Visa, Prosa y el conflicto que llegó a Washington

Uno de los temas centrales durante la 89 Convención Bancaria, celebrada en Cancún, fue el posible tope a las cuotas de intercambio. Por ahora, la discusión se encuentra en pausa, luego de que el Banco de México (Banxico) y la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) abrieran un periodo de consultas para construir consensos entre los distintos participantes del sistema financiero. A ello se suma que el asunto ya es revisado por la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR), a petición de Visa y otras instituciones extranjeras de pagos electrónicos.
En el caso de Visa, el tema adquiere una dimensión adicional. La firma solicitó que las modificaciones a las disposiciones generales aplicables a las redes de medios de pago —planteadas por las autoridades financieras—se lleven a la revisión del T-MEC. Esto ocurre tras la negativa de la nueva Comisión Nacional Antimonopolio (CNA) para autorizar la compra de Prosa.
Si bien Visa no ha detallado formalmente las medidas que tomará frente a la resolución de la CNA, la decisión de escalar el tema de las cuotas de intercambio no parece casual. En el sector se percibe como una posible vía de presión en el proceso de adquisición de Prosa, que se prolongó por más de dos años y que, en su momento, incluso contó con el impulso de la extinta Cofece.
División en Hacienda, Banxico y CNBV
Desde el USTR, encabezado por Jamieson Greer, se ha comentado que la propuesta de imponer un tope a las cuotas de intercambio generó inquietud en Washington. El tema, además, evidenció diferencias entre las autoridades financieras —Hacienda, la CNBV y Banxico—, siendo el banco central el que solicitó más tiempo para alcanzar un consenso.
En la CNBV, la propuesta ha sido impulsada por Lucía Buenrostro, vicepresidenta de Política Regulatoria, considerada una de las funcionarias más firmes dentro del regulador y quien en su momento sonó para encabezar la Comisión.
Por lo pronto, en el sector prevalece la expectativa de que las modificaciones sí avancen, aunque en una versión más descafeinada, actualmente en negociación con la banca.
Año de moderación para la banca
En este contexto de tensiones regulatorias, la banca tampoco escapa a la presión. De acuerdo con Fitch, el sistema financiero mexicano ya entró en una fase de “deterioro” en su perspectiva crediticia, asociada a una normalización desde niveles históricamente altos .
El factor central detrás de este ajuste es la incertidumbre, tanto por la revisión del T-MEC como por el entorno interno de reformas y cambios regulatorios.
Tras años de crecimientos de doble dígito, la cartera bancaria muestra una desaceleración, particularmente en el segmento corporativo, más sensible al ciclo económico y a la inversión, a lo que se suma un entorno de tasas de interés más incierto. Si bien los bancos han logrado amortiguar parcialmente el impacto de los recortes, un escenario de menores tasas tiende a presionar los márgenes financieros.
En el frente interno, las reformas —particularmente la judicial— también pesan en el análisis. Más allá del discurso político, el punto crítico para los bancos es la certidumbre jurídica, especialmente en procesos como la recuperación de garantías.






