ENTREVISTA: El scroll infinito, la educación como antídoto a las “drogas digitales”

ENTREVISTA: El scroll infinito, la educación como antídoto a las “drogas digitales”

Platzi ha invertido años en entender qué hace que una persona deje de aprender. Su CEO dice que, típicamente, es porque no entendió algo, se perdió, y su mente se fue.

En el mundo del scroll infinito, donde las pantallas deciden qué vemos y hasta qué escuchamos, la educación lucha por recuperar lo más escaso en la era digital: la atención. Y Freddy Vega, CEO de Platzi, lo dice de tajo: “Tenemos que evitar que una generación se pierda”.

Para el cofundador de la plataforma, los enemigos son claros: las “drogas digitales”, plataformas como TikTok e Instagram —que no distinguen edad ni clase social y mantienen a millones de personas atrapadas en el mismo timeline—, y una Inteligencia Artificial (IA) que, al automatizarlo todo, hace cada vez más fácil no pensar.

La IA es muy preocupante, porque por primera vez tenemos una máquina que hace fácil no necesitar pensar. Todas las otras máquinas que hemos creado para facilitar el proceso humano nos pueden dañar ciertas habilidades, pero nos generan otras

dice en entrevista con EL CEO.

Vega recuerda que cuando se crearon las máquinas se perdieron habilidades del trabajo manual, pero con ellas, la humanidad construyó la industrialización. Cuando se inventó la calculadora, le dio a la humanidad los grandes modelos de lenguaje, estadística y avances en las matemáticas. Pero el CEO de Platzi advierte que la inteligencia artificial no es como una calculadora.


EL CEO la revista Enero

“Las drogas digitales que nosotros usamos hoy en día, TikTok, Instagram, etcétera, son como las drogas de toda la vida, no respetan tu edad, condición social, nada. Una persona de 65 años o de 15 años está pegada al mismo algoritmo y dándole scroll al mismo timeline y gastándose la misma hora y media, tratando de sobrevivir y no hacer nada”.

Freddy Vega, CEO de Platzi

IA: ¿Villano o un antihéroe?

El problema, explica Vega, no es que la IA exista, sino cómo la usamos. Y donde el mayor riesgo es tener una generación que delega su razonamiento y donde –tarde o temprano– el solo copiar y pegar la información generada por estas plataformas terminará por desaparecer diversas actividades humanas.

Las empresas no son tontas, indica el CEO de Platzi; aunque muchas veces tienen una estructura burocrática, terminarán por afinar sus modelos de inteligencia artificial, y aquellas personas que no se adaptaron y solo confiaron en el “copy-paste” terminarán por perder sus trabajos. Y en esa hendija, la educación tiene un rol clave.

Me da esperanza el uso correcto de la inteligencia artificial. Eventualmente nos vamos a dar cuenta de que lo que hay que hacer es llevar nuestra mente humana al máximo, y cuando nos enfrentamos con una pared, ahí usamos la IA: nos remueve la pared y luego volvemos a llevar nuestra mente humana al máximo

añade.

Por lo tanto, el objetivo de esta tecnología debe ser remover los obstáculos para ir más allá, y no reemplazar la capacidad de las personas de pensar. Aunque reconoce que ve pocas señales que guíen esta tendencia hacia ese camino.

“Mi preocupación es que, en el diseño de la cultura humana  actual, eso es una elección, no es un diseño de la sociedad, no es el diseño de nuestras escuelas, no es el diseño de nuestros empleos. Va a pasar, pero a mí me da un poco de tristeza que, en lo que sucede (en 2, 5 o 10 años), se cree una generación perdida… que ojalá no se pierda”.

Una batalla contra el scroll

Platzi nació en 2014 con un sueño que para muchos podría parecer audaz: convertir a Latinoamérica en una potencia tecnológica. A casi una década de distancia, su cofundador sigue albergando el mismo sueño, pero ahora con una infraestructura robusta, millones de usuarios y la estrategia para vencer a las “drogas digitales” y su scroll infinito.

El origen del nombre de la empresa revela un poco de su plan: en alemán, la palabra “platz” significa “lugar” o “espacio”; mientras que la “i” del final hace referencia a la herramienta con la que busca cambiar todo: el internet.

Desde su creación, la plataforma se ha convertido en un referente en la formación de habilidades digitales. En la actualidad, supera los cinco millones de estudiantes activos en más de 140 países; además, más de 4,000 empresas de todo el mundo utilizan la plataforma como beneficio de capacitación a sus empleados.

Siempre hemos tratado de entender cuál es el estado del arte de la tecnología y llevarlo a la mayor cantidad de personas posible para la productividad

afirma Freddy Vega.

Desde sus inicios, la plataforma atrajo el interés de inversionistas. Levantó su primera ronda de capital por 2.1 millones de dólares con el respaldo de fondos como Omidyar Network y 500 Startups. Cuatro años más tarde, en 2018, cerró una Serie A por 6.1 millones de dólares, liderada por Foundation Capital, que permitió financiar su expansión a España y Brasil, además de reforzar su oferta de cursos avanzados.

En diciembre de 2021, Platzi anunció una Serie B de 62 millones de dólares, liderada por Prosus Ventures, una de las firmas de capital más activas en el mundo de la tecnología y educación.

Una estrategia contra el olvido

Platzi ha invertido años en entender qué hace que una persona deje de aprender. Su CEO dice que, típicamente, es porque no entendió algo, se perdió, y su mente se fue. Con base en eso, han rediseñado la experiencia educativa: miden la retención, el nivel de enganche, los cursos completados, etcétera.

“Nosotros combinamos una educación en salud mental y habilidades blandas de liderazgo, junto con técnicas y fundamentos”, advierte Vega, una estrategia que aprendieron a desarrollar sobre la marcha, para adaptar su modelo de negocio a las necesidades de las personas y las empresas.

El CEO recuerda que cuando Platzi arrancó, la idea era mucho más simple: aprende y consigue rápidamente un trabajo en tecnología. Sin embargo, con el tiempo se dieron cuenta de que mucha gente no hablaba inglés y que esa habilidad podría incrementar su salario un 50%.

“Entonces les enseñamos inglés. Y luego nos dimos cuenta de que saben programar y probablemente están hablando inglés. Pero nunca tuvieron la experiencia de trabajar en un entorno donde, por ejemplo, la gente que crece en clase media alta sí la tiene: cómo hablarle a un jefe, negociar, saber cómo venderse”.

La plataforma ofrece cursos en español, inglés y portugués, impartidos por expertos y profesionales destacados —entre ellos Sam Altman, Kevin Hale y Rand Fishkin— y mantiene una tasa de finalización del 70 % en sus cursos, muy por encima del promedio de la industria.

La educación para romper brechas

Mucho del optimismo que alberga Freddy Vega para el futuro del mundo y su empresa, parte de la creencia de que el ser humano seguirá siendo el motor de la nueva civilización, donde la necesidad de una educación disruptiva será mayor.

Durante años, Platzi enfocó sus esfuerzos en jóvenes de entre 18 y 35 años. Pero en los últimos dos años replantearon su estrategia: se sentaron uno a uno con los CEO de empresas como Bimbo, Ternium, Cemex o Grupo Alfa, y descubrieron que detrás de cada gran corporativo hay miles de empleados con hambre de crecimiento que nunca habían tenido una oportunidad real de aprender.

Así, rediseñaron el producto para trabajadores entre 30 y 50 años, personas que ya tienen un empleo, y que por primera vez, encuentran en Platzi una herramienta para evolucionar en el entorno digital. Y los resultados son tangibles: plantas automatizadas, bancos que retienen talento enseñando inglés, aseguradoras que rediseñan sus procesos con IA.

Esas historias, finaliza Vega, son las que generan un impacto en cascada: “Cuando una persona mejora su calidad de vida, mejora también la de su familia, y ese es el verdadero ciclo que rompe la pobreza”. Porque al final, insiste, si logramos que las grandes empresas crezcan apenas un 2%, el desempleo cae. Y con él, cambia el futuro de toda una región.

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