El desastre tóxico de asbesto que Carlos Slim y Del Valle intentaron ocultar en Veracruz

El desastre tóxico de asbesto que Carlos Slim y Del Valle intentaron ocultar en Veracruz

Hace más de una década, la Central de Abasto del Puerto de Veracruz alojó por meses 800 toneladas de asbesto, un material de construcción cancerígeno. Le pertenecía a una compañía vinculada a Grupo Carso. EL CEO recupera esta historia que intentó no dejar rastro.

Elementia, una compañía de Carlos Slim y Antonio del Valle Ruiz —dos de los empresarios más poderosos de México—, intentó ocultar este episodio hace más de una década. Es una historia que quedó archivada y borrada: más de 800 toneladas de asbesto —provenientes de Rusia— no llegaron a su destino en octubre de 2012.

Aunque debía ser entregado en una fábrica en Tizayuca, Hidalgo, donde se transformaría en material para construcción, el asbesto terminó apilado en costales en el estacionamiento de la Central de Abasto del Puerto de Veracruz. Todo esto, a pesar de que se trata de un material cuyas fibras son tóxicas y pueden generar enfermedades pulmonares y cáncer cuando son inhaladas.

Mexalit, la filial de Elementia que importó el asbesto, no denunció inmediatamente el extravío del material, sino ocho meses después. Como resultado, las autoridades sanitarias y ambientales hicieron un censo de las personas que pudieron resultar afectadas —como trabajadores y vecinos de la central—.

Los inspectores recomendaron realizar un monitoreo anual a esos individuos, porque los daños podrían presentarse a largo plazo (entre 10 y 40 años después de la exposición).

A 13 años del desastre tóxico, se desconoce quiénes habrían presentado afectaciones por respirar fibras de asbesto —que pueden alojarse en el cuerpo durante décadas—.


EL CEO la revista Enero

Tanto funcionarios de la empresa, como inspectores y exdirectivos de las instituciones implicadas en el caso dijeron a EL CEO no recordar los hechos o no encontrar los archivos de aquel episodio que puso en “peligro inminente” al Puerto de Veracruz.

“Lo más brutal es que se tienen muchos datos que refieren que basta con una exposición para que sea posible desarrollar alguna enfermedad derivada del material”, dice en entrevista Sayuri Gallardo Kishi, antropóloga médica que ha estudiado casos de trabajadores expuestos al asbesto.

Gallardo agrega que el daño que deja el asbesto es multidimensional, por eso a las poblaciones que estuvieron expuestas se les deben garantizar acciones de seguimiento y vigilancia epidemiológica, con el fin de hacer diagnósticos tempranos, y tener un tratamiento digno.

La información que fue borrada

El olvido y el silencio fueron los protagonistas del caso. Medios locales y nacionales hicieron una cobertura cuando el asbesto fue descubierto al aire libre; con el paso del tiempo, decenas de notas y fotografías fueron borradas o bajadas de sus sitios web y redes sociales.

Por ejemplo, el 13 de julio de 2013, el periódico Reforma llevó en su primera plana el hallazgo del asbesto importado por Mexalit —la filial de Elementia—. Después la historia se publicó en Milenio, La Jornada, Notiver, Imagen de Veracruz, Diario del Istmo, entre otros. Pero, en la actualidad, solo sobreviven algunas notas del medio Al Calor Político.

Para el “manejo de crisis”, Elementia contrató a Zimat Consultores, una empresa de relaciones públicas y gestión reputacional, que mandó un comunicado a todos los medios donde se argumentaba que Mexalit desconocía que sus 800 toneladas de asbesto se encontraban en la Central de Abasto de Veracruz, y culpó a su transportista, de nombre Carlos López Barranca.

Fuentes consultadas por EL CEO señalaron que Zimat habría operado esta estrategia para que los contenidos se borraran de internet, pero la agencia lo negó.

“Fue hace mucho tiempo; nosotros llevamos la ‘situación especial’, la parte mediática, compartimos la información con los medios de comunicación, pero nosotros no operamos nada para bajar nada”, dijo uno de los consultores de Zimat.

Al menos nueve reporteros entrevistados por EL CEO contaron que, en un principio, desconocían que el material fuera asbesto y llegaron a la Central de Abasto sin protección. Describieron que se trataba de un “polvo demasiado blanco que brillaba”; también dijeron que creían que la noticia sería un escándalo nacional, pero dejó de surgir nueva información y el caso quedó olvidado.

En ese momento, ni los periodistas, ni los trabajadores o vecinos sabían que unos 3,000 costales estaban rotos. Esto provocó que las fibras de crisotilo de asbesto que contenían quedaran al aire libre, según se describe en reportes realizados por inspectores de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) y la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris).

Desde noviembre de 2012, las tarimas con costales de asbesto podían verte desde el satélite, entre las calles Mago y Piña, en el estacionamiento de la Central de Abasto. Foto: Google Earth.

¿Cómo llegó el asbesto a la Central de Abasto de Veracruz?

Aunque diversos países europeos ya habían prohibido el uso de asbesto por su potencial cancerígeno, en México todavía se utilizaba como precursor para fabricar tinacos, láminas y equipo de protección personal.

Mexalit era la empresa con los permisos de importación de asbesto más relevantes del país, según datos de Cofepris en 2013.

El cargamento de más de 800 toneladas proveniente de Rusia llegó al Puerto de Veracruz en octubre de 2012. El encargado de recibirlo fue el transportista Carlos López Barranca, quien en ese entonces no contaba con permisos para trasladar materiales tóxicos, de acuerdo con documentos legales consultados por EL CEO.

Se suponía que López Barranca recogería el asbesto en Veracruz, y lo llevaría a la planta de Mexalit en Tizayuca, Hidalgo: un viaje que no demoraría más de un día. Pero el cargamento no llegó.

Según el testimonio del hombre, el cual se cita en su juicio de amparo y en una denuncia donde reclamó la falta de pago, las toneladas de asbesto se quedaron en el puerto porque Mexalit le habría ordenado resguardarlo hasta nuevo aviso.

Tras acordar una tarifa de almacenaje de 50 pesos por tonelada cada día, Carlos López Barranco llevó el material al estacionamiento de la Central de Abasto de Veracruz.

Según el transportista, la filial de Elementia —de Carlos Slim y Antonio del Valle— siempre supo que el asbesto se encontraba resguardado en el sitio, rodeado por decenas de negocios de frutas, verduras y materias primas.

La llegada de autoridades

El 25 de mayo de 2013, el conductor denunció a Mexalit por falta de pago. Este hecho también provocó que las autoridades se enteraran de que existía material tóxico que, sin permisos, se almacenó en el estacionamiento de la Central de Abasto.

Con Cofepris y Profepa ya enteradas y en medio del proceso legal, Mexalit contradijo al transportista: aseguraba que no sabía dónde estaba su asbesto, y alegó que, básicamente, el transportista lo tenía retenido.

Después de varios meses con el cargamento presuntamente extraviado, Mexalit intentó “localizarlo” utilizando a un notario como mediador, en lugar de presentar una denuncia ante el ministerio público. El fedatario contactó al chofer en tres ocasiones y le pidió devolver el cargamento, según se detalla en el juicio de amparo.

Ocho meses después de que el asbesto llegara al país, en junio de 2013, las partes no llegaron a un acuerdo y Mexalit interpuso una denuncia penal contra el chofer; también dio aviso a Profepa y Cofepris, cuyos funcionarios comenzaron con las inspecciones, donde se encontró que miles de sacos del material estaban rotos y suponían un riesgo para la salud.

Fue hasta el 17 de julio de 2013 cuando el material fue retirado de la Central de Abasto de Veracruz y llevado a la planta de Mexalit, en Tizayuca, Hidalgo, con el resguardo de las autoridades ambientales.

El 17 de julio de 2013, se realizó un operativo para retirar el asbesto de la Central de Abasto de Veracruz. Foto: Cortesía / Félix Márquez

Nadie fue a prisión por el desastre tóxico

Pese a que los inspectores de Profepa y Cofepris determinaron que hubo un “peligro inminente” para la salud de los cientos de personas que visitan la Central de Abastos y miles que viven alrededor, nadie pisó la cárcel. Ni los funcionarios de Mexalit, ni Elementia, ni siquiera el transportista Carlos López, quien sí fue encontrado culpable por daño a la salud al exponer residuos tóxicos.

Mexalit, la responsable y propietaria del asbesto, no recibió una condena penal por los hechos debido a una batalla legal que derivó en amparos a su favor. Su argumento fue que el asbesto que importó solo era una materia prima, pero se convirtió en residuo tóxico cuando el chofer la almacenó en la Central de Abasto.

El transportista Carlos López Barranco fue sentenciado a un año de prisión, pero la pena fue conmutable y la enfrentó en libertad, explicó su abogado defensor, Jorge Reyes Peralta, en entrevista con EL CEO.

“Los dueños de la empresa se movieron, solo les dieron unas ridículas multas. Es una historia de impunidad, ellos se salvaron de todo, a quien sí procesaron fue a mi cliente”, relató Reyes.

El abogado agregó que aquel desastre tóxico ocurrió porque uno de los clientes de Mexalit no le pagó 40 millones de pesos. Para ejercer presión, ordenó al transportista retener la mercancía en el puerto.

Reyes Peralta dijo a EL CEO que tras darse a conocer el cargamento de 800 toneladas, se reunieron con funcionarios de Mexalit en Houston, Texas, para llegar a un trato con el pago y “cerrar el caso”, pero finalmente no hubo un acuerdo.

Mexalit, una empresa que unía a dos magnates

Fotoarte: Ercika Robles

Al momento del desastre ambiental, Mexalit reunía a dos de los hombres más ricos de México como inversionistas: Carlos Slim —quien participaba a través de Grupo Carso— y a Antonio del Valle Ruiz y sus hijos, entonces principales accionistas de Elementia.

Carlos Slim —en ese momento, el hombre más rico del mundo según Forbes—, vendió Industrias Nacobre en junio de 2009. A cambio, obtuvo indirectamente el 49% de las acciones de Elementia a través de una tenedora, figura que le daba voz y voto en asambleas de accionistas.

Luego de la transacción, la tenencia accionaria indirecta de Grupo Carso bajó al 46%. Según los reportes de la empresa al cierre de 2012 —cuando el desastre tóxico ya comenzaba—, así se repartían las acciones de Elementia:

  • Grupo Carso (a través de tenedora): 46%
  • Grupo Kaluz (de la familia Del Valle): 35.30%
  • Hermanos Del Valle Perochena: 15.70%

Finalmente, el 10 de mayo de 2022, Grupo Carso anunció que compró un paquete de acciones que le permitió obtener el control de Elementia, al superar el 50% de participación.

Aunque con un perfil más bajo que otros magnates, Antonio del Valle Ruiz aparece cada año entre los hombres más ricos de México. Según Forbes, en 2025 era dueño de una fortuna de 2,900 millones de dólares, provenientes principalmente de sus diversos negocios en el sector petroquímico.

A través de Grupo Kaluz, es dueño de Orbia, una compañía de polímeros, tuberías, tecnología de riego y conectividad; así como del grupo financiero Ve por Más (Bx+). De igual modo, hasta 2025, continuaba con una participación dentro de Elementia Materiales y varios miembros de la familia Del Valle formaban parte del consejo de administración de la misma.

El asbesto como cancerígeno

El asbesto llegó a México a través de lo que la doctora Guadalupe Aguilar Madrid, médica del trabajo, identifica como la transferencia de una industria tóxica: migrar la industria a países donde la regulación está atrasada.

Cuando países del norte global distinguieron que el asbesto era cancerígeno, la industria escapó a países como México, donde se utilizaba para fabricar materiales de construcción como tejas, tinacos y equipo de protección.

Al momento en el que las 800 toneladas aparecieron en Veracruz, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ya había estipulado que no había nivel seguro de exposición al material, que había sustitutos seguros y que la única medida de prevención era prohibir el asbesto.

El asbesto es un mineral fibroso que provoca el cáncer más frecuente en entornos laborales. A la fecha, más de 65 países lo han prohibido.

El problema en México es la impunidad con la que gozan las empresas y la falta de voluntad política de las autoridades de salud, trabajo y ambientales para remediar esto”, afirma Aguilar Madrid, también pionera en los estudios de asbesto en el país.

De acuerdo con la doctora, después de una exposición ambiental al asbesto, las autoridades deberían de implementar un programa de desarrollo epidemiológico, pero no hay registro de que lo hayan hecho en el suceso de Veracruz.

Además, en México no existe un fondo indemnizatorio de remediación para los afectados, asegura, como se debería implementar. Eso deja a las empresas sin responsabilidades con las personas que su producción con asbesto, expuso.

Los cánceres por asbesto están invisibilizados porque el tiempo en el que se manifiestan son muy largos, explica la atropóloga Sayuri Gallardo Kishi. La OMS señala que pueden aparecer periodos de 10 a 40 años.

Desastre tóxico: la apuesta por el olvido

La actual administración de la Central de Abasto veracruzana reconoció que no está enterada de actividades o de algún monitoreo por parte de las autoridades o de la empresa. Y el entonces tesorero, Erick Suárez Márquez, inicialmente mostró interés en responder a las preguntas de EL CEO, pero después no volvió a atender los mensajes.

Una fuente cercana al caso dijo que Mexalit y autoridades de salud sí realizaron algunas “acciones de remediación”, pero no hay claridad sobre cuándo culminaron.

Este medio también consultó a vecinos del Puerto de Veracruz, quienes aseguraron que su recuerdo es vago sobre el hecho, porque cuando retiraron las toneladas de fibras tóxicas, no hubo algún llamado o advertencia por parte de las autoridades. Tampoco hubo más información en la mayoría de medios de comunicación.

Grupo Carso responde

Este medio solicitó la postura a la familia Del Valle la cual respondió que todo lo relacionado con Elementia se tendría que gestionar con Grupo Carso.

En tanto, Grupo Carso declaró que asumió el control de Elementia en 2022 y “por lo cual no es posible emitir comentarios sobre supuestos hechos, suponiendo sin conceder que hubieran existido, correspondientes a periodos previos”.

El enlace con medios agregó: “por lo anterior, mucho agradeceré tu atención para evitar vincular a Grupo Carso y a sus accionistas con supuestos hechos en los que, a reserva de probar su veracidad, no se tuvo ingerencia alguna“.

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