28 de octubre 2018 | 5:00 am

En 2015, José María Riobóo presentó al entonces líder de Morena, Andrés Manuel López Obrador, una alternativa al nuevo aeropuerto de Texcoco impulsado en el sexenio de Enrique Peña Nieto: ampliar la base militar de Santa Lucía.

El ingeniero sembró la duda sobre la continuidad de la obra, que tres años después -y ya siendo presidente electo- se volvería una especie de obsesión en el tabasqueño.  

López Obrador le dio una confianza ciega al plan maestro elaborado por su contratista más cercano, mismo que se encargó de construcciones como el segundo piso del Periférico y el Metrobús en su sexenio como jefe de gobierno capitalino.

“En la opción que la gente decida Texcoco o Santa Lucía-Benito Juárez, yo no intervendré en la realización de ninguno de los dos aeropuertos. Mi participación en esta discusión ha sido con el único fin de cuidar los limitados recursos públicos con que cuenta el país”, escribió hace poco Riobóo en un artículo del diario El Universal, en el que justificaba su papel en el proyecto.

Es así que el ingeniero que sembró la duda en el tabasqueño tres años atrás, aparentemente anunciaba su retiro del proyecto, dejando a López Obrador una obsesión que podría significar el riesgo de la primera caída aún sin asumir el cargo.

La insistencia del ingeniero

José María Riobóo es la persona más insistente para que Santa Lucía sea la opción viable para resolver el problema de saturación del actual aeropuerto Benito Juárez.

Entre sus razones se encuentran la practicidad de seguir usando el actual aeropuerto, cuya segunda terminal tiene una década de existencia; además de la reducción en tiempos de construcción, ya que menciona las remodelaciones en Santa Lucía tomarían tres años.

En cifras dadas por el ingeniero, el Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM) tendrá un costo de 300,000 millones de pesos, mientras que la opción que él propone podría costar sólo 70,000 millones, es decir, un 76% menos.  

“Yo pienso hoy en día, con la tecnología que hay, con los radares vía satélite que hay, yo lo he visto, los aviones no pueden chocar, automáticamente se repelen”, dijo el ingeniero en un programa de televisión, comentario que le mereció un sin fin de críticas.

Contrario a lo anterior, el vicepresidente del Colegio de Pilotos de México, Santiago López Cadena, pone énfasis en un punto clave de la discusión: no se necesita una pista adicional, se necesita un nuevo aeropuerto.

López Cadena explica a EL CEO que el problema de saturación no es porque no haya suficiente espacio en tierra, sino que tampoco lo hay en aire.

El también piloto menciona que los tres años que manejan en el plan maestro de Santa Lucía no podrán cubrir los cambios orográficos que se necesitan.

El experto dice que las condiciones en que operan los aviones militares de Santa Lucía son completamente diferentes, en sus pistas no existe el aterrizaje por instrumentos, y para que pudiera tener Santa Lucía esas condiciones se necesitaría de mucha infraestructura y estudios orográficos.

El paso capitalino de Riobóo

Una investigación de Verificado MX encontró documentación del gobierno capitalino en la que se muestra que la compañía de Riobóo recibió, entre 2002 y 2005, cuatro adjudicaciones directas por un monto de 171 millones de pesos, dos de ellas cuando López Obrador ya había dejado el cargo de jefe de Gobierno.

Estos contratos fueron para la construcción de Viaducto, el Segundo Piso del Periférico, entre otras obras. Las cuatro adjudicaciones fueron otorgadas a través del Fideicomiso para el Mejoramiento de las Vías de Comunicación del Distrito Federal (FIMEVIC).

La primera adjudicación directa, y la más grande, fue otorgada a Rioboó SA de CV en febrero de 2002 por un total de 161 millones 923 mil pesos, esta contempló un proyecto vial y estudios de impacto ambiental urbano en la Ciudad de México.

Dicha adjudicación más tarde fue impugnada por los exasambleístas del PAN, Jacobo Bonilla, Walter Widmer y Ernesto Herrera ante la contraloría capitalina, misma que más tarde desestimó el recurso.   

La segunda adjudicación directa se dio en 2005 por 933,833 pesos por la “dirección responsable de obra”, otra en 2005 por 8 millones 28,000 pesos para estudios y proyectos sobre los deprimidos de Tacubaya, Observatorio, Constituyentes, Acueducto Lomas y Prado Sur. Y la última de ellas en el mismo año por 934,000 pesos.

Con AMLO no terminó la relación

Los contratos con el ingeniero no terminaron en la era de López Obrador. Durante la gestión del jefe de gobierno, Marcelo Ebrard, Grupo Riobóo obtuvo al menos cinco más.

La conexión Luis Cabrera con Periférico norte, la ampliación de la línea 1 del Metrobús , la Supervía Poniente y las actualizaciones de periférico oriente y del proyecto vial de Constituyentes- Reforma-Palmas y la primera fase de las Ecobici.

Ebrard otorgó también a Riobóo un predio de 14,924 metros cuadrados para desarrollar el nuevo campus de la Universidad Westhill, en la zona de Santa Fe, al poniente de la Ciudad de México.

En 2006, el entonces edil de Macuspana y hermano del presidente electo, José Ramiro López Obrador, le dio a Riobóo el proyecto Macuspana XXI para el que se le otorgó un presupuesto de 120 millones de pesos.

Con respecto al presupuesto

López Cadena menciona que al contarse únicamente con un plan maestro de desarrollo “someramente hecho” de la modificación de la base de Santa Lucía, no se están considerando los costos en los que se incurriría por cancelar Texcoco.

El presidente electo declaró que la cancelación de Texcoco tendría un costo de 100,000 millones de pesos, mismos que se ahorrarían en la construcción de Santa Lucía. Sin embargo, un análisis de BBVA Bancomer enviado a inversionistas señaló que el costo de cancelar el proyecto sería de hasta 200,000 millones.

Ante la expectativa que ha generado el tema del aeropuerto, la confianza que depositó López Obrador en el proyecto que Riobóo le planteó hace tres años cobra importancia en lo que podría ser el primer gran obstáculo del futuro gobierno.