facebook si es más sencillo integrar a la competencia y aumentar el alcance de la plataforma? Ahora Meta tiene mano en todo y cuando se cae, media humanidad queda incomunicada. 

Al eliminar a los competidores se pierden grandes oportunidades de crear proyectos diferentes con propuestas, identidades y culturas organizacionales propias. Ser parte del Big Tech es una sentencia a seguir sus reglas y sus intereses comerciales. Se pone tope a la capacidad de innovar y arriesgarse porque ya hay un Zuckerberg, un Natella o un Tim Cook que exigen resultados a sus compras. 

Y los más afectados somos nosotros, quienes nos vemos arrinconados a vivir bajo el dominio tecnológico de un grupo de empresas que podemos contar con los dedos de una mano.

Este texto es una columna de opinión. Su contenido es responsabilidad del autor y no representa necesariamente la postura de EL CEO.

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