CNBV aprieta a Sofipos tras CAME y exige capitalizar el Fondo Prosofipo

La nueva resolución que modifica las disposiciones aplicables a las entidades de ahorro y crédito popular es la respuesta regulatoria a la crisis que dejó el caso CAME, que exhibió las vulnerabilidades que persisten en el sector más de 10 años después de Ficrea y reavivó las dudas sobre la suficiencia del Fondo de Protección de Sociedades Financieras Populares (Prosofipo).
Aunque la resolución, que entró en vigor a inicios de este año, no menciona de forma directa al Fondo que cubre a los clientes de las Sofipos, la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) endureció los criterios de clasificación de cartera, fortaleció las reservas preventivas y elevó la exigencia prudencial para reducir la probabilidad de que otra entidad llegue a un punto de quiebra que obligue a activarlo.
El colapso de CAME, a mediados de 2025, encendió las alertas porque el Fondo Prosofipo no contaba con recursos suficientes para devolver la totalidad de los ahorros. A la fecha, varios de los afectados continúan exigiendo justicia contra los responsables del fraude, sin recuperar un solo peso de lo que perdieron.
Sofipos en riesgo
Si se observa con lupa la radiografía actual de las financieras populares, la preocupación tiene sustento. De 33 Sofipos autorizadas por la CNBV, solo dos (Desarrollo Rural y Sector Social) presentan un estado saludable en sus finanzas; 10 están en estado de precaución y 21 en situación crítica. Es decir, 64% del sector muestra debilidades relevantes en rentabilidad (ROA), morosidad (IMOR) o cobertura.
Hay nombres que llaman la atención. Nu México, la mayor del sector con más de 13 millones de clientes y en proceso para operar como banco en el país, reporta un ROA negativo de -1.37%, aunque mantiene una cobertura superior a 100%. Klar, con 5.8 millones de clientes, muestra un ROA de -6.82% y morosidad de doble dígito. Ambas aparecen en estado crítico bajo estas métricas.
Sin embargo, el riesgo más sensible para el Fondo Prosofipo no necesariamente está en estas entidades, sino en instituciones medianas o pequeñas con cartera deteriorada, baja cobertura y capacidad limitada para recapitalizarse, que además representan la mayoría del sector. En particular, un par de nombres generan especial preocupación en el regulador, aunque una de ellas —según reportes periodísticos recientes— habría evitado la quiebra con apoyo de recursos vinculados al propio Prosofipo.
Pase de charola desde la CNBV
Desde la Vicepresidencia de Supervisión de Banca de Desarrollo y Finanzas Populares de la CNBV, encabezada por Eugenio Laris González, se hizo un “pase de charola” entre las Sofipos para fortalecer el Fondo. El reclamo es que la combinación de la nueva resolución presiona reservas y utilidades, y al mismo tiempo se les exige capitalizar el fondo que quedó debilitado por los malos manejos de una sola institución.
En otras palabras, la autoridad determinó cuánto debe aportar cada entidad para reforzar el Fondo. A más de una, la noticia no le cayó bien.
Para las entidades con respaldo de grandes inversionistas o con escala significativa, el ajuste puede ser absorbible. Del otro lado, para varias instituciones pequeñas que ya operan con IMOR elevado o coberturas bajas, el margen es reducido. Aumentar reservas y aportar más al Fondo al mismo tiempo puede afectar seriamente su estructura financiera.
Esto abre la puerta a un proceso de depuración. Algunas Sofipos podrían buscar alianzas o fusiones; otras optar por salidas ordenadas. El escenario que el regulador busca evitar es que varias enfrenten problemas de manera simultánea y obliguen a utilizar el Fondo en condiciones de insuficiencia.
Después de Ficrea y ahora de CAME, la CNBV volvió a modificar el marco regulatorio con la intención de blindar al sistema antes de que otro caso ponga en entredicho la capacidad de respuesta del Fondo. La gran incógnita es cuántas Sofipos podrán ajustarse al nuevo estándar sin que la presión regulatoria y financiera termine acelerando la depuración del sector.






