10 de diciembre 2018 | 5:00 am

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La noticia de la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de México no ha desanimado a algunos inversionistas para seguir con la compra de los bonos que emitió el gobierno de Enrique Peña Nieto para financiar parte del proyecto, lo que genera más presión al equipo del presidente Andrés Manuel López Obrador, que busca recomprarlos.

Por un lado están los inversionistas que quieren una ganancia rápida y que han aprovechado el desplome de los precios las semanas pasadas. A este grupo le puede favorecer una recompra del gobierno.

Por el otro están quienes han comprado con una visión de largo plazo, es decir, que esperan hasta el vencimiento de los bonos.

La semana pasada, el Grupo Aeroportuario de la Ciudad de México anunció una oferta de recompra por 1,800 millones de dólares del total de los 6,000 millones de dólares emitidos.

Los bonos están divididos en cuatro emisiones, con un bono convencional a vencer en 10 y 30 años y un bono verde a 2028 y 2047. Estos están garantizados por la Tarifa de Uso Aeroportuario (TUA) del aeropuerto Benito Juárez.

El bono a 2047 es uno de los más negociados. Vanguard, JP Morgan, Goldman Sachs, Interfund y Danske Bank han aumentado sus posiciones en este instrumento, mientras que Schroeders se mantiene como el mayor tenedor, según datos de Bloomberg,

En la medida en que un fondo muy grande aumente sus tenencias es bueno para la administración (de López Obrador) porque están pensando en mantenerlos hasta la maduración. Con ellos es mucho más fácil sentarte a platicar, porque quieren seguir recibiendo los cupones (intereses)

Amín Vera, director de análisis económico de Black WallStreet Capital.

Pero los grandes fondos también tienen divisiones de negocio que se enfocan en conseguir ganancias de corto plazo, es decir, compran cuando los precios caen para vender caro. Estos son los que compraron cuando el preció de los bonos cayó a 73 dólares (el precio inicial fue de 100 dólares).

“Si recompran a 90 dólares, todos van a salir porque a lo único que van es a sacar la diferencia. Es parte de lo que la administración quiere, correr a todos los que compraron barato y quieren venderlo a 90, pero al mismo tiempo quieren retener a los que van con una idea de inversión de largo plazo”, comentó Vera.

La subasta holandesa

La propuesta del gobierno para hacerse del 30% de los bonos consiste en una subasta holandesa inversa voluntaria, en la que los inversionistas que deseen vender ofrecerán un precio en el rango de 900 a 1,000 dólares por cada 1,000 dólares de capital de los bonos. La transacción requiere de una mayoría simple de inversionistas en cada una de las series.

Adicionalmente, el gobierno les ofrecerá una prima de 7.5 dólares por cada bono.

Pero los inversionistas ya mostraron su rechazo a la recompra y le piden al gobierno una garantía federal explícita de honrar la deuda, de acuerdo con información de Bloomberg.

Esto porque la subasta implica que para cada inversionista solo existe el 30% de posibilidades de que el gobierno le recompre sus bonos y además, deben firmar una cláusula en la que -les compren o no sus bonos- se comprometen a no demandar al gobierno aunque no se construya un nuevo aeropuerto.

“Lo que el gobierno tendría que hacer es, de entrada, no pagarlos a 90 dólares, tiene que pagarlos arriba de 100 y debería aumentar la cantidad de oferta, en lugar de 30, el 50 o 60%”, dijo Vera.

La cancelación de la construcción del aeropuerto en Texcoco puede traer consecuencias legales dado que los bonos se emitieron bajo las leyes de Nueva York, por lo que para evitarlo, el gobierno mexicano debe conseguir, además de una recompra exitosa, convencer al resto de los inversionistas para aceptar nuevas condiciones, así como la cancelación del aeropuerto.

De lo contrario deberá pagar por cada bono los 100 dólares del valor inicial y todos los intereses.

“Muchos de los gains (ganancias) se hicieron hacia atrás un poco porque la presión de los tenedores para mejorar los términos se ha endurecido”, dijo un inversionista que prefirió no ser nombrado.

Adicionalmente, dado que el fideicomiso que concentra los recursos del aeropuerto está en Estados Unidos, si los bonistas demandan, el gobierno estadounidense congelaría el dinero del fideicomiso, dificultando aún más la situación para el gobierno de López Obrador.

“Por eso están tan nerviosos. Si los bonistas demandan, de entrada van a congelar los fondos y los obligan a pagar todo el dinero. La recompra les tiene que salir y está difícil”, dijo Vera.

Este viernes sabremos si la operación avanza o si las negociaciones se extienden hasta el 4 de enero.

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