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Colaboración Especial de CAF | Fed con menos señales, ¿una región más expuesta?

Escrita por: Jessica Roldán Peña, Nicole Perelmuter y Oswaldo López

Publicado el 17 de septiembre, 2026

Entre el 27 y el 29 de agosto tuvo lugar en Jackson Hole, Wyoming, el simposio anual de política económica organizado por el Banco de la Reserva Federal de Kansas. Su tradicional discurso de apertura, a cargo del presidente de la Reserva Federal (Fed), suele ser uno de los eventos más seguidos por los mercados financieros. Este año tenía un interés adicional: era la primera participación de Kevin Warsh como presidente de la Fed.

El mensaje de Warsh fue relevante por dos razones. Primero, porque reafirmó una postura cautelosa frente a una inflación que continúa por encima de la meta de 2%, dejando abierta la posibilidad de un endurecimiento adicional de la política monetaria. Segundo, porque explicó con mayor claridad una concepción de la comunicación monetaria que ya había comenzado a mostrar desde su llegada a la Fed: menos inclinada a anticipar la trayectoria futura de las tasas de referencia y más dependiente de la lectura de los datos.

La decisión de la Fed: subir la tasa de interés

La decisión de septiembre materializó el sesgo restrictivo que había quedado planteado en Jackson Hole, cuando el FOMC decidió, por unanimidad, subir en 25 puntos básicos el rango objetivo de la tasa de fondos federales, hasta 3.75%-4.00%.

En el comunicado, la Fed sostuvo que la actividad económica se expande a un ritmo sólido, que el gasto doméstico se mantiene resiliente, la productividad crece con fuerza, la inversión de capital es robusta y la tasa de desempleo ha cambiado poco. Con una inflación que permanece elevada, justificó el ajuste como una forma de apoyar un retorno más oportuno hacia la meta de 2%.

La reacción de los mercados ya había comenzado tras el discurso de Warsh. Luego de Jackson Hole la probabilidad asignada a un incremento de tasas en septiembre aumentó, los rendimientos de los bonos del Tesoro de corto plazo se elevaron y el dólar se fortaleció frente a varias monedas. La reciente decisión convirtió esa expectativa en hecho y la gráfica de puntos (dot plot) del FOMC muestra que 16 de sus 18 participantes contemplan al menos un incremento adicional antes de finalizar el año.


EL CEO la revista Septiembre

Pero la incertidumbre sobre la trayectoria posterior permanece: Warsh volvió a evitar comprometerse con un curso predeterminado para las tasas y enfatizó que las decisiones dependerán de la evolución de los datos. El contraste con Jackson Hole de 2025 es evidente: mientras el entonces presidente de la Fed Jerome Powell contribuyó a consolidar expectativas de recortes, un año después la discusión se ha desplazado hacia cuánto más podría ser necesario endurecer la política monetaria.

Kevin Warsh, presidente de la Fed. / Fotoarte: Mariana Flores.

¿Qué representa para América Latina y el Caribe la decisión de la Fed?

Para América Latina y el Caribe, este giro supone, en principio, un entorno externo menos favorable. Tasas más altas en Estados Unidos pueden encarecer el financiamiento de gobiernos y empresas, generar presiones sobre las monedas locales y reducir el margen para que los bancos centrales de la región continúen bajando sus propias tasas. También pueden elevar el costo de refinanciar la deuda soberana, particularmente en países con grandes necesidades de financiamiento o menor espacio fiscal.

Pero la experiencia reciente obliga a matizar esta lectura. Durante el último ciclo de endurecimiento de la Fed, las economías emergentes mostraron una resiliencia mayor que en episodios previos.

En particular en América Latina, la sensibilidad de los rendimientos soberanos a los movimientos de las tasas estadounidenses disminuyó considerablemente respecto del taper tantrum de 2013. Mejores marcos monetarios, tipos de cambio más flexibles, mayores reservas y mercados financieros locales más desarrollados han contribuido a ampliar el margen de maniobra frente a choques externos.

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Preocupaciones sobre la trayectorial fiscal en Estados Unidos

A ello podría estar sumándose un cambio todavía incipiente en el propio sistema financiero internacional. Las crecientes preocupaciones sobre la trayectoria fiscal de Estados Unidos y una relación menos estable entre el dólar y los episodios de aversión global al riesgo han abierto un debate sobre si los activos estadounidenses conservan intacto su tradicional papel de refugio.

No hay evidencia suficiente para hablar de una pérdida estructural de ese estatus, pero sí indicios de que algunos de los mecanismos que históricamente amplificaban los choques de la Fed hacia las economías emergentes podrían estar debilitándose.

Jackson Hole introdujo, además, una segunda dimensión. Desde el comienzo de su gestión, Warsh ha mostrado reservas frente al uso intensivo del forward guidance. Este simposio permitió explicar con mayor claridad la lógica detrás de esa postura.

Su cuestionamiento no parece dirigirse a la comunicación como instrumento de política monetaria, sino a una forma particular de utilizarla: aquella en la que el banco central intenta orientar de manera muy precisa las expectativas sobre sus decisiones futuras.

La distinción es importante y la reunión de septiembre volvió a ponerla de manifiesto. Una Fed menos dispuesta a señalar una trayectoria de tasas no es necesariamente una Fed menos transparente o más discrecional. Pero sí puede significar que los mercados dispongan de menos señales para anticipar sus decisiones y deban actualizar con mayor intensidad sus expectativas ante cada nueva pieza de información.

Sorpresas en los datos de inflación, empleo o actividad podrían entonces generar movimientos más pronunciados en los rendimientos de los bonos del Tesoro, el dólar y los precios de otros activos.

Los motivos de la Fed

Ambas dimensiones importan para la región por razones diferentes. El retorno de la Fed a una senda de endurecimiento incide sobre el nivel de las condiciones financieras externas; una Fed menos dispuesta a anticipar sus próximos movimientos puede aumentar la incertidumbre alrededor de esa trayectoria. Pero ninguno de estos efectos es mecánico.

Importa también el motivo detrás de los incrementos: un aumento asociado a una economía más dinámica puede venir acompañado de una mayor demanda por exportaciones de la región; uno provocado por una sorpresa monetaria restrictiva tendrá consecuencias distintas.

Tampoco todos los países recibirán estos choques de la misma manera. Las economías con marcos monetarios creíbles, posiciones fiscales que les permitan absorber choques, reservas adecuadas, menor exposición cambiaria y mercados de deuda domésticos más profundos estarán mejor preparadas para enfrentar movimientos abruptos en las condiciones financieras internacionales.

En un mundo en el que la Fed podría ofrecer menos señales, fortalecer esos amortiguadores será aún más importante para que una mayor incertidumbre externa no se traduzca en una mayor vulnerabilidad para la región.

Autores: Jessica Roldán Peña, directora de Estudios Macroeconómicos de CAF -banco de desarrollo de América Latina y el Caribe-; Nicole Perelmuter, economista senior y Oswaldo López, economista principal de la misma dirección.

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