La prohibición a la comercialización de los cigarros electrónicos o vapeadores en México podría resultar poco efectiva para combatir su consumo y contribuir a que prevalezca un mercado irregular con incertidumbre sobre la elaboración de este tipo de dispositivos.

El decreto emitido el pasado 31 de mayo por el presidente Andrés Manuel López Obrador  busca evitar que las personas, particularmente los más jóvenes, hagan uso de este tipo de dispositivos por tener efectos dañinos para la salud.

La publicación en el Diario Oficial de la Federación contempla a los Sistemas Electrónicos de Administración de Nicotina, Sistemas Similares sin Nicotina, Sistemas Alternativos de Consumo de Nicotina, cigarrillos electrónicos y dispositivos vaporizadores con usos similares.

También, a las soluciones y mezclas utilizadas en dichos sistemas.

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Regulación sobre venta, la opción

Sin embargo, especialistas consideran que la mejor vía sería una regulación sobre su venta y elaboración, además del uso informado de este tipo de dispositivos por parte de los usuarios.

“Cuando regulas das una norma, como que los menores de edad no pueden consumir o que solo se puedan usar cartuchos donde sepas el contenido. Podrían servir mucho las advertencias de los problemas que pueden generar y que se diga que el uso es responsabilidad de quien lo recomienda y consume (…) el problema es que no exista en los hechos”, comentó Patricia Segura, médico especialista en enfermedades respiratorias y profesora de la Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud del Tecnológico de Monterrey.

Roberto Sussman, presidente de la asociación civil Pro Vapeo, aseveró que el decreto tendrá efectos en la creación de mercados negros, falta de información a los consumidores y la falta de calidad en los dispositivos.

La mejor manera para evitar el consumo por parte de menores es cuando la regulación es correcta y se aplica, entonces hay medidas de prevención, de información y castigo para aquellos que suministren productos a menores de edad

agregó.

Venta irregular

En México, más de cinco millones de personas han usado cigarro electrónico alguna vez y 975,000 lo consumen actualmente, según la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (Encodat) 2016-2017, última disponible a la fecha.

Estos dispositivos desechables o reutilizables calientan, por medio de baterías, líquidos que pueden o no contener saborizantes, nicotina o CBD que producen aerosoles, los cuales se inhalan.

Pero actualmente no hay certeza sobre la forma en que los dispositivos ingresan al país, qué estándares de fabricación se siguen, así como los ingredientes en los líquidos.

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“Hay vendedores que se autorregulan, también hay quienes venden productos chinos de dudosa calidad en mercados sobre ruedas”, expone Sussman, quien fumó cigarros convencionales por años y hoy es consumidor de estos dispositivos.

Vapeadores, con sustancias desconocidas

En 2021, investigadores de la Universidad Johns Hopkins analizaron los productos de marcas como Juul, Blu y Vuse y encontraron que hay una variedad de sustancias en los aerosoles, entre ellos químicos industriales y cafeína, que los fabricantes no dan a conocer.

Además, algunos aceites y humectantes que se agregan a las fórmulas cuentan con aprobación para su consumo por instancias como la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA), pero no para inhalarse, por lo que no se sabe mucho sobre los efectos de consumirlos así.

Pese al decreto, en México aún es posible adquirir vapeadores en comercios informales y establecidos, así como a través de tiendas por internet, aunque el líder de Pro Vapeo argumentó que hay más zozobra entre quienes lo comercializan.

“Los vendedores a los que les compro siguen vendiendo, aunque están más atemorizados; antes solo tenían que tratar por la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios y, en el peor de los caos, era una multa o decomiso, ahora tienen que tratar con el Servicio de Administración Tributaria, aduanas y son más inspectores”, contó.

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Falta información

​​Contrario a los cigarros convencionales, cuya comercialización como la conocemos hoy tiene más de un siglo y acumula décadas de estudios sobre sus efectos en la salud, el cigarro electrónico se inventó en 2003 y carece del mismo volumen de documentación, en especial sobre las consecuencias del consumo a largo plazo.

Roberto Sussman asevera que si bien estos productos no son inocuos, el daño que ocasionan es menor al de un cigarro convencional, algo que el presidente del Consejo Mexicano contra el Tabaquismo, Juan W. Zinser Sierra, considera un engaño de la industria tabacalera para administrar nicotina a la población.

Patricia Segura apuntó que aún falta evidencia que respalde si son más o menos dañinos en comparación con los cigarros convencionales, pero advirtió que existe una falsa percepción sobre el aerosol liberado, cuyas altas temperaturas pueden matar células en el aparato respiratorio.

La mayoría de las personas creen que es un vapor de agua cuando en realidad no lo son, son vapores que tienen varios componentes que pueden ser tóxicos para la salud