24 de octubre 2018 | 5:00 am

El proceso electoral del 1 de julio aún hace eco al interior de las estructuras del PRI, PAN y PRD, los tres partidos políticos que hasta ese día dominaban el escenario político mexicano.

El contundente triunfo de Morena tanto a nivel presidencial, en el Congreso y en la mayoría de los estados obligó a estos grupos políticos a reflexionar sobre su futuro. En el horizonte se ven como opciones la renovación desde cero o una reestructuración para volver a los orígenes.

El Partido Revolucionario Institucional (PRI) no logró retener un solo estado. Su candidato presidencial, José Antonio Meade, se fue al tercer lugar de la contienda con 16.40% de la votación y obtuvo solo 47 diputados y 14 senadores.

En tanto, el Partido Acción Nacional (PAN) salió mejor librado al ganar las gubernaturas de Guanajuato, Puebla y Mérida; no obstante, su presidenciable Ricardo Anaya quedó como segundo lugar con el 22.27% y solo logró que 79 legisladores se colaran a la Cámara baja y 24 a la alta.

El peor escenario fue para el Partido de la Revolución Democrática (PRD), el cual no logró ganar ninguna entidad. El partido apoyó la candidatura del panista Anaya a la que sólo abonó 2.83% de la votación y quedó como una de las bancadas más débiles con 20 diputados y cinco senadores.

El movimiento morenista encabezado por Andrés Manuel López Obrador, presidente electo, ganó los comicios del Ejecutivo con el 53.19%; se afianzó en cinco de las nueve gubernaturas en disputa y se consolidó como la bancada dominante con 255 diputados y 59 senadores.

Aunque pareciera que la decadencia del PRI, PAN y PRD se puede generalizar por un mismo patrón de descontento por parte del electorado emergido del hartazgo hacia la corrupción y viejos discursos, “no todos parecen tener la misma habilidad para adaptarse”, considera Alberto Espejel, experto en temas políticos.

Cada uno presenta una serie de retos importantes y diferentes para lograr salir del agujero que, por ahora, parecen cavar cada vez más profundo. Uno de ellos es mantener la cohesión de la élite partidista para acordar quién será el dirigente

Alberto Espejel, analista político

El priismo y el reto de aprender de sus errores

La elección de José Antonio Meade para buscar la Presidencia, así como la llegada de Enrique Ochoa Reza a la dirigencia nacional, fueron acciones que se le adjudicaron al grupo cercano del presidente Peña Nieto y su principal impulsor, Luis Videgaray.

Hoy el priismo se encuentra ante la pugna de distintos frentes que buscan hacerse del control del partido, como el de José Murat, ex gobernador de Oaxaca, o el del actual gobernador de Campeche, Alejandro Moreno.

El Comité Ejecutivo del Movimiento Territorial, encabezado por José Calzada, entregó un diagnóstico sobre la opiniones de la militancia tras el proceso electoral y encontraron que hubo una ineficacia de las alianzas electorales, falta de vinculación con candidaturas ciudadanas y poca democracia en la toma de decisiones para elegir dirigentes y candidatos.

Para recuperar la confianza perdida, el PRI deberá echar de sus filas a los “llamados tecnócratas y a los actores que, a su paso, desprestigiaron los valores impuestos en su fundación”; como Javier Duarte, César Duarte o Roberto Borge, señaló el politólogo, José Fernández Santillán.

“A la hora que la gente se desilusione de López Obrador tendrá que haber una alternativa y ahí estarán los partidos políticos”, agregó el doctor por la Universidad de Turín.

Mantener y recuperar terreno será también un desafío que el partido debe superar, considera el también investigador del Tecnológico de Monterrey, y pone como ejemplo lo hecho en la dirigencia nacional de Beatriz Paredes, quien reunificó al PRI y sus fuerzas para volver a ser competitivo.

Los políticos priistas no se van a ir, tienen que rehacer la casa que casi demolió la tecnocracia, encabezada por Luis Videgaray

José Fernández Santillán, analista político

El panismo: resolver su conflicto interno

El PAN podría ser considerado como el menos afectado tras el resultado del 1 de julio, pero sus problemas radican al interior de sus bases. La división que ha dejado el dominio de Ricardo Anaya y su grupo en los últimos años dejó fracturas que derivaron incluso en expulsión de militantes.

El próximo 11 de noviembre, los poco más de 280,000 militantes del blanquiazul votarán para elegir a su dirigente entre las opciones de Marko Cortés, figura cercana al anayismo, y Manuel Gómez Morín, impulsado por otros grupos en busca de volver a los orígenes del partido.

“Es un partido que se enfrenta a una reconversión para dejar atrás un discurso demócrata cristiano para asumir un discurso netamente liberal, ya que en él hay actores como Javier Corral, pero también personajes de origen aristocrático como Gómez Morín”, indica el maestro en estudios políticos de la UNAM, Salvador Mora.

Tendrá que replantearse un escenario de inclusión y mostrar un discurso apegado a sus valores de origen que, de una u otra manera, le fueron arrebatados en aras de ser un partido competitivo, añade el analista.

El politólogo concluye que su espectro será devolverle un sentido a este discurso, lo cual podría llevar  a que sus estatutos sean replanteados y el acceso sea más restrictivo.

Al PAN le hizo mucho daño el poder mismo y es necesario que estas conversiones se replanteen

Salvador Mora, experto político

Comenzar de cero, la opción del perredismo

La derrota estruendosa fue la del PRD. El partido pasó de gobernar en la Ciudad de México, Tabasco, Morelos y Michoacán a sólo quedarse con esta última entidad, en la cual su gobernador, Silvano Aureoles, decidió apoyar públicamente al candidato priista José Antonio Meade.

La irrupción de Morena en el escenario político pasó una alta factura al partido del sol azteca, sobre todo porque varios cuadros de militantes decidieron seguir el proyecto encabezado por López Obrador.

La bancada perredista pasó de ser un grupo de peso necesario para la toma de decisiones en el Poder Legislativo a convertirse en la séptima por número proporcional en ambas cámaras.

Si el PRD quiere tener credibilidad tiene que comenzar de cero, porque hoy no la tiene y la moneda de oro hoy ante la sociedad es la credibilidad, más allá de estructuras , clientelismo

Fernando Belaunzarán, miembro del partido del sol azteca

“Tiene que actuar de manera totalmente distinta por eso llamamos a que se disuelva el partido y sus órganos y que construyamos algo distinto con base en el consenso”, agregó el político que incluso considera que todo tiene que ponerse a discusión tanto el nombre como el logo.

Hace unos días, Manuel Granados renunció a su cargo como dirigente nacional, según explicó en un documento para dar paso al proceso de renovación y aseguró que el PRD aún tiene mucho que dar.