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Andrés Manuel López Obrador saluda durante un mitin.El próximo presidente enfrentará el ciclo político de la economía. (Reuters)

3 de octubre 2018 | 4:46 pm

La meta de Andrés Manuel López Obrador de acelerar el crecimiento de la economía, luce como una tarea complicada, por lo menos en su primer año de gobierno.

El equipo económico del próximo presidente de México espera que, en el 2019, la economía se acelere 2.5% anual, por arriba de la expectativa del consenso de analistas para el cierre del presente año e incluso para el 2019, que es de 2.1%, según la encuesta de expectativas que realiza el Banco de México entre especialistas del sector privado.  

El objetivo se avizora complejo, no por la llegada de AMLO, considerado como un político anti-establishment, sino debido a la típica desaceleración que suele presentar la economía con cada cambio de gobierno.

En México, el último año de un sexenio suele caracterizarse por dos fases: en el primer semestre el gasto electoral tiene un efecto expansivo en la economía, pero este se diluye en la segunda mitad y se extiende hasta el primer año de la nueva administración.

Lo anterior debido a que el nuevo gobierno debe recorrer una curva de aprendizaje en los primeros meses, aunado a la incertidumbre por el nombramiento de los funcionarios, lo que generalmente retrasa la ejecución del Presupuesto, así como las decisiones de inversión del sector privado y de los hogares.

Hay retrasos en la ejecución del Presupuesto, un periodo de aprendizaje, lo cual afecta la inversión privada porque mucha depende de cuándo y cómo se ejerza el Presupuesto. Sea AMLO o Juan Pérez el presidente, el crecimiento de la economía va a sufrir la transición gubernamental en la primera mitad del 2019

Alfredo Coutiño, director general de Moody’s Analytics para América Latina.

Agregó que, si el ciclo político que ha estado presente en México en las últimas tres décadas continúa, veremos un crecimiento anual de 1.5%, la cifra representaría una se desaceleración frente al 2% de crecimiento que se prevé para este año.  

Por su parte, el jefe de Research de Barclays, Marco Oviedo, espera un crecimiento de 1.8% para el 2019.

Mientras tanto, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ya recortó su pronóstico de crecimiento para el siguiente año a 2.7% desde un estimado de 3%, y la Organización para la Cooperación y el DesarrolloCDE disminuyó su expectativa de 2.8% a 2.5%.

4%, la meta del nuevo gobierno

En las últimas dos décadas el Producto Interno Bruto (PIB) ha crecido en promedio 2.5% anual, mientras que la población lo ha hecho a un ritmo de 1.5%, lo que resulta insuficiente para acelerar el desarrollo del país o mejorar los niveles de vida de los mexicanos.

En este sentido, el gobierno de AMLO tiene como objetivo generar un crecimiento promedio de 4% anual. “No hemos crecido adecuadamente en los últimos 35 años (…) Esto ha impedido que se puedan crear empleos en el país, a eso se debe mucho el fenómeno migratorio y también problemas de pobreza, inseguridad y violencia”, dijo López Obrador a mediados de julio en una reunión con la Confederación de Cámaras Industriales (Concamin).

¿Qué tan difícil es llegar al 4%?

Para acelerar el crecimiento, Coutiño dice que el nuevo gobierno debe partir de un diagnóstico realista de la realidad económica. Una vez determinada la problemática, se necesita preparar un programa económico que se enfoque a resolver las causas de raíz de los problemas diagnosticados.

“Para que el programa sea equilibrado entre mejorar crecimiento y bienestar social debe combinar políticas de libre mercado con políticas públicas de alto contenido social”.

Por su parte el Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento (IDIC), expuso en un documento que el bajo crecimiento económico representa el mejor ejemplo del reto a superar, ya que en el fondo es el causante de los desequilibrios sociales y productivos que se viven en México, entre ellos el de la pobreza.

El documento agrega que la inercia institucional que ha causado el bajo crecimiento es grande y no se le debe subestimar. Para revertirla se requiere de una nueva política económica que venga acompañada de políticas públicas bien definidas y comprometidas con la atención de los problemas que inhiben el crecimiento y desarrollo económico de México.