Medición de la riqueza. (Fotoarte: Cristian Laris)

20 de mayo 2020 | 5:00 am

Uno de los debates que más polémica e incomodidad genera entre los mexicanos es el de la desigualdad y los niveles de riqueza. No obstante, el país ni si quiera conoce con certeza los verdaderos niveles de desigualdad que imperan, debido a las limitaciones que tiene para medir el ingreso y la riqueza.

Lo que sí es certero es que, en México, donde reside el doceavo hombre más rico del mundo, Carlos Slim, también lo hacen 52.4 millones de personas que viven en condición de pobreza y cuyo número puede incrementarse con la crisis económica que ha generado el COVID-19.

Esta semana, una propuesta del presidente de Morena, Alfonso Ramírez Cuéllar, para que INEGI mida la concentración de la riqueza causó revuelo en redes sociales, sin embargo la medición del ingreso y un posible cálculo de la riqueza resultan necesarios para el diseño de mejores políticas públicas que conlleven a una reducción de la desigualdad, coinciden especialistas en el tema.

Estas mediciones no son nuevas; países como Estados Unidos, miembros de la Unión Europea, Canadá e incluso Chile y Paraguay ya las implementan.

INEGI y Banco de México ya van por este camino. A finales de 2019, las instituciones levantaron los datos para la Encuesta sobre las Finanzas de los Hogares (ENFIH), que pretende conocer mejor la situación económica de las familias mexicanas y que en unos meses arrojará los resultados que podrán ser usados por las autoridades del país para diseñar mejores políticas públicas.

El primer paso es identificar el grado de concentración de la riqueza, por la evidencia que tenemos es casi seguro que va a ser muy alta, y eso nos permite tener una mayor claridad para el diseño de políticas tributarias, como el impuesto a las herencias, o quizás pensar en impuestos al capital o distintas gravámenes que se encuentran en discusión sobre los efectos que pueden tener y si pueden ser o no beneficiosos para la economía

comentó Luis Monroy-Gómez-Franco, profesor City College de Nueva York.

A diferencia del ingreso, que son los flujos que recibe una persona o un hogar de forma recurrente, la riqueza es un acervo.

En México, el secreto fiscal y las limitaciones de la Encuesta de Ingreso Gasto de los Hogares (ENIGH) del INEGI restringen conocer la concentración del ingreso de los hogares más ricos. De hecho, México es el único miembro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) que no cuenta con datos sobre la distribución de la riqueza, ni reporta ingresos públicos de fuentes fiscales.

El primer gran obstáculo es que no tenemos información tributaria, que es una de las medidas más fáciles que existen en otros lugares del mundo para hacerlo. El segundo es que el método que se usa en México para hacer esta estimación es la ENIGH, el problema es que al ser un a encuesta tiene problemas de diseño que usualmente lo que hacen es que estiman a la baja la desigualdad del ingreso

comentó Carlos Brown, economista y especialista en justicia fiscal y desigualdades.

Entre 1985 y 2005 el aumento de la desigualdad en México redujo el crecimiento del PIB en un monto acumulado de 10%, según el estudio ‘Tendencias en la desigualdad del ingreso y su impacto en el crecimiento económico’, de la OCDE.

El crecimiento de una economía se puede ver demeritado cuando los ingresos se distribuyen con desigualdad; misma que se vale de diversos canales. Uno de ellos es la debilidad del mercado interno, que de hecho afecta—por lo menos en potencia—las decisiones de consumo o inversión de los individuos, dice el ahora subgobernador de Banxico, Gerardo Esquivel, en el estudio ‘Desigualdad extrema en México’.

“(La medición) Te permite conocer mucho mejor la situación real del país, darte cuenta de qué factores están impulsando más la concentración del ingreso, la desigualdad. En México sin duda uno de ellos es los ingresos de capital, porque es muy fácil moverlos y es difícil cobrarles impuestos. Por otro lado, te sirve para el control tributario, para tener una mejor idea en que medida se cumplen con las obligaciones, qué tan débil o no es tu sistema fiscal”, comentó Diego Castañeda, economista e historiador económico.

En México, al menos 48 % de la desigualdad en los logros de la población mexicana se debe a que las oportunidades con las que cuentan las personas para salir adelante no son las mismas, de acuerdo con estudios del Centro de Estudios Espinosa Yglesias.

Por ejemplo, 49 de cada 100 personas que nacen en los hogares del grupo más bajo de la escalera social, se quedan ahí toda su vida. Y aunque la otra mitad logra ascender, 25 de ellos no supera la línea de pobreza. Lo que implica que 74 de cada 100 mexicanos que nacen en la base de la escalera social, no superan la condición de pobreza. En cambio, 57 de cada 100 de quienes nacen en hogares del extremo superior de la escalera social, se mantienen ahí el resto de su vida.

“Usualmente se presume que cuando se habla de desigualdad se habla desde el resentimiento y hay muchas preconcepciones sobre cuál es el origen de la desigualdad, si creemos que es justa, que deviene de diferentes grados de esfuerzo, genera cierto escozor el hecho de que se mida y se refleje. Se llama falacia meritocrática que es el creer que los resultados de una persona dependen solamente de su esfuerzo, peo sabemos que no es así, que hay otros factores que no necesariamente están bajo tu control que influyen en el resultado de vida”, dijo Monroy-Gómez-Franco.

Los especialistas coincidieron en que, además de mejorar la medición del ingreso en México y contar con un cálculo de la riqueza, también se requiere ir más allá e implementar políticas públicas encaminadas a reducir la desigualdad.

En la medida en que conozcamos con mejor fidelidad estos datos, tiene efectos en la vida política nacional.Tener esta información debilita las posiciones de ciertas personas, si de pronto nos damos cuenta que la desigualdad ha subido tanto y está impulsada por ciertos ingresos de capital, y que esas personas no pagan muchos impuestos, la presión para que paguen es más alta

indicó Diego Castañeda.

Datos de la OCDE muestran que, la intervención del Estado en México para reducir la desigualdad resulta insuficiente. De acuerdo con el coeficiente de Gini, que mide la desigualdad del ingreso, este es de 0.46 después de la intervención con la política fiscal y programas sociales, y de 0.47 antes de la intervención. Cuanto más cercano es el coeficiente a cero hay menor desigualdad del ingreso.

A pesar de los esfuerzos del Estado, las transferencias, la redistribución que hace, el resultado a todas luces insuficiente para reducir las desigualdades y lo que logra es muy poco. La apuesta está en hablar de las políticas contra la desigualdad

comentó Carlos Brown.