Vinte y la crisis del sector vivienda: ¿cómo sobrevivió al colapso de 2013?
El sector de la vivienda en México tiene en Vinte a su jugador principal, pero llegar a ese punto no fue un camino sencillo. La compañía sorteó la crisis que azotó al sector en 2013, y que llevó a la quiebra a varias de las principales desarrolladoras del país.
Los cambios en la política nacional de vivienda de ese año significaron un duro golpe para las compañías que por años centraron su modelo de negocio en la construcción de vivienda de interés social con subsidio federal.
Vinte sorteó las adversidades en gran medida porque, a diferencia de sus competidoras, llegó a ese momento con una estructura contable con normas internacionales desde años atrás con un aliado estratégico: International Finance Corporation (IFC).
En el 2008 el Banco Mundial quería una desarrolladora mediana que fuera institucional. Y Vinte siempre ha sido una empresa muy institucional
dijo Sergio Leal, presidente del consejo de administración de Grupo Vinte, en entrevista con EL CEO.
Durante ese año, el IFC, brazo financiero del Banco Mundial, invirtió en Vinte a cambio de un interés del 10% de su capital social, además de otorgarle una línea de crédito a siete años.
La entrada de un actor internacional de ese calibre alineó a la viviendera mexicana a normas contables internacionales, muy distintas a las aplicables a sus pares en ese momento. Para Leal, eso fue un punto clave que cubrió a Vinte de la tormenta que vendría años después.
“Las reglas contables a nivel México te permitían hacer cosas que no eran sustentables en el tiempo”, mencionó.

La clave de Vinte
Vinte no podía adquirir grandes extensiones de tierra para uso especulativo, que bajo las normas mexicanas incluso eran deducibles pese a que no es vivienda desarrollada en el corto plazo.
Actualmente, las reservas territoriales adquiridas deben ser desarrolladas en un plazo no mayor a cuatro años, de lo contrario, los desarrolladores deberán pagar el Impuesto Sobre la Renta (ISR) que dedujeron al momento de la compra de los terrenos.
Las normas mexicanas también permitían a los desarrolladores reconocer ingresos conforme al avance de la vivienda, y no hasta su escrituración, una práctica que no podía ser aplicada por Vinte debido a la participación de IFC como accionista.
Finalmente, Leal apuntó que las vivienderas mexicanas también podían actualizar el valor de sus reservas territoriales con base en una sola transacción, cambio de uso de suelo e infraestructura. Ahora, el aumento de valor se aplica únicamente a los lotes firmados o vendidos. Toda la demás tierra es a valor del que se compró.
Después de la debacle que inició con la crisis subprime que estalló en 2008 en Estados Unidos, el panorama cambió para las vivienderas tras la nueva política nacional de vivienda. Sin embargo, para Vinte no representó un impacto.
Para nosotros, como ya veníamos de estar con el Banco Mundial, prácticamente no hubo ningún cambio porque nunca nos permitieron hacer esas tres cosas. Que no eran malas, pero tampoco era algo sustentable
dijo.
El colapso de 2013
Entre el 2000 y el 2012, la política nacional de vivienda permitió el auge de los grandes consorcios inmobiliarios, gracias a su enfoque en el desarrollo de conjuntos habitacionales en las periferias de las principales ciudades del país, con alta disponibilidad de suelo barato.
Sin embargo, a inicios de 2013, el entonces presidente Enrique Peña Nieto anunció una nueva política enfocada en un crecimiento urbano más ordenado y que favoreció el desarrollo de vivienda vertical.
Esto se tradujo en una caída en la construcción de vivienda a cargo de las desarrolladoras que cotizaban en la Bolsa Mexicana de Valores (BMV), y que vieron su boom a inicios del siglo, durante la administración de Vicente Fox Quesada.
Las principales desarrolladoras –Desarrolladora Homex, Corporación Geo y Urbi Desarrolladores Inmobiliarios– comenzaron a enfrentar dificultades para mantener la viabilidad de su negocio, lo que derivó en reestructuras que, en algunos casos, resultaron insuficientes para mantenerse a flote.
Realmente aprendimos como gobierno, como empresas, qué fue lo que no funcionó en el pasado. Con las nuevas reglas internacionales contables del 2013 son más controlables los crecimientos y la veracidad de los ingresos de las compañías que cotizan en Bolsa
puntualizó.
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