20 de noviembre 2018 | 5:00 am

Entre sillazos, botellazos y gritos, el futuro del PRD se tambalea. El partido más emblemático de la izquierda en México agoniza.

Un cúmulo de renuncias, pérdidas de gubernaturas, minibancadas en el Congreso de la Unión e incluso el riesgo de perder el registro como partido nacional son las amenazas del sol azteca que se ha eclipsado poco a poco.

Muestra de lo que vive fue la forma en que se realizó su 15° Congreso Nacional Extraordinario el pasado domingo 18 de noviembre.

Entre actos violentos se tomó la decisión de reformar sus estatutos para desaparecer a las conocidas como “tribus”, además de que una dirigencia temporal sustituirá al Comité Ejecutivo Nacional (CEN).

Se trata de uno de los últimos intentos del Partido de la Revolución Democrática para tratar de mantenerse vigente. El mismo día en que se tomaba la decisión, Héctor Serrano, actual diputado federal, renunció a su militancia.


Lejos quedó el 2006, año en que el perredismo lideró una coalición encabezada por Andrés Manuel López Obrador, hoy presidente electo de México, y que un 0.62% de diferencia –poco más de 243,000 votos– no le permitió alzarse como primera fueza política en México.

El pasado 1 de julio, el perredismo fue una de las víctimas de la ola de Morena. A la alianza con el panismo, encabezada por Ricardo Anaya que consiguió 12.61 millones de voto, el sol azteca sólo logró aportar 1 millón 602,715 sufragios.

Las tres entidades que gobernaba y que tuvieron elecciones –Ciudad de México, Tabasco y Morelos–, las perdieron. Se quedaron sin registro en seis estados: Aguascalientes, Colima, Jalisco, Nuevo León, Sinaloa y Querétaro.

Huérfano de líderes morales

De los 19 presidentes nacionales que ha tenido en su historia, contando a interinos y encargados de representación, más de la mitad ya renunciaron a las filas del PRD.

La ausencia de líderes del sol azteca es un factor más que muestra la debacle actual.

Hoy ya no cuentan con gente como Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo, Andrés Manuel López Obrador, Pablo Gómez, Amalia García, Rosario Robles, Leonel Godoy y Leonel Cota, todos ellos que en algún momento encabezaron al partido partieron hacia otros rumbos políticos.

En su reciente Congreso Nacional a su dirigencia nacional la tuvieron que sustituir por un órgano con cinco integrantes, cada uno identificado con una corriente distinta: Ángel Ávila (Nueva Izquierda), Fernando Belaunzarán (Galileos), Karen Quiroga (Vanguardia Progresista), Adriana Díaz (Alternativa Democrática) y Esthepany Santiago (Alternativa Democrática).


La falta de rostros visibles hicieron que se aliaran en la pasada elección presidencial con el Partido Acción Nacional, la cual fue muy criticada por la diferencia ideológica entre ambos partidos, uno con tendecias de izquierda y el otro con el sector conservador.

Hoy, entre el perredismo se mantienen algunos nombres que destacan pero que no logran aglomerar un fuerte respaldo para tratar de rescatar al partido como Alejandra Barrales, Juan Zepeda, Jesús Ortega, Jesús Zambrano, Fernando Belaunzarán, Héctor Bautista, Silvano Aureoles, Guadalupe Acosta, Graco Ramírez, entre otros.

El riesgo de perder el registro

Juan Zepeda, actual senador perredista, no titubea en advertir que de no componerse la situación el gran riesgo para el partido es la pérdida del registro en el 2021.

El PRD tiene que cambiar. Tiene que modificar sus formas de convivencia interna. Tiene que disolver las corrientes que se convirtieron solamente en franquicias familiares

advirtió Juan Zepeda, político perredista

Otro factor que agrega el ex candidato a la gubernatura del Estado de México es que se deben abandonar los proyectos de alianzas. “Tiene que caminar solo. Tiene que recuperar su identidad como un partido de izquierda. En el pasado se cometieron muchos errores con la política de alianzas que terminó con un resultado catastrófico”.

En ese mismo sentido, hace unas semanas Fernando Belaunzarán, uno de los liderazgos que aún se mantienen en el partido proponía incluso la opción de comenzar todo de cero, aunque eso conllevara disolver todo incluyendo nombre y logo de la institución fundada en 1989.

La mini bancada

En el 2006, luego de estar muy cerca de ganar la presidencia, el PRD obtuvo muy buenos resultado. En el Congreso se convirtió en la segunda fuerza con una bancada de 127 políticos.

Tres años después tuvo una disminución pero seguía pesando en las decisiones con 63 legisladores en San Lázaro. En el 2002 vivió una recuperación al alcanzar los 104 curules.

Para el 2015 comenzó una debacle al tener en la Cámara de Diputados a 52 representantes, pero nada comparado a este 2018, en donde sólo ocupan 20 lugares, siendo la bancada más pequeña solo por encima del Partido Verde Ecologista. En el Senado apenas cuentan con cinco representantes.

La única entidad que aún gobiernan en todo el país es Michoacán, con Silvano Aureoles, quien en la elección presidencial anterior apoyó al priista José Antonio Meade.

Las eras de gloria perredista se ven muy lejanas, su distancia y diferencias con el próximo presidente, López Obrador, podría marcar su fin, que de no tomar una acción profunda de renovación podría llegar en los comicios del 2021 con la temida pérdida de registro.